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Poemas

Hay noches en que el amor agoniza

 

Hay noches en que el amor agoniza

bajo el peso inconfundible de la soledad.

El dolor reúne los silencios

y con su abanico derrama

todas las estelas de los sueños rotos,

todas las nostalgias, todos los miedos.

 

Sólo el vuelo blanco de las palomas del alba

va deshaciendo lentamente el azulado lamento

mientras tus ojos buscan en los suyos

la caricia y la esperanza del rocío.

 

La noche tiene su simiente

 

La noche tiene su simiente, su ley,

sus raíces y arboladas hojas.

Su silencio perfuma el aire

con la ingravidez de las estrellas

y la hermosa soledad de la luna.

 

No he logrado

                                                     

                                                     En la arena la victoria dejó sus pies perdidos.

                                                        

                                                                Pablo Neruda

 

 

 

No he logrado dejar el barro de mis húmedas huellas,

ni siquiera puedo olvidar los campos donde el verde trigo se mece

en las mañanas que arrastra abril

y donde ya las amapolas se hacen eco de la vida.

Apenas puedo hablar, cuando mis ojos siguen las estelas de las olas

y se ilumina mi pequeño mundo con el azul desnudo del horizonte,

mientras las gaviotas siguen deshaciendo el silencio del océano.

Veo en los crepúsculos resquicios de un mundo que se abate ante mis ojos,

ardiente batalla, que nunca acaba, entre la luz y la sombra

creando renglones de majestad al lejano universo y a la cercana luna.

Todo en lo que habito trae en su mano el milagro,

palabras, silencios, amores, soledades

se desgranan ante la urdimbre de los años

y sólo el tiempo, infatigable, nos sucumbe con sus versos de arena.

Él siempre se olvida que de antemano tiene entregada la victoria.

 

Unas olivas negras

 

 

De mi infancia no hay ningún recuerdo

que me devuelva la fragancia de un limonero,

ni la fresca sombra de un patio

con el silencio compartido de su fuente.

Hay, si acaso calles en cuesta y empedradas,

otras de tierra y ciemo de las caballerías.

Había gatos que siempre se perdían al lado del brasero,

-aquello era frío en el invierno-

y una cadencia de mansedumbre

con que la pobreza alineaba los días.

Oigo todavía los gritos, las peleas con piedras,

duelen las cuqueras, los ronchones en las piernas,

el doloroso trabajo del campo con sus tareas milenarias.

Bendigo el descanso de las noches de verano sentados a la fresca

mientras los vecinos murmuraban sus sueños,

y recuerdo a las personas que se cruzaban ante mis ojos,

pobres buscadores de la vida, hombres de leyenda:

afiladores gallegos en sus herrumbrosas bicicletas,

vendedores ambulantes de peces de río gritando su mercancía

-¡ barbos, carpas, madrillas frescas! - buhoneros,

estañadores y reparadores de paraguas,

figuras oscuras de miradas centenarias

que los niños mirábamos con miedo,

vareadores de colchones de flexibles varas,

y vendedores de olivas

con sus capazos de cuerda colgados al hombro...

Retengo en mi memoria las sopas rojas de calabaza

y las meriendas, pan con vino y azúcar,

o con porciones de chocolate

terroso que me daba la abuela,

y las olivas negras de Belchite, relucientes,

comidas a pares porque traían buenos sueños.

 

Victor Juan compuso el otro día un post sobre las olivas negras que trajó a mi cabeza un montón de antiguas memorias.

No siempre puedo decirtelo con palabras

 

No siempre puedo decírtelo con palabras.

Hay silencios que arden como sarmientos en las noches calladas,

iluminados por la emoción que los contienen.

No siempre puedo tocarte con mis manos,

ni sentir tu piel, suave seda que empaña mi deseo.

Ni mis miradas, a veces, son tan claras y diáfanas

como la fuente de la que manan cuando mis ojos te miran.

