Un día
Un día recogeremos las gotas de la dicha,
perlado rocío, sudor en la piel entregada.
Haremos el grial del fulgor del tiempo
y en su crecido fuego
forjaremos los versos,
las luminosas palabras
que desnudarán la vida.
Un día recogeremos las gotas de la dicha,
perlado rocío, sudor en la piel entregada.
Haremos el grial del fulgor del tiempo
y en su crecido fuego
forjaremos los versos,
las luminosas palabras
que desnudarán la vida.
He dejado deshacerse mis palabras,
hablaban del largo camino del sarmiento
para llegar a mi
y ser encendido en el ángaro nocturno del otoño,
pero traían esa sensación del paso
imperturbable
de las estaciones y de la vida.
Y hoy quiero escribir algo alegre,
dejar esta contumaz nostalgia
que me hace impenitente fiel del recuerdo.
Sentir que hay deseos en que no anida el alma del olvido,
que no hay amor que siempre se deshaga,
ni pasión que vaya perdiendo la luz de nuestro cuerpo.
Hoy quiero desnudar la primavera,
esa hermosa mujer que sabe despertar
el viejo odeón con sus canciones
y que, derramada como la lluvia
sobre nuestros corazones,
abre un paréntesis de aromas, luces y colores,
que siempre nos ha de brindar
una brizna diminuta de felicidad.
Mañana...mañana será otro río
el que se lleve mis palabras y mis recuerdos.
Luces de la tarde donde se guarecen los ojos,
momentos de recoger todo lo que te da la vida,
una lejana música que se entorna
en el aire encendido y húmedo,
es ese instante de soledad amigable
cuando el tiempo en su escarceo se demora
y te regala esa pequeña felicidad
que a veces te despierta la ternura.
He visto un crepúsculo y un amanecer,
un amanecer y un crepúsculo
y entre ellos he paseado mi vida.
Como en los ojos de un puente
el río se deshace silencioso
y en ese acaso de perfil oscuro
mi mirada sólo ha buscado
el retorno de un sueño.
¿Quién quebró el aroma de las rosas?
No sé si estos rojos pétalos donde mis manos
han buscado el tacto de tu piel,
húmedo sueño en mi memoria,
asemeja el silencioso final de nuestra historia.
Tenemos ensortijadas hiedras y espinas
recorriéndonos el cuerpo,
hojas donde tu ternura escribió todos los sonetos,
cenizas envolviendo el aire
con las hermosas palabras que me acariciaban,
y este ramo de rosas tendido en el suelo,
viviendo la derramada soledad,
como tu último deseo de no verme.
No hemos de inventar un nuevo idioma
cada vez que tus manos
deshacen el desierto de mis sombras
con las flores y el aroma
que de tu cuerpo hacia mi emergen.
Siento la larga soledad
y ese lamento de lluvia que encadena.
Siento escaparse el tiempo
por el largo sendero de la noche
mientras los astros pálidos,
con su húmeda luz, callados vagan.
No, no hemos de inventar un nuevo idioma,
sólo abrirnos de nuevo
al mágico mundo de la ternura,
ese mundo que se entrega a ti,
todos los días,
entre los pliegues de cada atardecer.
Entregado a ti,
como en la noche
las sombras se delatan
ante el verbo ardiente de la luz,
mi cuerpo te ha buscado
en el largo transcurrir del día.
Te ha dejado notas y señales
en cada roce de mis manos.
Al encontrar tu silueta, tu cintura,
la piel que te da forma
por los rincones perdidos de la casa,
ha sentido una alegría,
un vuelco de caricias en cadena:
mi cuerpo ha buscado el único camino
que siempre le lleva a la ternura.
Entregado a ti
la noche es un milagro,
o quizás sólo el pretexto
para acogerte
y dejar que tu sueño
se rinda ante mis brazos.
Mientras en el silencio,
guarecida la luna,
sólo el tiempo se deshace.
Mi corazón te nombra,
cálido en su anhelo
te espera vigilante,
sintiendo en tu sueño
de su gran amor consuelo.
Rompe el río el sueño de ciudad
como si de sus ojos húmedos
sólo el silencio del agua
tuviera las palabras que nos faltan.
Quedan varadas y entregadas al tiempo
las barcas repletas de olvidos,
soledad en la añoranza
con la larga brisa
que a mis pasos trae
el aroma de las primeras flores de marzo
y todos los recuerdos.
