Cepita
Especie de ágata formada de conchas o capas concéntricas como una cebolla. (R.A.E.)
Especie de ágata formada de conchas o capas concéntricas como una cebolla. (R.A.E.)
No se han de oír más sus palabras, los borrachos quedan varados en los rincones, como la ropa vieja, en el ovillo de sus vómitos. La noche no deja por eso de ser fría, muy fría para ser todavía octubre. Hemos abandonado la música y los farolillos para poder, rodeados de murmullos, fumar los últimos canutos y beber la cerveza tibia, nadie diría que es la fiesta grande, tanta soledad y el olor a urinario improvisado deja entre nosotros la impresión del desconcierto. Ellas sonríen y en sus miradas hay selvas donde es fácil perderse entregados a sus bocas. Dejaremos en su piel desnuda la savia y el sudor que hemos traído de la ciudad, el verso silencioso de nuestro deseo.
De mi amigo Rafael Lobarte este poema
Madrugada (febrero 1988)
Entre una y otra antorcha,
rojo de amanecer, negro de ocaso,
el río se desliza
por un cielo aterido
que la luna ahonda.
Del holocausto vivamente se alzan
los restos de la víctima.
La aurora los dispersa
por el aire varado
sobre las aguas turbias.
Y la noche se torna
a la hondura del sueño,
en su lenta agonía
de miembros consumados.
Entre una y otra antorcha
se desliza el río
quieto de amanecer, frío de ocaso.
Bajo el manto enhebrado de los astros la noche calla. Escucha el susurro que en el hueco del viento se hace eco. Tú sabes más de las caricias que esconde la piel y del sabor humedecido del deseo. Cantas con la voz desgarrada de la pasión, abriendo a la luz y a la penumbra nuestro armonioso silencio.
Manta hecha de gran número de piececitas de paño o tela de diversos colores. Manta grosera con que antiguamente se cubrían las máquinas militares. Obra literaria en verso o prosa, compuesta enteramente, o en la mayor parte, de sentencias y expresiones ajenas. (R.A.E.)
Miguel Angel Latorre me envió hace unos días esta magnífica foto de la marcha de las grullas desde Gallocanta. Es una despedida, pero también una hermosa esperanza de regreso. Al verla, recordé inmediatamente un poema que le dediqué allá por el verano a Teresa, nuestra Teresa de Zaragoza mon amour, cuando volvía a casa, a Zaragoza de nuevo. Así que ahora los pongo aquí pegados, foto y poema.
© fotografía 2007 Miguel Angel Latorre.
Casi nos hemos dejado deshacer por la aurora. Nuestros cuerpos apenas han dejado un pulso de reposo. No es sólo el amor la pauta, el ritmo, la cadencia que une la piel y el sentimiento, hay un sinfín de emociones compartidas que ni el tiempo sabe descifrar. Pero el sol extiende sus brazos y el día merodea nuestro cuarto: volvemos a ser dos.
Pasta de ceniza de huesos, limpia y lavada, con que se preparan las capelas para afinarel oro y la plata. Se dice "ser una cendra" o "vivo como una cendra", tener mucha viveza. (R.A.E.)
No hay mayor amor que su desolación.
Abandonadas, surgen como bellas amapolas
en las cunetas de los arrabales,
los polígonos industriales,
los cruces de carreteras.
Casi desnudas y envueltas en sus herméticos pensamientos,
hablan todos los idiomas del mundo
y desde su lejanía nos derrotan
jugando con nuestro deseo.
Las que se acercaron a mi eran eslavas, rubias,
muñecas de porcelana blanca,
de sus hermosos y jóvenes cuerpos
surgía el perfume sutil de la tristeza...
Para ellas sean las rosas de acero,
las rosas del amor y del mañana.
© fotografía 2007 Miguel Angel Latorre
De Manuel Vilas este poema que me ha enviado de su libro EL CIELO El enamorado Toda la noche soñando contigo, me he pasado la noche entera soñando que te besaba en el patio de una iglesia junto al mar. Qué enamorado estuve de ti, y no te lo dije nunca. ¿Lo adivinaste? ¿Lo deseaste? ¿Lo suplicaste? Tenías seis años más que yo, estabas más hecha a la vida, no te ibas de la cabeza como yo, sino que eras moderada y prudente, aunque llena de amor por dentro, amor hacia mí, hacia mí, que era un tipo de lo más perdido, y eso sí se notaba a la primera, y cómo me acuerdo de tus manos y de tu sonrisa, todos los amantes se acuerdan de lo mismo, sólo que yo no me metí nunca en tu cama, años llevo imaginando cómo se debía de estar en tu cama, un día me la enseñaste, pero nada más. Y ahora me despierto y he soñado que te besaba, y son las diez de la mañana de un verano monumental y ya estoy bebiendo una ginebra, así, en ayunas, y salgo a la terraza de mi habitación y veo a las turistas tumbarse sobre la arena, y pienso que tú podrías estar aquí conmigo, qué enamorado estuve de ti y cómo lo estuviste tú también, y qué mal hicimos en no habernos revolcado mil veces por mil camas, o qué bien hicimos, porque, conociéndome, igual te hubiera pedido en matrimonio y tú hubieras aceptado, y borracho como estoy todo el día, cuando me hubiera cansado de joder todas las noches, a lo mejor me daba por darte un puñetazo o tirarte a un río, o a ti por pegarme un tiro, o envenenarme o pegármela con otro. Cómo puedo decir todo esto de ti, que eras un ángel y lo sigues siendo, y de mí, que te quise con inocencia. Será mejor que siga bebiendo hasta que te borres de mi memoria, y esto sí que me hace llorar, y soy un tipo que está llorando a las diez y media de la mañana, sentado en la terraza de una habitación para turistas, con una ginebra caliente en la mano -son los restos de la noche-, llorando porque si te echo de mi memoria, verdaderamente entonces sí que ya no me quedará nada.
