Blogia
fernandosarria

Poemas

Hemos visto arder la aurora

Hemos visto arder la aurora

en el rojo desierto

que nos dibuja el Este,

y nuestros ojos

almendraban la luz

buscando la respuesta

de los olvidados sueños.

 

Sólo en el silencio de una caricia,

en el suave sabor de tu boca

y en la calida respuesta de tu piel

encuentra refugio mi nostalgia.

.

Hoy han venido las palabras

Hoy han venido las palabras

que un día dibujamos

en el vaho perceptible de un cristal,

tras las frías horas de la noche.

Y en esos rotundos ecos

fue donde tus manos

dejaron desgastarse los sueños.

Sólo en los versos

sigues creciendo,

como la sombra

que trae de su mano

el recuerdo.

 

Entre tus dedos

Entre tus dedos diminutos y cálidos

cabe un mundo imaginado,

un mundo de astros silenciosos,

mi cuerpo revestido por las sombras

y el dulce aliento tibio de tu caricia.

Hollado silencio

Hollado silencio.

Quiebra el vuelo blanco de palomas

la aurora renacida

y un sinfín de susurros

inauguran tus ojos y los míos.

De esta ausencia de ti

que la noche exprime,

mi cuerpo se deshace,

pues en el sueño tuve

a la hambrienta soledad

dándome con el aliento

su aullido y su gemido.

Nácar de silencios

Nácar de silencios,

en tu vientre mis manos

anidan las voces quedas

de los pájaros silvestres,

y el mundo se detiene

en su curso de río impredecible,

para ahuyentar con tu piel

el último vestigio

que de la soledad me acecha.

La noche

La noche despliega su abanico de silencios

y en el murmullo de su mano arden los amantes.

 

Toda la piel contenida se desborda,

llega al anhelo y al desorden de sábanas

en el combate de la pasión y del fuego,

ahuyentando la soledad de soledades

con el iluminado fanal del deseo.

 

Nosotros no somos diferentes a los demás,

y en el quizás continuo de nuestro encuentro,

fundimos los bronceados sueños y las caricias

en el desnudo y calido susurro.

 

Labios entregados al juego,

senderos donde el tiempo

olvido su rumbo

y se dejo arrastrar

por un rumor a mar y a olas

que navegan la noche.

Hemos recorrido

Hemos recorrido el largo camino de nuestros cuerpos,

anhelo abrigado en la pasión desnuda

y en la certidumbre de una noche plena de presagios.

Todo el universo blanco de tu piel y de la mía,

como undoso mar de nobles aguas,

ha sido campo donde nuestras manos labraron el milagro

de navegar por la estela del fuego

y derramar de susurros las sábanas de la aurora.

Año nuevo

Año Nuevo

 

Sólo nos queda de los sueños

el húmedo precipitarse del agua

desde el aguamanil de los deseos

a nuestras manos vacías.

Parece que los años vividos nos desbordan

cada vez que el calendario tañe y suenan,

con voz sonora y antigua,

los latidos de los viejos bronces

que en nuestra infancia

creaban las campanas.

Sentimos en ese instante,

con el eco de la música del tiempo,

un escalofrío que nos encoge el alma.

 

Pero sólo es un momento...

después viene la alegría y la esperanza.

 

Deseo que todos vosotros tengáis un 2007 que al recordarlo siempre os haga sonreír.

Que soledad

Que soledad de noches

se acumula junto a mi

sin el rumor de tu sueño.

Nada puedo

Nada puedo objetar de tus besos, de tu boca,

del sabor a recuerdos que me deja

la húmeda presencia de tus labios.

Pero temo la lejana ausencia,

esa que portas entregada en tus caderas,

el rumor a aguardiente y cerezas

que tu pelo me deshoja,

como si de este verso sólo tú

fueras lo tangible y real,

y yo, el sueño que te sigue.

No hemos vuelto

 

 

No hemos vuelto nunca al embarcadero,

al silencio que el invierno dibujaba en las barcas,

a la soledad hiriente de las viejas maderas

envueltas en las lonas,

y a pasar entre los remos desgastados,

diseminados aquí y allá

como absurdas interjecciones

que la tarde y el tibio sol ensombrecían.

Aun así, tus manos y las mías,

en su doliente ausencia,

guardarán recuerdos de las caricias

y las promesas de aquellos días.

Se derrama un sueño

Se derrama un sueño y en las sábanas y en la almohada

queda reflejada la silueta de tu cuerpo.