Dejo hoy un poema que me ha regalado para el blog Luisa. La imagen reproduce un cuadro de Jorge Gay, titulado "La fatiga de los pájaros, XVI". Es un acrílico y en la realidad mide 80x80 cms.
Vengo a buscarte, amor, porque me pierdo
en el tráfico estéril y en el humo, en los bordillos
por donde el agua sucia se detiene.
Vengo tan asolada que llego a la tormenta
antes que a ti. Yo quería un rincón para quererte.
Miro entonces tu rostro como al cielo.
Recupero
la sombra y la frescura de las primeras lluvias,
la primera canción que fue caminata y susurro
en noches de verano.Y fue jardín
al sur de la melancolía, también de la tristeza
que empedraba las calles, que dejaba
su angosta cerradura en cada paso hacia adelante.
Vengo tan transparente
como una antigua hoja de papel de fumar,
al humo destinada igualmente que el sueño de la infancia
donde rondaban soles que eran risas por cualquier
tontería. Sólo quiero de nuevo lo más breve,
lo más fácil de oler y de tentar y de querer. Ábreme
tu rincón, tiéndeme en tus orillas que son tibias,
ponme sobre la boca un cintillo de nubes
con que hilar fácilmente las palabras. Y, si a pesar
de todo no prendiera en el día el fuego del ocaso,
deja que me adormezca al ritmo más amado
de tu corazón.
P.D. Y ved cómo a mi también me dedican poemas :)
Sigue en el rumor de las copas de los árboles
la vigilia luminosa del invierno.
No ha caminado entre las huellas de los días
el perfume inviolado de la primavera
y ya mis pasos se deshacen en el barro
y las primeras briznas de la hierba fresca.
Se vestirán todos los cerezos con la rosada de sus flores,
en cada rincón donde pueda crecer una rama
volteará la vida la imagen abandonada
en el prendido otoño de mi mirada oscura
y tú, siempre en el circulo de abril,
abrirás todas las ventanas al nuevo aire
y en las tardes el viento germinal esparcirá la luz,
entregada y amarilla, para cubrir
las últimas sombras del invierno muerto.
Como el viento, este viento solitario y tenaz,
recorro una extensa soledad, un páramo desnudo,
rodeado por todos mis recuerdos, todas las raíces de mi vida.
Quizás la tierra, árido y mudo desierto apelmazado,
en su silencio de abandonado monte
y en el crecido y olvidado vado,
donde el río se deshace en su corriente de tiempo,
guarde el color de la retama
y el incansable aroma del romero,
para entregarse al cielo azul y blanco,
buscando ese camino abierto que siempre te despierta
las ganas de viajar a cualquier parte,
a cualquier desconocido lugar del mundo.
Yo seré grano de arena encadenado
por este viento agraz,
cerraré los ojos
y pensaré que me he ido
diluyendo en las palabras
como un ladrón en medio de la noche,
sombra sin rumbo y sin destino,
para dejar sólo la huella de mi nombre,
poco a poco polvo, humo y olvido.
© fotografía 2006 José Antonio Melendo
Derramada nostalgia sobre las aceras de las calles
en la mañana donde los sueños dejan su poso.
Tras de mis huellas de solitario
se cierne un pensamiento,
un aroma derrotado por el humo
y apenas perceptible,
mientras, entregado a la belleza,
siempre asentada de la palabra,
y a este dolor, querencia de los versos,
en el recuerdo hermoso de la vida,
tengo la sensación de que tú sí que me comprendes,
y que a mi lado en este silencio ahumado del mediodía
cubres con la caricia de tu presencia y tu mirada
el largo olvido al que el puente nos conduce.
Si he elegido la terquedad de este silencio,
el largo apéndice de una mirada
y el lento crepúsculo de la tarde
como hábitat donde esconder mis emociones,
no es sólo por redimirme ante las palabras
y dejar este esbozo de mi mismo
como hombre vestido de nostalgia
-que también algo de eso debe haber-.
Es quizás porque el tiempo,
siempre vencedor de las batallas,
con su paso derrama la grisalla entristecida de la vida
y nos empapa de la aureola,
donde se despiertan todos nuestros miedos,
un susurro que como un escalofrío nos envuelve.
Así, el devoto beso de la intrascendencia,
la pequeña importancia de las cosas,
se hace cada vez más perceptible
ante el momento preciso del recuerdo.
Todo nuestro futuro es ser ceniza, humo, olvido,
en una palabra: nada más personal
que acaso unas lágrimas
y unas letras negras y sabias
en el fondo perdido de un periódico,
nuestro nombre expuesto al viento
y al deshojado bullicio de la actualidad.