Redrojo, racimo de uva que queda sin recoger. (R.A.E.)
Se hace la tarde con el regazo de los sueños. Cabalga entregada en la difusa sabara que a todos nos ofrece el silencio. Se deshace en nubes derramadas por el viento y el sol de invierno se refugia en su desván de recuerdos. Todo lo que amamos puede esperar. Este ansia infinita de tu cuerpo, deseo y ternura que arden en mis manos, se adormece entre los cojines verdes y el largo sorbo del café frío. Sé que la soledad es una pasión que me domina -rumio todos los sentidos de las palabras- y me persigue la cadencia precisa del tiempo, derrotando mis versos con su particular ironía. En este desierto sin rostros sigo, aún así, alborozado, bendiciendo el aroma de las rosas que desde el amor se mecen, y el misterio de ver volar los pájaros que hacen elevarse mis ojos hacia la luz. Queda mucha tarde para soñarte.
No hay amor desnudo más grande que quepa entre tus manos y las mías. Hay un río de profundo cauce donde reposan todos los silencios y todos los susurros. Orillas de piel, deseos de ámbar, un ángaro eterno donde se funden las noches con el dulce sabor de las caricias. Desgrana amor esta jugosa fruta y encuentra el milagro de los días - el café y el zumo de naranja, el sofá azul donde somos un ovillo, las cajas que guardan los recuerdos, la eterna pila de libros sin leer, los versos sin hacer, la última canción de Silvio, todos los sueños que hemos vivido, todas las lágrimas que nos han unido...- y en cada beso húmedo de nuestros labios, en cada encuentro cuerpo a cuerpo, sabes bien, que nunca se asentará el olvido.
He muerto y he resucitado
con mis cenizas un árbol he plantado,
su fruto ha dado,
y desde hoy algo ha cambiado.
He roto todos mis poemas,
los de tristezas y de penas,
lo he pensado y hoy sin dudar
vuelvo a tu lado.
Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado
en otra vida,
en otro mundo,
pero a tu lado.
Ya no persigo sueños rotos,
los he cosido con el hilo de tus ojos,
y te he cantado al son de acordes
aún no inventados.
Ayúdame y te habré ayudado
que hoy he soñado
en otra vida,
en otro mundo,
pero a tu lado.
Canción de Los Secretos.
Tengo la soledad azul del universo, el viaje de los astros reflejando los sueños rotos por el tiempo, el deseo de que todo se detenga, que nada se acabe, que nada sea un recuerdo, una nostalgia más entre las mías, que tú perdures aquí entregada, sin el dolor reconocido de tu ausencia, sola e inagotable en el amor de todas las noches y que en tus labios mi nombre humedezca el aire, mientras la aurora se detiene en el borde de un nuevo e inexistente día.
Encierra tu cuerpo todos los misterios, los que mis manos y mis labios ya conocen y mis ojos han recorrido lentamente, igual que ven pasar las nubes en el cielo de un día florido de mayo. Sentada en el desnudo amanecer sometes al silencio, al quiebro hiriente de la luz de la mañana y me miras, con el reflejo perdido de los últimos sueños del verano, intentando descifrar qué hay en mí que siga despertando tu ternura.
Manuel Vilas, es un poeta que voy descubriendo con cariño y alegría, en su libro “Las arenas de Libia” esta el poema NOCHE DE ABRIL
Marchase el sol de la tarde bajo la deliberada insistencia
de la muerte, en su célebre simbología, y los cuerpos se exaltan
cuando la noche los encuentra aún con luz en la mirada.
Será la perversa noche ahora nuestra amante, y no nos asusta,
mas al contrario, nos hace concebir una nueva edad de otros placeres.
Guardan los cuerpos la sed que los devoró cuando la luz.
Y la expelen en la mágica oscuridad, ídolos peligrosos, malignos.
A ella van en pagana celebración, tenso eclipse del conocimiento,
para el sacrificio de la juventud.
Porque te amo, amo a todas las mujeres. En todas te busco, a todas te comparo, y al amarte sólo a ti a todas, un poco, las amo.
Vino célebre en Roma antigua, que procedía de un pago del mismo nombre en Campania. (R.A.E.)
Ya conocéis poemas de Magdalena Lasala, de su libro “Todas las copas me conducen a tu boca” este es el último del libro. A ti, mi bella amante furtiva, vaya el homenaje de mi equilibrio hallado en tu presencia enlazada como hilos de un encaje en las palabras tuyas y en tus silencios, en los besos y en las copas, en el temblor de tu duda y tu certera dentellada, suculentos ingredientes del menú donde elijo cada día un plato apto para mis ansias. A ti, mi amante adorada, sutil dríade candente sobre agendas y calendarios, hespéride acogedora y al punto distante, a ti, te debo tanto, mi amante ignorada, hermana del oráculo inescrutable que creció conmigo, hambriento amor. A ti, amada, vaya mi dedicación eterna, mi voz sumisa mejor modulada, vaya la curva más perfecta de mi entrega para ti, excelsa, la reverencia de mi alma domada por tu majestad; a ti, amada amante mía, vaya tanto amor que siembra en mi pecho tu sonrisa más queda, a ti regrese tanta dicha que la más leve señal de tu deseo sobre el mío, en mí, causa.