Blogia
fernandosarria

Poemas

Siento

Siento el hueco calido de tu mano

olvidada entre las mías

al pasar a mi lado,

la huella tibia de tu cuerpo abandonada

entre las sábanas revueltas en la aurora

o el beso húmedo de tus labios,

roce presuroso en el adiós de la mañana,

como una herida abierta en mi boca.

 

En esta orilla

En esta orilla de húmedas arenas,

apenas soy el momento de mi huella,

el pequeño intervalo

en que entre una ola y otra

paso, como una sombra,

sobre el delicado tapiz del tiempo.

 

¿Y qué harán las rosas sin tu presencia?

¿Y qué harán las rosas sin tu presencia?

 

 

¿Y qué harán las rosas sin tu presencia?

No hay nada tras tu paso por mi vida.

El tenue recuerdo de tu risa

o esas postales que envías

desde lejanas islas

y exóticos países.

Sólo el silencio del jardín

y la soledad de las rosas

sin la sombra de tus manos,

y el aroma que guardan

para el día improbable de tu vuelta.

 

© fotografía 2006 José Antonio Melendo.

Había arrancado los versos

Había arrancado los versos nocturnos de la noche

 

mientras el río cruzaba de lisonjas las variadas barcas,

 

llenas de susurros y besos de amigables sombras,

 

y un desaire de remos movían el agua

 

con el ritmo perpetuo de la fragilidad.

 

Todavía la soledad se aligeraba

 

con la música de lejanas voces

 

y las luces de los farolillos

 

hacían crepitar el rojo en mis ojos.

 

El azul del cielo encarnaba

 

la estelar silueta de los luminosos astros

 

y mis manos nerviosas esperaban

 

que el tiempo se detuviera

 

hasta que llegases como el soplo

 

que iluminase las sombras del anochecer

 

e hiciera de la clepsidra

las gotas que abrieran el tiempo de la dicha. 

Volverá el océano

Volverá el océano

 

Volverá el océano.

Paciente sueño desarbolado

en el fulgor nocturno

de un olvidado faro.

Oscuro azul de penumbra,

sólo el grave sonido de tu cuerpo

hace humedecer mi alma.

De esta soledad se quiebra el día

y el olor de las mareas

cubre mis ojos

como un llanto sin nombre,

mientras mis huellas buscan en la arena

respuestas que la playa no puede darme.

 

*Tomo prestada:) esta imagen de Cambrils desde Pandeoro, de Luisa Miñana

Llega la aurora

Llega la aurora en el vuelo blanco de las palomas

y en el revestido tul que la luz desperezada

dibuja en los edificios y en las avenidas.

Quizás tú te has despertado

siguiendo el reloj que conocen tus ojos

y me has dejado solo, dormido,

entregado al vano afán de encontrarte

entre las revueltas sábanas vacías.

Siento la soledad en los primeros segundos,

como el gong que despierta mi cuerpo

de una vana eternidad de sueños placenteros,

pero de inmediato oigo el runrún del exprimidor

e imagino tus manos haciendo el desayuno,

el primer milagro que nos reserva el día.

Es diciembre

Es diciembre.

Y aunque no hay nieve

la niebla tiene ese sabor dulce

que deja el fin del año

en los perdidos sueños.

Buscan los niños en las calles

las luces que trae la temprana noche,

y las húmedas huellas

de sus pequeños pasos

se confunden

como en la encrucijada

de un camino de risas.

Cubre el color de tus ojos

todas las sombras que arrastra el día,

versos de palabras y silencios

que acarician como una canción

el viejo navío donde navega mi alma.

Y el tiempo se vuelve agua

entregado  a ti como lágrimas

entre tus manos sabias.

Recojo la lluvia del otoño

Recojo la lluvia del otoño

y entre mis manos mojadas,

se convierte en violetas,

silenciosas y amables

como tus caricias,

cuando, sin mirarme,

tomas mis dedos y jugueteas en el aire.

Está la tarde con su sombra blanca

inundándolo todo de silenciosos versos

y las huellas son húmedas,

como las lágrimas pacientes de la espera,

y el beso de las hojas al caer

suena en su derramado amor

cuando se posan, entregadas,

en el epitafio de su solitaria agonía.

No tenemos prisa.

En estos días no existe la prisa.

Sólo el quizás impaciente

de nuestros cuerpos,

o el pequeño deleite de saber

que todo esto es un poco intrascendente

y que entre las luces de nuestra casa

sigue ardiendo el fuego y la caricia.

Se desprende el otoño

Se desprende el otoño de su oro,

púrpura amada en el sarmiento,

derrumbado sueño de un amor lejano.

 

Viene tu sombra a mis palabras

como cilanco abandonado

tras el retorno de un río.