No es temor lo que siento ante la soledad,

ni siquiera me hago preguntas por tu ausencia,

sé que ahora andas atando los cabos precisos de las pequeñas cosas

y el revuelo de sonidos que llegan a mi

surgen de tus manos preparando el desayuno,

y de la radio que acumula en su letanía

los pasos que el mundo ha dibujado,

mientras tú y yo enhebrábamos caricias y silencios

en una larga noche de iluminada penumbra.

 

Un revuelo

Un revuelo de ángeles se bañan en el río

cayendo desde el cielo ensoñado

 y enmarañan en su largo llanto

el silencio que encierra la tarde.

 

Me demoro en ti

Me demoro en ti

como el sol se deja seducir

por la tarde en el verano.

De las pequeñas cosas

se hace grande la vida:

una caricia de mis manos ciegas

al pasar tú junto a mi,

un pequeño roce de mi boca

sobre tus humedecidos labios,

una mirada rendida

sobre tu desprevenida silueta,

prendido en el descuido de tu risa

el pequeño instante

en que tus ojos se cierran

y eres una paloma brillando en la tarde...

todos esos momentos

en que haces florecer mi ternura.

No sé

No sé en que línea de tu mano andan mis recuerdos,

ni donde has dejado olvidado el sabor de mis labios.

Presiento en tu cuerpo vencida la llama.

La batalla cercada por el frío.

Un recorrido largo de oscura soledad

y el silencio en los poros de tu piel

con todas las palabras derramadas.

Las caricias de tus dedos,

sueños de guitarras que sonaban,

eran marejadas de olas

y el deleite de mis ojos ciegos,

ahora tan apenas se demoran en mi pelo

como si el aire fatigase tus anhelos.

Tengo un fuego abatido por tu boca

y de esas errantes cenizas,

sólo hoy me queda,

el amargo sabor de la derrota

y tu mirada, alejada y perdida,

como arrastrada por la blanca barca de la luna.

 

En este mar undoso

En este mar undoso

 

 

(Para Marisa L. Mi cariño y mi agradecimiento).

 

En este mar undoso de palabras profundas,

donde tú y yo nos reunimos

al compás de las noches y los días,

no se quiebra la luz

ni se cae el universo de su esfera.

Pero sólo la suave caricia de una rosa,

el aroma impreciso que en el aire navega

y deja su frágil figura enaltecida

como la intangible verdad

que une los versos,

crean los lazos que nos atan al silencio,

a la soledad compartida en sus mareas

y que a veces sus aguas nos derrama

como el fruto de un desconocido anhelo.

Por eso, tengo mi mano abierta.

Sube a la proa de mi barca,

juntos iremos hacia el horizonte conmovido

por todos los poetas que lo han dibujado

y que han escrito poemas nacidos al amparo de su abrigo.

Allí, una sonrisa siempre te está esperando.

 

 

*©2006 fotografía José Antonio Melendo.

Anidan mis palabras

Anidan mis palabras en la soledad

y en el derrocado intento de la tarde

de sobrevivir ante el imperio de la sombra.

Ella ha sido el último peldaño derribado de mis sueños,

como humo vencido por el viento se ha ido,

ha dejado el hueco calido de sus ojos

entre los últimos latidos del sol,

y alojada en mis pensamientos

se ha alejado, lentamente,

como siempre se marchan los recuerdos,

revestidos con el color de una piel

y con el sabor agridulce de una boca.

Estela derramada de una ausencia,

transparente historia de un adiós.

Has crecido a lo largo de la noche

Has crecido a lo largo de la noche,

como en un mar se abre paso la tormenta.

Así me has encadenado al devenir de tu cuerpo.

Cruzada la mañana con el ligero rescoldo del sol,

vierten tus ojos los silencios.

Son eslabones perdidos de la bruma,

jirones de una noche de azabaches

que descansan en mi piel

y en el roce descuidado de tus manos.

Se escapa el aire y su aroma,

siguiendo tus pasos.

Sólo me queda el sabor a ceniza,

el volátil humo,

el ardiente recuerdo

que en las horas

deja el eco de nuestros deseos.

En ese mar ondeado

En ese mar ondeado

 

 

En ese mar ondeado por el vuelo del silencio

en el que el azul es un oscuro demiurgo,

que en su susurro te arrastra

al fondo de la soledad,

anida la luz,

ardentía marina,

soplo que ilumina tus ojos,

branza que une tu alma

con invisibles hilos

a este rincón del mundo.

 

© 2006 fotografía José Antonio Melendo

De esta luz

De esta luz que inunda la penumbra del mar

como un calido rayo que te nombra

en la lengua iluminada del agua,

salen los últimos miedos

y se yerguen los silencios,

mientras nuestros ojos

se acostumbran

a esperar el instante

en que nos vemos.