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Poemas

Tuvimos

Tuvimos la ciudad entregada

al ritmo indolente de nuestros pasos.

Nadie nos conocía,

y nuestras figuras

eran sombras

que apenas inquietaban.

Toda la ciudad entregada

al sutil resplandor de tu mirada,

como una extensa llanura de milagros.

 

La fuente

La fuente

 

 

De esta fuente seca

surgió la fuerza de mi amor

y el deseo inabarcable por tu cuerpo.

Hoy, al contemplarla,

enhebra el aire ecos de otros tiempos,

pero el viento ya no trae tu nombre,

sólo sal y arena prendidas a mi alma.

 

© 2006 fotografía José Antonio Melendo.

Semilla de noche

Semilla de noche,

tu mirada guarda

el silencio que arrastra la lluvia.

Y sin embargo,

siempre me habla

de azules sueños,

donde caben todas las palabras

y se encienden todas las estrellas.

Casi te he vencido

Casi te he vencido

en la lucha continua

de olvidarte.

Tendido en el regazo

que me ofrece el alba,

veo alejarse tu sombra

siguiendo el largo reguero

de la huidiza noche.

Aún guarda el otoño

Aún guarda el otoño

el aroma perfecto de la vida.

Recorres en silencio

los solitarios campos,

oyes el trino de los últimos pájaros,

mientras el viento húmedo

te arrastra

con un escalofrío,

y en el horizonte

el azul se desborda

en violentos grises.

Pero no importa,

las flores buscan en tus ojos

una cálida mirada,

el rincón del recuerdo

donde vivir eternamente.

La pared

La pared

 

 

De esta derrota

no hemos abierto

ningún camino nuevo.

Tú y yo,

hemos sido vencidos

por el tiempo,

la atonía,

o el mero placer

de llevarnos la contraria.

 

© 2006 fotografía José Antonio Melendo

¿Qué nostalgia nos unió..

¿Qué nostalgia nos unió

aquel atardecer de primavera?.

Tus ojos buscaban el último arrebol

y mis manos querían conservar

el tesoro del rojo crepúsculo huidizo.

Desde entonces,

cientos de veces

hemos reverdecido

la luz guardada

en nuestros cuerpos,

luciérnagas alumbrando

el último rescoldo de la noche.

La última puerta

La última puerta

 

 

Me dejaste en el recuerdo

como el último reducto

de tu esperanza.

La última puerta

que abriría de nuevo tu vida.

Pero cuando lo intentaste

y miraste dentro,

sólo la sombra de mi amor

te esperaba.

 

 

*El fotógrafo José Antonio Melendo me ha enviado unas hermosas imágenes para que disponga de ellas en este blog. Así voy a  hacerlo. Esta es la primera. © 2006 fotografía José Antonio Melendo.

He recorrido

He recorrido

los largos paramos

de la soledad.

Cruzado las noches,

enredado con las serpientes

que escudriñan los sueños.

Alimentado el rincón

de los silencios,

con mis miradas

perdidas

en horizontes lejanos.

Todo eso fue antes

que tuviera

la senda de tu cuerpo

entre mis manos,

y que tu voz

sonara en mi lecho

como el canto

iluminado

de los astros.

Ven a mi

Ven a mi, enciende las antorchas,

que arda la selva de la noche.

Todo su silencio nos admira,

esperando ser susurro,

murmullo de amantes,

que no teman

ni al tiempo

ni al olvido.

Sin ti (ella sabe de quien hablo)

Sin ti,

de mi no quedará nada,

si acaso        

mis palabras esparcidas en el lecho

de la hermosa ría de tu vida,

entre el limo del adiós y del olvido.

Una vieja barca

hundida en la arena,

subiendo y bajando

al ritmo incesante

de olas y mareas.

 

 

Deberíamos

Deberíamos seguir sembrando el alba de ternura.

No llueven estrellas azules

en este otoño de disimulos,

ni la noche se fue dejándonos la resaca

interminable de la soledad.

