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fernandosarria

Puede ser ese hombre

Puede ser ese hombre

 

 

Puede ser ese hombre ahuyentando el silencio,

quizás el último que retuvo tu respiración

y te hizo sentir el quebrado surco de los juncos,

y la húmeda saliva de su voz

te arranco los gemidos

que nunca olvidarás.

De ese amor, hoy imposible,

el río retiene tu recuerdo,

y la noche guarda en su regazo

las pequeñas maldades de tu mente.



© 2007 fotografía José Antonio Melendo

Tras de tu cuerpo se va el mío

Tras de tu cuerpo se va el mío,

como una sombra se quiebra la noche

en el largo jardín de nuestra cama.

Arden los faroles y tiemblan los surcos

en el instante perfecto de un gemido,

lágrimas azules en tu boca.

No hay piel que pueda derribar estas montañas,

este mundo de enrojecidas siluetas

donde en el aire se respira

la fragancia de los sarmientos

y el tiempo se detiene

para ver soñar a una caricia.

 

 

Cecias

Viento del nordeste. (R.A.E.)

Poema de Luis Cernuda

 

De nuevo de Luis Cernuda y "Un río, un amor", el poema NO INTENTEMOS EL AMOR NUNCA

Aquella noche el mar no tuvo sueño.

Cansado de contar, siempre contar a tantas olas,

Quiso vivir hacia lo lejos,

Donde supiera alguien de su color amargo.

Con una voz insomne decía cosas vagas,

Barcos entrelazados dulcemente

En un fondo de noche,

O cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido

Viajando hacia nada.

Cantaba tempestades, estruendos desbocados

Bajo cielos con sombra,

Como la sombra misma,

Como la sombra siempre

Rencorosa de pájaros estrellas.

Su voz atravesando luces, lluvia, frío,

Alcanzaba ciudades elevadas a nubes,

Cielo Sereno, Colorado, Glaciar del Infierno,

Todas puras de nieve o de astros caídos

En sus manos de tierra.

Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades.

Allí su amor tan sólo era un pretexto vago

Con sonrisa de antaño.

Ignorado de todos.

Y con sueño de nuevo se volvió lentamente

Adonde nadie

Sabe nada de nadie.

Adonde acaba el mundo.

FotoPoema - 55

FotoPoema - 55

 

 

 

He olvidado decirte que amaneces

todos los días en mis ojos

protegida por los sueños de la noche.

Caricia de tus manos y tus labios

rodeando las primeras palabras de tu boca

con el suave aleteo de los pájaros.

Hay una sabara desnudando la mañana.

Cubre tu corazón y el mío.

Bosques de adormecidas hayas,

con el casi perfecto abrazo del rocío.

Pero tu cercanía me da fuerzas y esperanzas

para hacer de este día de invierno y frío

un nuevo milagro que siempre recordemos.

 

© 2007 fotografía Miguel Angel Latorre.

Hay noches en que el amor agoniza

 

Hay noches en que el amor agoniza

bajo el peso inconfundible de la soledad.

El dolor reúne los silencios

y con su abanico derrama

todas las estelas de los sueños rotos,

todas las nostalgias, todos los miedos.

 

Sólo el vuelo blanco de las palomas del alba

va deshaciendo lentamente el azulado lamento

mientras tus ojos buscan en los suyos

la caricia y la esperanza del rocío.

 

Poema de Luis Cernuda

De Luis Cernuda en su libro "Un río, un amor" (1929) el poema Daytona

 

 

 

Hubo un día en que el día no engañaba,

En que sus manos tristes no sostenían un cuervo

Indiferente como los labios de la lluvia,

Como el rojizo hastío.

Mas hoy es imposible

Buscar la luz entre barcas nocturnas;

Alguien cortó la piedra en flor,

Sin que pudiera el mundo

Incendiar la tristeza.

 

Sólo un lugar existe, cuyos días

Nada saben de aquello,

Aunque todo allí sea mortal, el miedo, hasta las plumas;

Mas las olas abrazan

A tanta luz aún viva.

 

A tanta luz desbordando en la arena,

Desbordando en las nubes, desbordando en el tiempo,

Que dormita sin voz entre las ramas,

Olvidado fantasma con su collar de frío.

 

Mirad cómo sonríe hacia el amor Daytona.

 

Cavedio

Patio de la casa entre los antiguos romanos. (R.A.E.)

La noche tiene su simiente

 

La noche tiene su simiente, su ley,

sus raíces y arboladas hojas.

