(Para Marisa L. Mi cariño y mi agradecimiento).
En este mar undoso de palabras profundas,
donde tú y yo nos reunimos
al compás de las noches y los días,
no se quiebra la luz
ni se cae el universo de su esfera.
Pero sólo la suave caricia de una rosa,
el aroma impreciso que en el aire navega
y deja su frágil figura enaltecida
como la intangible verdad
que une los versos,
crean los lazos que nos atan al silencio,
a la soledad compartida en sus mareas
y que a veces sus aguas nos derrama
como el fruto de un desconocido anhelo.
Por eso, tengo mi mano abierta.
Sube a la proa de mi barca,
juntos iremos hacia el horizonte conmovido
por todos los poetas que lo han dibujado
y que han escrito poemas nacidos al amparo de su abrigo.
Allí, una sonrisa siempre te está esperando.
*©2006 fotografía José Antonio Melendo.