Sólo el silencio
Sólo el silencio, roto instante por la suave caída de las flores sobre el verde terciopelo del trébol, y el pájaro brillante iluminando el eco con el rumor de su canto enamorado. Así se hacen en mi jardín el paso de las horas.
Sólo el silencio, roto instante por la suave caída de las flores sobre el verde terciopelo del trébol, y el pájaro brillante iluminando el eco con el rumor de su canto enamorado. Así se hacen en mi jardín el paso de las horas.
Busco entre las alamedas la sombra que te guarda, el pequeño rincón donde reposas, ahora, en la media tarde del estío, mientras miras en tu silencio de bosque el largo manto del río y piensas, seguro, en lanzar a sus entrañas tantas piedras como deseos ocultos has perdido. Al final no te encuentro, pero sé que no estás lejos, el río lleva en su desnudo eco las ondas tristes de tu desilusión.
Nada hay en nosotros que nos haga héroes, ni aunque sólo sea por el largo intervalo del invierno y el azote continuo de sus noches. Al volver el alba, no somos más que éramos, ni se nos cubre el sudor con el goce del oro, apenas algún nuevo amago de tristeza o el nacimiento de una nueva cana.
Hora de la noche en que se suelen recoger las gentes a dormir. (R.A.E.)
Antonio Pérez Morte nació en 1960 en Zuera (Zaragoza). Poeta autodidacta, ha publicado cinco poemarios y ha sido incluido en más de una veintena de antologías y libros colectivos, entre ellos Vento / Viento -Antología de poesía Ibérica- (Editorial Celya, Salamanca, 2004). Ha colaborado en numerosas publicaciones: Rolde, Trébede, Siete de Aragón, Qriterio aragonés, Heraldo de Aragón, El periódico, La Expedición, Poesía por Ejemplo, Cuadernos del Matemático, El grito, Almiar, Mil y una historias...
Además es biógrafo de Odón de Buen y del Cos, el hombre que inventó la oceanografía en España y que era de su pueblo.
Además de ser una magnífica persona y una gran mantenedor de las relaciones entre quienes escribimos en los blogs, intenta con entusiasmo divulgar la poesía a los cuatro vientos.
Poemas:
CIERZO
con él encendimos los recuerdos:
Los recuerdos encendidos que siempre ardieron.
Charlamos al amor del fuego, del fuego del amor.
Luego llegó el día:
El cierzo arrastró las cenizas,
Borró las huellas del incendio.
(Vento / Viento -Antología de la Poesía Ibérica- Celya, Salamanca, 2004)
NÓMINA POÉTICA ARAGONESA
Para mis amigos poetas
Tomaré de Seral el amor a la palabra,
de Pinillos pasión, fortaleza y constancia.
La humildad, la intuición de Lucianico Gracia,
para cantar cada día con su voz asombrada.
La verdad de Ildefonso, sus dudas más largas.
La soledad de Guillermo, siempre solidaria.
Con Miguel me hundiré en sus preguntas eternas,
cuando huya con "sumido" a una isla desierta.
De Luesma, la luz, la sed... la tristeza
de cantar Aragón, Sinfonía Incompleta.
De Labordeta la rabia y también la ternura
de quien canta por amor y por amor denuncia.
De Julio Antonio el amor, amores de leyenda,
de Navales elegancia y de Ferreró belleza.
La rebeldía de Guinda, su palabra desnuda.
De Rosendo, paisajes, reflexiones y fábulas.
La experiencia de Alegre, el misterio de Prat.
La memoria de Rodríguez, la artesanía de Trisán.
La nitidez de Vallés, la construcción de Esquillor,
la utopía entrañable de Emilio Gastón.
La rotundidad de Petisme, la sencillez de Teresa,
el compromiso de Rey y la esperanza de Serna.
De Ciordia ironía, transparencia de Blancas.
La hondura de Vilas y la amargura de Salas.
La fuerza de Andú, de Saldaña su magia.
La melancolía de Antón, de Alcubierre nostalgia.
De Lasala, sin duda, las confesiones más tiernas
y también la emoción y la inquietud de Sopeña.
Soledades 5
Dejo en tu cuerpo el poso paulatino de mi soledad.