Su silencio perfuma el aire

con la ingravidez de las estrellas

y la hermosa soledad de la luna.

 

Bloggellón 5.0: con todas las bendiciones...

Bloggellón 5.0: con todas las bendiciones...

 

 

Foto: José Antonio Melendo ;).

Un concurso con fotografía

Un concurso con fotografía

 

 

         María Manuela anima en su blog a la participación en un concurso de relatos que acaso se confundiera con otros tantos si no fuera por su original y arriesgado planteamiento: el relato debe construirse a partir de una foto que los organizadores proponen. Es una fotografía realizada en 1907 por Arturo Cerdá: ”El tiempo se detiene en el estudio del pintor granadino José Mª López Mezquita mientras observa junto a José Mª Rodríguez Acosta como Arturo Cerdá, inclinado tras su cámara fotografía a la modelo; ella posa sentada en un diván, desnuda, cubierta con unos velos”. Es una fotografía muy hermosa, muy sugerente y un tanto enrevesada. Da juego.

         Para quienes les pueda interesar, hay información en una nota de prensa de la fundación convocante, y también en las propias bases del concurso.

 

 

No he logrado

                                                     

                                                     En la arena la victoria dejó sus pies perdidos.

                                                        

                                                                Pablo Neruda

 

 

 

No he logrado dejar el barro de mis húmedas huellas,

ni siquiera puedo olvidar los campos donde el verde trigo se mece

en las mañanas que arrastra abril

y donde ya las amapolas se hacen eco de la vida.

Apenas puedo hablar, cuando mis ojos siguen las estelas de las olas

y se ilumina mi pequeño mundo con el azul desnudo del horizonte,

mientras las gaviotas siguen deshaciendo el silencio del océano.

Veo en los crepúsculos resquicios de un mundo que se abate ante mis ojos,

ardiente batalla, que nunca acaba, entre la luz y la sombra

creando renglones de majestad al lejano universo y a la cercana luna.

Todo en lo que habito trae en su mano el milagro,

palabras, silencios, amores, soledades

se desgranan ante la urdimbre de los años

y sólo el tiempo, infatigable, nos sucumbe con sus versos de arena.

Él siempre se olvida que de antemano tiene entregada la victoria.

 

Poema de Manuel Vilas

 

Manuel Vilas en su libro "Las arenas de Libia", nos presenta este poema tan evocador titulado INVIERNO EN LAS MONTAÑAS.

 

 

Las grandes canciones del alba, la nieve en el azul

y las rocosas ermitas donde guarecerse hasta el mediodía,

los pasos de la tormenta, los viejos senderos

y los helados letreros caídos, con nombres sonoros,

son el festín de los salones de invierno, entre montañas.

 

También la nieve envejece en los inmensos prados.

Se aja, se endurece, la blancura tornase una  amarillenta

mansedumbre, y un barro mortuorio entristece la mirada.

 

Quienes como yo adoráis la nieve, rezad por ella

en las montañas, porque baje pura y elocuente

en honda quemadura del cielo y del invierno.

Causídica

Crucero de iglesia. (R.A.E.)

Unas olivas negras

 

 

De mi infancia no hay ningún recuerdo

que me devuelva la fragancia de un limonero,

ni la fresca sombra de un patio

con el silencio compartido de su fuente.

Hay, si acaso calles en cuesta y empedradas,

otras de tierra y ciemo de las caballerías.

Había gatos que siempre se perdían al lado del brasero,

-aquello era frío en el invierno-

y una cadencia de mansedumbre

con que la pobreza alineaba los días.

Oigo todavía los gritos, las peleas con piedras,

duelen las cuqueras, los ronchones en las piernas,

el doloroso trabajo del campo con sus tareas milenarias.

Bendigo el descanso de las noches de verano sentados a la fresca

mientras los vecinos murmuraban sus sueños,

y recuerdo a las personas que se cruzaban ante mis ojos,

pobres buscadores de la vida, hombres de leyenda:

afiladores gallegos en sus herrumbrosas bicicletas,

vendedores ambulantes de peces de río gritando su mercancía

-¡ barbos, carpas, madrillas frescas! - buhoneros,

estañadores y reparadores de paraguas,

figuras oscuras de miradas centenarias

que los niños mirábamos con miedo,

vareadores de colchones de flexibles varas,

y vendedores de olivas

con sus capazos de cuerda colgados al hombro...

Retengo en mi memoria las sopas rojas de calabaza

y las meriendas, pan con vino y azúcar,

o con porciones de chocolate

terroso que me daba la abuela,

y las olivas negras de Belchite, relucientes,

comidas a pares porque traían buenos sueños.