Tú y yo deshacemos la usura del amor,

y en los recónditos sueños de nuestra memoria

siguen enlazadas las manos

y humedecidos los labios del deseo,

brotando, siempre entre los dos,

un viento de caricia.

Cabe la luna en mi sueño

Cabe la luna en mi sueño,

las manos que traigo son anchas

y ella se esconde entre mis dedos,

juguetea como una niña y se sonríe.

No hay más dicha             

que el propio impulso de tu corazón,

sólo el amor y la caricia

hacen del tiempo

el amigo que te guarda

en todos los recuerdos.

 

Garzas blancas

Garzas blancas

de enarbolado vuelo,

origen de veloces nubes

y de un llanto de niebla

que suavemente se expande

por los abandonados campos.

Conspiro

Conspiro.

Alrededor de sus senos

construyo un mundo de batallas.

En el regazo de su vientre

duermen mis manos,

abrazando el dulce ámbar

y el sabor salado           

de la rosa.

Recorre mi mano

  

Recorre mi mano el sagrado silencio de los sauces,

el viento es la sublime melodía que los tienta

y ellos se dejan seducir en el balanceo

como el barco que navega entre las olas.

Vislumbro la serena presencia de la luna,           

enarbolada de un musgo azulado,

imagen preciosa y distante

de una pequeña tierra.

A veces la soledad

requiere el reposo del estanque,

ver navegar las hojas sobre el agua,

en busca de un puerto inexistente,

y cruzar los ligeros puentes de madera

donde tus pasos resuenan

con el ronco sonido del eco de la noche.

Preguntas

¿Por qué amo el mar desde el silencio en que me oculto cuando lo miro?

¿Por qué siempre me llevo el adarce húmedo y el brillo en la mirada cuando lo dejo?

¿Qué oscura soledad le guarda la noche?

 ¿Por qué sostiene la poesía de la nostalgia en cada huella abandonada en su húmeda arena?

 ¿Cuantas veces en las noches se abrió tu cuerpo bajo la mano extendida de la luna?

Si en el cielo cupieran todas las estrellas

Si en el cielo cupieran todas las estrellas

 

 

Si en el cielo cupieran todas las estrellas,

y cada lágrima tendida por nosotros

fuera humo azul que se llevara el viento

para elevarse al amparo de nuestro recuerdo:

no habría noche, sólo un rincón de luz

que nos traería el aroma de la nostalgia.

Pero el cielo es un oscuro camino,

donde tú y yo sólo perseguimos fugaces astros,

y sus voces se convierten en susurros,

antiguas estampas guardadas en el corazón.

 

*El poema está motivado por la fotografía que me ha regalado José Antonio Melendo y dedicado especialmente a Libertad.

Un poema (de reconocimiento) para Malatorre

Un poema (de reconocimiento)  para Malatorre

 

Y de todas las formas, al final, también el silencio es esperanza.

 

Tú, que de una simple piedra,

eres capaz de discernir el milagro de un sueño,

jugando con las luces y las sombras.

Que haces que el hielo se rebase

y conviertes su inerte cuerpo en una fuente

de olvidados atardeceres.

Que logras iluminar la brisa como si el polvo

trajera entre sus manos los susurros del pasado.

Y del mar, incandescente de luces y de espuma,

santuario ancestral de soledades,

dibujas el brillo lejano de una lágrima.

 

Guardo para ti y tus hermosas imágenes

un mundo de sentidas palabras,

abierto a las horas de la noche

y al simple viento de una aurora,

pues en tu mirada siempre surge el verso,

callado, oscuro, huidizo pero tangible,

esperando florecer entre nosotros.

 

* La imagen es una vieja fotografía de Miguel Angel Latorre, que he traído desde El Cronista de la Red, versión 3.0

Vengo desde el arbolado sueño

Vengo desde el arbolado sueño,

 

crepitando en angosto fuego,

 

como la tea 

  

que en el aire se contrae y crece.

 

Llego en el verbo de tu voz

 

y del deseo me hago artífice,

 

recorro en el viento y en tus ojos

 

la distancia que hay de tu mano al horizonte.