Como si de un racimo de uvas dulces se tratara,
paladeas en tu boca mi silencio
y el gusto del deseo consumado
te hace esperarme una vez más.
Así, acabas por dejarte arrastrar,
entretenida en el sabor
y en esa última avidez
que te condena.
La noche es un periplo
que nos deja el latido de su sombra,
pero llega la canción a su final
y el alba, para nuestra desgracia,
siempre se olvidó de nosotros.
© fotografía 2007 Miguel Angel Latorre
Entre tú y yo nunca ha habido engaños, sólo deserciones.
Desde aquí puedo darte la música del viento, esforzada sábara de sueños que de mis labios llega a tus oídos sabios. Puedo darte una encendida palabra que se deshaga con el fuego ante ti, ante tus manos, e ilumine la noche en el instante de su fugaz vida. Desde aquí, el rincón de los olvidos donde habito, puedo darte una mirada, una mirada ardiente que te traiga el color del infinito y te entregue el azar que hace que tú y yo miremos juntos y en silencio el dolor de la noche.
Pronuncia Lisboa sin separar
tu boca de la mía,
cómete las vocales tremolantes de mi lengua,
cómete mi vida yacente en sus colinas,
yo deshojaré sus horas atravesando
los puentes hasta ti
y lloveré sin pudor hasta cubrir las calles
con tu búsqueda.
Muero de amor como Lisboa
muere de esplendor en sus plazas,
ardo por dentro
porque deseo arder con tu cuerpo de caracola
entre despojos de memoria
a la sombra de jacarandas en flor.
Lisboa es un incendio de llamas negras
pero sueño que deletrees la plegaria
de un suspiro
y que bebas mis lágrimas
como elixir de tu victoria.
Yo besaré los promontorios y las esquinas,
amaré los imposibles azulejos
y los laberintos floreados de su primavera,
sentiré que has llegado
en las notas blancas de aquel violín
sobre el Tajo,
gaviotas coronando la osadía de su ocaso,
y un piano de pronto,
con punteos de torero salpicando los tejados
inmortales, bajando a besar el mar
que quiere hacerse vivo
pero no puede.
Sólo tu boca de habanera,
sólo tu luz inflamada de rosas y liláceas,
sólo tus olas y tus derramadas crestas de espuma merecen la quimera de Lisboa.
© Magdalena Lasala
Del libro "Todas las copas me conducen a tu boca" (Huerga&Fierro, 2000)
La ilustración es de Chema Lera © que la realizó para la selección de poemas publicados en El Cronista de la Red
Me urge del deseo la conmoción, el aroma que la marea arrastra.
Parte vedada de un monte. (R.A.E.)
Apenas nos cabe más lluvia en nuestras manos y un silencio de estrellas inunda la noche. Nos queda oír el palpitar de la marea y en sus olas blancas dejarnos atrapar por el abandono, como si de este mar pudiéramos llevarnos todavía un sueño.
No sé si en el ardiente bullicio de la juventud encuentro más la frescura de tus emociones o el largo y sentido quehacer de todo lo que enhebras. Será como tu pelo, que en su extraño deleite, sigue siendo del color de la cerveza, o este mirar oscuro de tus ojos en que herida, la soledad, también hizo de ti un lugar donde habitar y reencontrarse.
Recorro las estancias de la noche
bajo la mirada silenciosa de la luna.
Desplazado el tiempo por tu mano,
remites el verso al rincón
donde crepita el fuego
y arden las palabras
como sarmientos
cargados de susurros.
Toda la noche se hunde en los sueños
y en el rincón donde el alba nos aguarda.
Pero tu cuerpo y el mío
se buscan en el roce de la piel,
como las olas besan las húmedas arenas
y como las horas siguen su eterno camino hacia el olvido.
©2007 fotografía Miguel Angel Latorre
Comblezo : Persona amancebada con hombre o mujer casados. (R.A.E.)
Combluezo : Enemigo, contrario, rival en amores. (R.A.E.)
Demorado en los dulces halagos que en el aire dejan las flores de la noche, así, así ha de recogerme la soledad, junto al fuego de cenizas y ardientes brasas, donde nada es tan sencillo como parece, pero que agradable es sentir el calor enrojecido de los sueños, y el eco de un humo errante, que atraviesa lejanos y recónditos paisajes buscando el amor y los recuerdos. Este poema lo he hecho pensando en Marta, mi amiga Nómada y poeta, que le han dado el Premio Victoria Kent por su libro "La Victoria del Heno", gracias por estar ahí.