 

Victor Juan compuso el otro día un post sobre las olivas negras que trajó a mi cabeza un montón de antiguas memorias.

Poema de Magdalena Lasala

Os pongo un nuevo poema de Magdalena Lasala de su libro "Todas las copas me conducen a tu boca",

 

Sé cómo es la Vía Láctea.

Es una línea de estrellas que va desde mi pecho hasta tu boca.

Puedo saber qué sienten las luces de su ruta

hechizadas por el resplandor que las llama

desde tus ojos.

Hoy puedo recorrer los caminos más largos

que separan de ti mis sueños

sin descanso

y saber cómo anhelan las puntas de mis dedos

alcanzar el límite leve de tu piel

en silencio.

Sé de los abismos en que sucumben los deseos

y sé de las fronteras que cercenan los pasos,

de los vuelcos donde las palabras se queman,

y del llanto que apaga el destello

de la luz anhelada desde lejos.

Pero hoy puedo

encender todas las estrellas del cielo

con mi sonrisa sembrada de tus dientes,

hoy puedo sortear las fuentes imprevistas

y destrenzar dulcemente las fronteras,

encender  unas luminosa hoguera con mi cuerpo

y danzar en honor de la noche

en que tejí una esquina de tu tiempo.

Hoy sé qué siente la luna mínima entre dos amantes

y sé cómo los tejados más altos aguardan

el atardecer del sol más ardiente.

Hoy puedo salvar al mundo con mi sonrisa

recordando el despertar de un milagro que dormía

entre un viernes y un sábado.

No siempre puedo decirtelo con palabras

 

No siempre puedo decírtelo con palabras.

Hay silencios que arden como sarmientos en las noches calladas,

iluminados por la emoción que los contienen.

No siempre puedo tocarte con mis manos,

ni sentir tu piel, suave seda que empaña mi deseo.

Ni mis miradas, a veces, son tan claras y diáfanas

como la fuente de la que manan cuando mis ojos te miran.

Y aunque los besos que te doy son más voraces que otras veces

y parece que el aroma de un sueño tórrido los preceda,

el dolor, en esos días, me deshace con su abanico de piedra,

con su negro soplo me vierte en la penumbra

y ya no soy yo el que te ama, soy su sombra...

En esos días ten tu alma dispuesta a la vigilia

y tenme cobijo en tu regazo, amor, entregado a ti y a la noche.

 

 

Cauro

Noroeste, viento. (R.A.E.)

Que poso de silencio

 

¡Que poso de silencio trae el agua

en su largo camino hacia el olvido!

Nacidas de la lluvia y la tormenta

mis huellas son húmedas palabras

que buscan todas las razones.

Me deshago en el tiempo,

poco a poco se apodera de mis ojos.

Mi mirada ya no es sólo mía

ya que su mano se une a mi lamento silencioso.

 

Tú estas sintiendo el beso

que mis labios te dan

en mitad de la callada noche

y juntos erizamos las olas

de este mar desplegado

con el poder de la pasión y del deseo,

entregados al juego inconstante del amor y de la vida.

Sin embargo, recuerdas

las luces de la infancia

y la eternidad inabarcable de las horas,

cuando soñabas con el amor de un hombre imposible,

y en cada rincón de tu nostalgia,

donde ensalzas la larga tibieza de los veranos

y el aroma marino que recorre tus venas,

comparas la realidad con las vanas ilusiones

que albergabas en tu cuerpo de niña.

 

Mientras nos besamos y somos uno solo

en la piel que nunca olvida los versos y las palabras,

nos disolvemos en el cercano pasado,

convirtiéndonos en polvo y arena en nuestra memoria.

Y somos sólo tiempo, amor,

tu cuerpo y el mío,

sólo tiempo indefinido en el largo amanecer.

 

FotoPoema - 54

FotoPoema - 54

 

 

Cada vez que vuelvo doy un rodeo

y paso por delante de tu antigua puerta.

En esa puerta tracé con tiza roja

tu nombre envuelto en mi sombra.

Qué ímpetus, qué ansias,

cuánto dolor nacía de tu ausencia,

sueño arrollador que la juventud arrastra.

Dejó el tiempo sus alforjas de sal

junto a la herida abierta.

Tu silencio y mi orgullo

al fracaso nos vendieron

porque nunca tu cuerpo y el mío

se encontraron en una noche para reconciliarse.

 

© fotografía 2007 Miguel Angel Latorre