Nada dejamos oculto,

entregados el uno al otro,

en ese amor sin sutilezas

donde nace la lluvia y la tormenta.

Mi corazón siguió tu paso,

anhelando la huella de tu risa

y el largo anochecer de nuestros cuerpos.

¿Qué hizo de la alegría un pozo de penumbra?

Tránsito que el alma encadenada

pregunta al viento y a sí misma,

tras la ausencia y la nostalgia.

 

Volvió a escaparse entre mis manos

el tendido noviembre en su recuerdo,

acíbar bebido en el silencio de unos versos.

.

Noviembre

 

 

Y aunque el otoño lleve en sus pliegues

el largo preludio del invierno

y los fuegos de las noches

deban arder con voces más profundas,

siempre quedará el misterio,

el largo milagro de este sueño de noviembre,

el olor de un retazo de hierba fresca

y el sutil aroma de las flores recién cortadas.

No he pronunciado tu nombre

No he pronunciado tu nombre,

tan sólo mi boca ha buscado

la dulce sonrisa de tu cuerpo.

Húmedo verso recorrido

por la caricia de mis labios.

Hemos roto las horas,

el desnudo porvenir de la noche,

y cubierto los deseos

con el quehacer de nuestras manos,

mientras bebíamos, lentamente,

cada una de nuestras viejas soledades.

Si sólo te hubiera amado

Si sólo te hubiera amado

por el calor de tu mirada

o el devenir de delicias

que tu cintura aventuraba,

no tendría mérito

el haber paseado nuestro silencio

por las pequeñas calles

y los recónditos parajes

que guarda entre sus canales

la nostálgica Venecia.

Nada perduró de aquellos deseos,

si acaso estos versos

que traen a mi memoria

tu juventud y la mía,

recorriendo, las manos enlazadas,

los largos crepúsculos

que la ciudad y el estío nos donaba.

Dejó

Dejó el suave otoño su nudo de enredaderas

entretejiendo raíces en nuestros pies,

y a cada paso un rumor de ensortijadas hojas

se dejaba oír, como las alas de los pequeños pájaros

siguiéndonos en el eco del atardecer.

No habrá derrota

No habrá derrota detrás de la pasión.

Todo nuestro silencio lo hemos sudado

entregados a la humedad de la caricia.

Apenas mis labios se han abierto

sólo para abrigar tu cuerpo

con el cálido aroma de mi boca.

No habrá reproches

ni lágrimas rodeando nuestra alcoba,

mis manos se han saciado de palabras

y han escrito en tu piel

los últimos versos de la noche.

No habrá más que esperar,

unidos por todos nuestros vínculos,

enigmático milagro que no destruye el tiempo,

la llegada perpetua de un nuevo día.

En medio del océano

En medio del océano,

la noche no es noche,

es un augurio de oscuridad suprema

y un murmullo de olvidadas sensaciones.

Palabras, gestos y miradas

creciendo en tu piel

al ritmo lento de las mareas,

un sueño húmedo donde las olas

son el eco de tu conciencia.

Cabía la esperanza

  

Cabía la esperanza

en el mero deleite

de tu sonrisa inquieta.

Hurgábamos el azul sosegado

que enmarcaba el horizonte,

mientras los barcos, poco a poco,

traían sus estelas de gaviotas

y sus bodegas llenas de sueños

hasta el minúsculo puerto,

que empezaba a despertar

al ritmo ronco de las sirenas.

Recorre las horas

Recorre las horas una sombra silenciosa,

un verso herido

entre las mareas del océano.

Tu eres la luz de un faro

secuestrada por mis manos,

pidiendo con tu lamento

ser, de nuevo,

el beso perfecto

que ilumine

el horizonte de la noche.

Hemos reconstruido nuestros sueños

Hemos reconstruido nuestros sueños

y el mundo sigue girando

en su silencio ocre.

Cabe tu mano en mi pecho,

piel con piel,

apenas somos una sombra

entregados al fuego del deseo.

Como si una caricia hablara,

tengo todas tus palabras

escritas a lo largo de mi espalda,

y lágrimas azules han nacido

al paulatino paseo de tu mano

por todos los rincones de mi cuerpo.

Así nos descubrirá el alba, tendidos,

iluminados por la ardentía nocturna

que en nuestro lecho dejo la noche.

.

En mi adiós

En mi adiós camina el último refugio de la noche.

No hay sombras perennes que no sueñen

en que un día llegará hasta ellas

el hermoso y dulce beso de la luz .

¿Quién?

¿Quién ha disparado los sueños,

los imprecisos derroches de palabras,

el lamento de una guitarra

entre las manos de un anónimo cantor?