Sólo he traido tu voz
Sólo he traído tu voz a este largo silencio y en el regazo de su eco he dejado un verso, corto, conciso, que habla de ti, una caricia que sin tocarte te desea.
Sólo he traído tu voz a este largo silencio y en el regazo de su eco he dejado un verso, corto, conciso, que habla de ti, una caricia que sin tocarte te desea.
De las pequeños rencores, ¡que migajas deja la victoria!
Viuda que entraba a ser monja. (R.A.E.)
Colores 1
Desoye mis palabras,
todas llevan escondido un recuerdo.
Del derramado oro
vendrán tus sueños,
y aunque tendrás parte del camino hecho
nada de lo que piensas conseguir te será fácil
y el valor de tus pasos,
los que la noche reconoce como tuyos,
será algo apenas perceptible por el tiempo.
Atente pues a la soledad del oro.
* © fotografía 2007 Miguel Angel Latorre
Hemos dejado llegar la mañana con el ronco sabor a nicotina del silencio y el desorden de los vasos vacíos. El alba trae un rumor de aves que se alejan hacía el sur, las miramos en su adiós majestuoso y un poco de nosotros se aleja en sus alas. Carentes de sueño, miramos el mar, tranquilo, sedoso, la playa apenas resguarda un par de sombras y los restos de una hoguera. Si ahora te acaricio resulta difícil comprender por qué, no hemos hablado en las dos últimas horas y en tus ojos sólo se contempla el reflejo quebradizo del horizonte, sé que entre mis manos y las tuyas hay un desierto de mentiras pero también hay una cadena que entrelaza lo poco que nos reserva la ternura.
No sé si Neruda cuando sintió desbordarse el crepúsculo sobre el vestido de su amada como un racimo de uvas encendidas, se dejó arrastrar por el deseo para ver despertarse en su cuerpo un pueblo escondido. No sé si pudo imaginar el silencio que enterrado en su vestido oscuro se hacía eco de un día moribundo. Pero Neruda si vio arribar ese pueblo a la noche con las raíces prendidas a los sueños, y por eso lo nombró de su mundo, revestido por un azul pálido, para que el mar lo pudiera reconocer como suyo.
Demorado.
El sueño es un pretexto
de la huida.
Tu cuerpo y el suyo,
enfrentados, casi uno,
tan cerca,
tan lejos.
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En las estancias
donde inauguraste
la felicidad
apenas queda nada,
dos o tres guirnaldas
colgando al viento.
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Horizonte de soledad,
tus dedos saben dibujar estrellas
un río interminable
sacia tus deseos.
Las sábanas humedecidas
te recogen en un silencioso gemido
y la noche se perfuma
con tu oloroso almizcle.
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Te derrumbas,
y en la noche árida
sólo tus lágrimas
quebrantan el silencio.
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Del abandono,
la ausencia es su melodía.
Tu cuerpo sigue siendo piel,
renovada y sola
tendrás en el fuego
la noche en tus manos
y un sinfín de versos
humedeciendo tu alma.
(Estas palabras han salido todas engarzadas como las cerezas).
Abrí la ventana ante el amanecer, la calle estremecida se dejaba llevar en la brisa al ritmo entregado y sinuoso de los álamos. Un ligero escalofrío recorrió mi cuerpo, el silencio agazapado me desnudó con su mirada y un deseo inusitado se agigantó en mi, el de hacer de ese momento un segundo eterno.
De Odiseas Elitis: ADAGIO de su libro "Orientaciones"
Ven a que disputemos juntos desde el sueño la indolente almohada que navega en la vecina luna. Cabezas sin tempestades y las dos juntas balanceantes deslizándose para llenar la playa con algas y estrellas. Porque mucho habremos vivido entre lágrimas el centelleo y amaremos la justa calma.
¡Ángeles si no son los ángeles con depravados violines para orear los espacios de una noche con eólicas luces y almas campanas! Que flautas paseen en el aire livianos deseos, levemente inclinados. Besos atormentados o besos perlas en remos acuáticos. Y más profundamente en las encendidas grosellas, poco a poco los pianos de la rubia voz, las medusas que nos mantendrán el viaje convenientemente lento. Tierras firmes con pocos, con pensados árboles.
¡Oh! ven a que juntos fundemos los sueños, ven a que juntos demos la calma. No estará ya en el solitario cielo salvo el corazón que se empapa de amargura salvo el corazón que se empapa de hechizo, no estará salvo el corazón que pertenece a nuestro propio cielo solitario.
Ven a mi hombro a soñar porque eres una mujer bella. Oh eres una mujer bella. Oh eres bella. Bella.
Ya sé que esta noche estoy solo, pero no pienses que va a ser fácil convencerme, tú sigues teniendo la llave de tu cuarto pero yo tengo la de un sueño.
Soledades6
No hay rencores tan largos que nos hagan desear el vértigo de la soledad,
ni nuestro cuerpo es un desierto abandonado al devenir de un sueño.
Todos amamos los besos húmedos que nos da el azar
aunque a veces ese réquiem que suena en el eco de la tarde
acompañe nuestro corazón con su guirnalda negra
y la fragancia inolvidable de un amor marchito.