Y aunque los besos que te doy son más voraces que otras veces

y parece que el aroma de un sueño tórrido los preceda,

el dolor, en esos días, me deshace con su abanico de piedra,

con su negro soplo me vierte en la penumbra

y ya no soy yo el que te ama, soy su sombra...

En esos días ten tu alma dispuesta a la vigilia

y tenme cobijo en tu regazo, amor, entregado a ti y a la noche.

 

 

Que poso de silencio

 

¡Que poso de silencio trae el agua

en su largo camino hacia el olvido!

Nacidas de la lluvia y la tormenta

mis huellas son húmedas palabras

que buscan todas las razones.

Me deshago en el tiempo,

poco a poco se apodera de mis ojos.

Mi mirada ya no es sólo mía

ya que su mano se une a mi lamento silencioso.

 

Tú estas sintiendo el beso

que mis labios te dan

en mitad de la callada noche

y juntos erizamos las olas

de este mar desplegado

con el poder de la pasión y del deseo,

entregados al juego inconstante del amor y de la vida.

Sin embargo, recuerdas

las luces de la infancia

y la eternidad inabarcable de las horas,

cuando soñabas con el amor de un hombre imposible,

y en cada rincón de tu nostalgia,

donde ensalzas la larga tibieza de los veranos

y el aroma marino que recorre tus venas,

comparas la realidad con las vanas ilusiones

que albergabas en tu cuerpo de niña.

 

Mientras nos besamos y somos uno solo

en la piel que nunca olvida los versos y las palabras,

nos disolvemos en el cercano pasado,

convirtiéndonos en polvo y arena en nuestra memoria.

Y somos sólo tiempo, amor,

tu cuerpo y el mío,

sólo tiempo indefinido en el largo amanecer.

 

Se despertará el huracán

 

Se despertará el huracán,

vendrá con tanta fuerza

que apenas quedarán nuestros nombres sujetos

a la fina sombra de nuestros cuerpos.

Todas las palabras se irán

arrastradas al fondo del recuerdo.

No seremos más que unas huellas de arena

donde buscar el jeroglífico,

o el acaso dormido de una hermoso verso,

hollados por las manos expertas del futuro.

 

Para Gavina...todavía queda mucho tiempo para el día del huracán.

He sido

 

He sido la urdimbre de la noche.

Entregado al salado sabor de tu boca

mi cuerpo ha olvidado el sueño,

se ha dejado tentar por tus labios

y el húmedo deseo que susurran.

.

Después de arder

 

Después de arder en las calles

como los crepúsculos

que deshabitan el horizonte,

tu cuerpo desnudo

reflejaba la luz

de la luna llena

y la ardentía

del mar océano,

 y en suntuosa ofrenda,

creciendo en el silencio de la noche,

ofreciste al deleite de mis manos

y al húmedo renacer de mis labios.

 

Dibujo

Dibujo

 

 

 

Dibujo en mi mente tu figura,

junto a aquellos días de verano

en las largas playas

que Cádiz nos dejaba.

Melena al viento,

blusa blanca,

falda ancha y azul

como el fondo

que el cielo te otorgaba.

Y el mar en tus ojos,

en tu risa,

entre todas las pecas de tu cuerpo,

entregada a mis manos de entonces

y siempre a la eternidad de mi recuerdo.

 

 

La imagen de una de playa de Cádiz se parece a mis recuerdos (la he encontrado en http://hoteles.muchoviaje.com)

 

De una manera

 

 

De una manera casi imperceptible

tus sueños me cubren

con el suave goce de tus manos,

y el reposo de tu cabeza sobre mi.

Inerte amor despojado en la noche,

silencio prendido a la penumbra

mientras susurra el aire cálido

que remueve tus labios.

Me deshace la ternura de tenerte,

y acaricio tus dedos

o rozo suavemente tu pelo...

¡te siento tan cerca y a la vez tan lejos!.

 

 

 

Te hubiera traido el mar

 

Te hubiera traído el mar,

el océano que azul se resistía

como un niño convencido

de que la tarde nunca tendría fin.