Amo el ciclo preciso de los astros,
esa larga marea que en la noche
desciende sobre nosotros
y en su mirada azul y desprendida
nos trae el milagro de la luz y del silencio.
Toda la soledad del tiempo nos contempla,
trae heridas abiertas que todavía en el recuerdo duelen
y en sus manos de arena se deshacen
los sueños que desde niños nos trajo el horizonte.
Vienen sentidas las cosas diminutas,
los pequeños conflictos se rebelan
como grandes problemas,
erizados de espinas se yerguen y amenazan
y la vida se desprende de toda su magia
en un atónito y desdibujado olvido de si misma.
Yo sigo aquí, mirando este cielo impenetrable,
-casi he perdido el miedo al invierno-
mientras escucho la voz de los tambores
y en el pequeño latido de mi corazón
sigue creciendo el jardín
donde se asientan las últimas antorchas.
PD. Sirva este poema como homenaje a la mujer que hoy
ha estado leyéndome sus poemas hechos con la hondura
del sentimiento y la esperanza de la palabra: Paca Aguirre. poeta.
Cuando el olvido nos arrincone
y sólo seamos un montón de polvo y borra
humedecido por la larga aurora,
entre las esquina perdidas de las calles
seguiremos buscando un nuevo encuentro.
Con el recuerdo de nuestros labios
susurraremos los viejos versos,
aquellos que hablaban de la ternura
y del milagro de las noches estrelladas
y, aunque entonces sólo el silencio nos acompañe,
en el aire, y sin que nadie nos vea,
acariciaremos nuestras almas desnudas
mientras un aroma a romero arrastrará la brisa.
PD. Este poema quiero dedicarselo a tod@s los que escriben poesía y a tod@s los que leyendola sienten cualquier tipo de emoción.
Ya que no quieres escuchar lo que mis manos
entregadas a tu cuerpo te han dicho,
lo que mis labios desnudando tus miedos
han conseguido del sabor de tu piel,
deshazte de este sueño:
mándame al olvido, a ese territorio
donde encierras todo lo que rompe tus esquemas,
y acaba conmigo,
haciendo de mi palabra tu silencio.
Es hermoso oír la lluvia en el silencio abierto de la noche.
Se derrama el cielo en la penumbra
y oímos la cadencia de las ensortijadas gotas sobre los cristales.
Nada nos ha unido tanto como la lluvia
y el quehacer húmedo de su sueño.
Nuestro cuarto apenas es un pequeño velero
cruzando las estelas abandonadas del cielo,
pero no hemos dejado de sentir las olas
y el ritmo trepidante de la marea.
Tu cuerpo se deja llevar entre mis manos
y un ciego desorden de sábanas azules
donde el sabor salado despierta los sentidos.
Nadamos en el olvido, entregados,
buscándonos la boca y el contorno secreto
donde no existe espacio más que para la piel
y el lejano recuerdo de todas las señales.
Si esta noche la soledad se duerme en el salón
la lluvia despierta la música y las caricias
mientras un torrente de recuerdos
sigue devorando la ciudad.
No hay sólo el continuo rehacer de auroras
lo que nos une en el pequeño milagro
de conjugar el tiempo.
Todo lo que el universo nos otorga es un azar
en el que tu piel sigue sabiendo
a dulce ámbar y a canela
y tus caricias desbordan las horas,
entregados sarmientos de ternura
con que calentar tanto abandono.
No hay nada más importante que esto,
el resumen de un montón de cosas
que al abrir de nuevo los ojos iluminas,
dando significado y sentido a instantes fugaces
y simplificando en deseos los banales triunfos.
En esta torre y en su jardín,
las noches se duermen con el fulgor del fuego
y los entornados y blancos labios de la luna,
mientras siguen en el cielo
un sinfín de silenciosas luces.
Me derrumba este viento esquivo
donde se mecen a mi vista
undosas y crecidas hierbas grises
que rehacen la larga melodía
que en mi corazón deja la inconstancia.
He perdido el último recuerdo que guardaba de ti.
Quizás queden todas mis palabras prendidas en el viento,
los versos que en tu huida ardieron en la noche
y que en sus murmullos de pavesas el aire enrojecido,
poco a poco, convertía en ceniza y humo.
Sólo este lugar y estos días de marzo,
como un susurro que mi corazón no olvida,
traen el aroma y la sombra que tu cuerpo dejaba en el tránsito
de aquellos últimos crepúsculos de invierno.
© fotogrfía 2006 José Antonio Melendo.