* © fotografía 2007 Miguel Angel Latorre
¡Que sombra deja el ejercicio del amor! Húmeda y ensimismada, casi exhausta, se descompone entre el rocío, oloroso festival de océanos profundos, ese sudor de amantes - tan distinto al que produce el miedo o el trabajo - y el revuelto desorden de las sábanas, con sus huellas enmarañadas y su eco de dulces gemidos. Después el baño los acoge, el agua arrastra los sabores dejados por los labios y el almizcle que todavía corre por los muslos. El deseo calmado en la felpa de las toallas se abandona y una parte de ellos se va consumiendo lentamente.
A veces me pregunto por qué nunca hablo de rascacielos siendo que vivo en un octavo piso con azotea y veo hacía abajo el mundo muy pequeño. Tal vez no tenga el ritmo preciso de palabras para abandonarme a la sutileza de lo diminuto. No poseo el poder simbólico del diccionario de las calles; es un esfuerzo observar con pasión el centro de una avenida, ver pasar a la humanidad renqueante de ilusiones como náufragos de un barco sin capitán y dejarse arrastrar por la carcoma y los óxidos, todos los que envuelven el derramado tumulto de la urbe. Ahora desearía poder encender un fuego nocturno, allí tú y yo y algunos amigos dejaríamos las caricias de la palabra fluir en el rojo incandescente de la hoguera, con los deseos y los sueños olvidados navegando en la brisa con el humo y volver a ser de nuevo cenizas de una noche, algo para recordar con agrado el resto de los días.
Si he de decirte algo, quiero que sea hermoso, algo que deje sorprendida tu mirada, que no valores más este encuentro en esa balanza donde cada noche intentas no ser moneda fácil. Bebamos sorbo a sorbo el largo trago, oigamos la música que en el fondo nos halaga y nos separa del resto de la gente. Déjame ser tierno, acariciar tu mano, darte un beso, acaso con los gintonics sea lo único que tu boca y la mía puedan probar juntos.
Un rencor de pisoteadas rosas sigue enojando la noche.
Mañana volveremos a sembrar el trigo en la soledad de cada uno.
En vista de algunas impertinencias respecto a Miguel Serrano pongo mi granito de arena y dejo espacio para sus poemas del libro "La sección rítmica"
BILLIE HOLIDAY
La pésima cantante puta
Negocia sus sesiones sin beneficios
(Sólo trabajo)
Mientras la cantante bella aúlla
Y tu madre cocina para los mulatos ricos,
Para los proxenetas de la calle cuarenta y dos.
Escúchate: estás sola
Y nadie del futuro regresará en tu ayuda.
Mañana conserva toda una cama para ti
Las sábanas quebradas te sostienen el pulso
La policía espera tras la puerta para morderte las venas.
El hospital hiede.
Nadie te quiere
Ni te ha querido nunca.
Puedes tumbarte ya, ahora,
Germina el momento de los huérfanos.
TETE MONTOLIU
Alguien apagó la luz y todo marcha de mal en peor,
De blanco en blanco.
LOUIS ARMSTRONG
Detrás de esta sonrisa no hay nada.
Mi abuelo recogía algodón,
Mi madre fue puta,
También yo.
DEXTER GORDON
Desiderio
Siempre triste y nunca serio.
Ya me habéis sepultado tres veces.
Me ahoga el renacer.
Tengo sed.
(Señalando un nicho): Ponme una de lo mismo.
En el transcurso de la tarde el día se hace largo. El estío siembra el día de tardes interminables y uno crece al ritmo de las cosas, poco a poco, como las sombras que el sol va germinando en un muro. Puede ser todo tan sencillo, tener las manos vacías y en sus surcos arremolinarse las caricias, y allí otorgárselas a un gato, a un perro, a un niño, quizás al amor inesperado, tal vez al de toda tu vida, y en los silencios que nacen escribir palabras. Quebradas y onduladas, deshacen la placidez de agua y retornan con su eco a las manos, como si el mensaje fuera para ti mismo, pero tú siguieras preguntándolo al viento. Aún así, debajo de un gran níspero, la tarde se hace larga y el viento te trae canciones y murmullos, que siempre te estremecen y deseas dar un abrazo, una caricia a un gato, a un perro, a un niño, a un amor inesperado, al amor de toda tu vida.
Debo recordar que de tu boca sólo he recibido el largo placer de su sabor a cereza, roja y enigmática sensación de dolor. Todo lo que el silencio arrastró con tus manos no lo pudiste deshacer con tu ausencia, el color de tu cuerpo entregado al amanecer; el escalofrío contenido cuando tus labios hablaban lentamente a mi piel; la ternura, música de tus dedos y los míos jugando en el rompeolas de las emociones compartidas. Es ahora cuando el calor de la noche me atrapa en sus sentidos olvidos, cuando tu fragancia deshecha por el viento es un río caudaloso recorriendo mi cuarto.
En los dedos del viento el incendio se esparce, el sueño de la noche es ahora un grito, un diamante azulado en tu boca de nácar. El ritmo de tu voz marca las horas al despertar en la luna el silencio dormido. Llora un niño, ladra un perro, alguien se asoma y sisea en el eco pero mi corazón se ha ido detrás de tu sombra y tu gemido.