Sus olas eran pequeñas brisas blancas

que la arena esparcía

por mis pies, por mis manos, por mi piel.

Penetraban sus eternas preguntas en mi cuerpo

dejándome teñido de su aliento y su vigor,

adarce que ahora te entrego

en esta noche de susurros y ternura.

 

 

 

Cuerpo de mujer

 

 

Cuerpo de mujer, me entrego a ti,

en este valle de ámbar y misterio

y en tus blancas piernas

se recrean las colinas de mis sueños.

Grito, y la noche crece

bajo el manto perfecto

de la ciudad dormida

y el milagro de tus manos

tejiendo la luz.

 

Mis manos

 

Mis manos te han de servir

para recoger las lágrimas azules

que traes prendidas en el regazo del crepúsculo.

Cáliz de mi piel donde caben

todas las nostalgias,

todos los silencios,

todos los recuerdos,

todos los versos.

 

 

 

Rodéame

 

Rodéame con tu cuerpo,

que tu piel con mi piel se fundan,

que tus manos recorran mis sueños

y tus pies se hagan cálidos

como gatos entregados.

Cúbreme con la luz de tus ojos

y cántame con tu voz

la canción que el océano

trae en el nácar de las caracolas.

Ámame en esta noche

sierva de un viento oscuro,

en esta noche sin lunas ardientes

ni miradas desnudas,

sólo tú y yo albergando

como crisoles

los últimos racimos del sol.

Eternamente solos,

abandonados

al placer de los silencios.

 

 

Camino

Camino por el largo sendero de tus ojos

y allí, convencidos los verdes prados,

con la sangre roja de cientos de amapolas

me esperas alrededor de la brisa de la tarde

y el sueño perenne de un día de abril

Húmedas

Húmedas mis manos del transparente rocío

han seguido el afán encadenado de tu cuerpo.

Te has quejado por el arrebato de luz

que en ellas dejó la aurora,

y en un escalofrío has buscado

el regazo preciso que dibuja una caricia.

 

Derramada suerte en el vacío vaso,

todo es un naufragio de noches

con los fugaces desnudos de la luna,

y un quererte siempre, a cada instante,

en la pequeña eternidad de una marea.

Poema para Ybris

Se abre el día.

En las avenidas

todavía no se ha quebrado

el último verso de la noche,

y tu mano ya ha dejado su poso,

como un rocío de luz y de palabra.

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Pablo Neruda

Pablo Neruda

 

  

Poema SIEMPRE del libro "Los versos del Capitán"

 

Antes de mí

no tengo celos.

Ven con un hombre

a la espalda,

ven con cien hombres en tu cabellera,

ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,

ven como un río

lleno de ahogados

que encuentra el mar furioso,

la espuma eterna, el tiempo!

Tráelos todos

adonde yo te espero:

siempre estaremos solos,

siempre estaremos tú y yo

solos sobre la tierra,

para comenzar la vida!

 

*Imagen de Pablo Neruda realizada por Sara Facio - la tomé prestada del blog de Antón Castro.

Para Luisa

Lágrimas azules recorren el largo sendero del río

y tus ojos ya no son tus ojos,

son el eco de un duro lamento..

Si este curso de agua no fuera la vida,

ni yo estuviera sentado viendo pasar las horas

junto a ti, quebrada por la sombra de la tristeza,

te podría hablar con palabras de encendido estío

y rojas metáforas de los arrebolados crepúsculos

que hieren con su sangre el horizonte.

Te podría acariciar con versos

donde mis manos crecen hasta el cielo

y sostienen el paso lento de la luna,

donde mis labios susurran la humedad de los anhelos

y tu cuerpo es el viento que me arrastra y que respiro.

¿Pero qué decir de la sombra que arde

como un ángaro nocturno en tu interior oscuro?

 Hay que esperar a que el cálido silencio pase su mano,

y con el polvo de su voz sea cenizas,

dejándote el largo sendero del olvido

y otra nostalgia entregada en el arbolado del tiempo.

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