Carlos Manzano y Magda Díaz, editores de NARRATIVAS, revista de narrativa contemporánea en castellano, nos anuncian que ya está en línea el número 6. La revista puede descargarse en la siguiente dirección:
http://www.revistanarrativas.com/
Este número consta de los siguientes contenidos:
- Ensayo: . Algunos seres fabulosos y mitológicos en Don Quijote: un acercamiento simbológico, por Víctor Coral . Bécquer, el hombre a través de sus rimas, por María Dubón . Onetti refunda Santa María: cuando ya no importe, por Daniel Orizaga
- Relato:
. La intención del autor, por Andrés Neuman
. Mujer en tren, por Miguel Barrero
. El ajuste, por Luis Calle
. Es que verá que me duele la mano, por Omar Piña
. Liturgia de la sombra, por Lilian Elphick L.
. Un cadáver sobre la cama, por Pablo Lores Kanto
. Nunca aprendí a escribir, por Graciela Barrera
. La muerta, por Pablo Giordano
. El espejo, por Gabriel Amador
. Crepúsculo del samurai, despertar del yo, por Pedro Escudero
. La pastelería de Juliana, por Angélica Morales
. Lo que pasa, por Miguel Carcasona
. Y no poder tocarla..., por Nerea Marco
. ReusNaif, por Sergio Manganelli
. Realidad y ficción del narrador (diario de la que escribe), por Dulce María González
. Fatalidad de los espejos de la lluvia, por Sergio Borao Llop
. Con el rostro de Bogart, por Jorge Gómez Jiménez
. Mi habitación privada, por Carlos Manzano
. El compromiso, por Rosa de Lera
. La apostada, por Julio Blanco García
. Un hombre en la luna, por Amelie Olaiz
. Flores, señor..., por Matías Candeira
. En aquel entonces, por Moisés Sandoval Calderón
- Narradores Manuel Vilas
- En otras lenguas ¿Qué pez es éste?, por C.M. Mayo (Traduc. Agustín Cadena)
- Entrevista Ignacio Echevarría, crítico literario y editor proletario, por Blanca Vázquez
- Reseñas; . "Doña Jimena" de Magdalena Lasala, por Francisco Carrasquer Launed
. "88 Mill Lane" de Juan Jacinto Muñoz Rengel, por Quique Bermúdez
. "Todas las almas" de Javier Marías, por Cristina Núñez Pereira
. "Essencial" de Harold Pinter, por Juan Pablo Fuentes
. "Sin destino" de Imre Kertész, por Magda Díaz y Morales .
"El señor de los jardines negros" de André-Marcel Adamek, por Enrique Martín
. "La fortuna de Matilda Turpin" de Álvaro Pombo, por José María Ariño Colás
- Miradas . Sybille Bedford: una vida libre, una mujer libre; una mujer de letras, por María Aixa Sanz
. Apología de la gordura, por Agustín Cadena
- Novedades editoriales
- Noticias
Soledades 4
Renacerán las nubes para enhebrar a ellas las palabras,
el aliento de un sueño que haga desvanecer el miedo,
y poder ser lluvia futura o acaso sólo
alcanzar un paisaje de olvidos donde guarecerse
en las tardes en que acometa de nuevo
el deseo de volver a habitar el mar.
© 2007 fotografía Miguel Angel Latorre
Gavilla de pícaros o gente perdida. Sentina, lodazal. (R.A.E.)
En las ausencias de las pequeñas cosas el dolor es manso, sutil, opaco. Su bullicio nos hace pensar, sentirnos extraños e indecisos ante su falta y ante los caminos que nos llevaban a ellas a diario, sin pretensiones, se vuelven insólitas preguntas. Echamos de menos un vaso donde bebemos agua, una cucharilla que nos removía el café, la jarra que trajimos en un viaje, el pequeño flexo azulado del cuarto de estudiar, la almohada que sabe de nosotros o ese cojín mullido donde dormían las siestas nuestros sueños. Aprendemos con el tiempo que la vida también nos depara el milagro de lo cotidiano.