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fernandosarria

Poemas

Un día

 

 

Un día recogeremos las gotas de la dicha,

perlado rocío, sudor en la piel entregada.

Haremos el grial del fulgor del tiempo

y en su crecido fuego

forjaremos los versos,

las luminosas palabras

que desnudarán la vida.

Oda a la Primavera

 

 

He dejado deshacerse mis palabras,

hablaban del largo camino del sarmiento

para llegar a mi

y ser encendido en el ángaro nocturno del otoño,

pero traían esa sensación del paso

imperturbable

de las estaciones y de la vida.

Y hoy quiero escribir algo alegre,

dejar esta contumaz nostalgia

que me hace impenitente fiel del recuerdo.

Sentir que hay deseos en que no anida el alma del olvido,

que no hay amor que siempre se deshaga,

ni pasión que vaya perdiendo la luz de nuestro cuerpo.

Hoy quiero desnudar la primavera,

esa hermosa mujer que sabe despertar

el viejo odeón con sus canciones

y que, derramada como la lluvia

sobre nuestros corazones,

abre un paréntesis de aromas, luces y colores,

que siempre nos ha de brindar

una brizna diminuta de felicidad.

Mañana...mañana será otro río

el que se lleve mis palabras y mis recuerdos.

Luces de la tarde

 

 

 

Luces de la tarde donde se guarecen los ojos,

momentos de recoger todo lo que te da la vida,

una lejana música que se entorna

en el aire encendido y húmedo,

es ese instante de soledad amigable

cuando el tiempo en su escarceo se demora

y te regala esa pequeña felicidad

que a veces te despierta la ternura.

He visto un crepúsculo

He visto un crepúsculo y un amanecer,

un amanecer y un crepúsculo

y entre ellos he paseado mi vida.

Como en los ojos de un puente

el río se deshace silencioso

y en ese acaso de perfil oscuro

mi mirada sólo ha buscado

el retorno de un sueño.

 

¿Quién quebró el aroma de las rosas?

 

 

¿Quién quebró el aroma de las rosas?

No sé si estos rojos pétalos donde mis manos

han buscado el tacto de tu piel,

húmedo sueño en mi memoria,

asemeja el silencioso final de nuestra historia.

Tenemos ensortijadas hiedras y espinas

recorriéndonos el cuerpo,

hojas donde tu ternura escribió todos los sonetos,

cenizas envolviendo el aire

con las hermosas palabras que me acariciaban,

y este ramo de rosas tendido en el suelo,

viviendo la derramada soledad,

como tu último deseo de no verme.

No hemos de inventar un nuevo idioma

 

 

No hemos de inventar un nuevo idioma

cada vez que tus manos

deshacen el desierto de mis sombras

con las flores y el aroma

que de tu cuerpo hacia mi emergen.

Siento la larga soledad

y ese lamento de lluvia que encadena.

Siento escaparse el tiempo

por el largo sendero de la noche

mientras los astros pálidos,

con su húmeda luz, callados vagan.

No, no hemos de inventar un nuevo idioma,

sólo abrirnos de nuevo

al mágico mundo de la ternura,

ese mundo que se entrega a ti,

todos los días,

entre los pliegues de cada atardecer.

Entregado a ti

 

 

Entregado a ti,

como en la noche

las sombras se delatan

ante el verbo ardiente de la luz,

mi cuerpo te ha buscado

en el largo transcurrir del día.

Te ha dejado notas y señales

en cada roce de mis manos.

Al encontrar tu silueta, tu cintura,

la piel que te da forma

por los rincones perdidos de la casa,

ha sentido una alegría,

un vuelco de caricias en cadena:

mi cuerpo ha buscado el único camino

que siempre le lleva a la ternura.

Entregado a ti

la noche es un milagro,

o quizás sólo el pretexto

para acogerte

y dejar que tu sueño

se rinda ante mis brazos.

Mientras en el silencio,

guarecida la luna,

sólo el tiempo se deshace.

Mi corazón te nombra,

cálido en su anhelo

te espera vigilante,

sintiendo en tu sueño

de su gran amor consuelo.

El río

 

 

Rompe el río el sueño de ciudad

como si de sus ojos húmedos

sólo el silencio del agua

tuviera las palabras que nos faltan.

Quedan varadas y entregadas al tiempo

las barcas repletas de olvidos,

soledad en la añoranza

con la larga brisa

que a mis pasos trae

el aroma de las primeras flores de marzo

y todos los recuerdos.

Final del día

Final del día

 

 

                   Dejo hoy un poema que me ha regalado para el blog Luisa. La imagen reproduce un cuadro de Jorge Gay, titulado "La fatiga de los pájaros, XVI". Es un acrílico y en la realidad mide 80x80 cms.

 

 

Vengo a buscarte, amor, porque me pierdo

en el tráfico estéril y en el humo, en los bordillos

por donde el agua sucia se detiene.

Vengo tan asolada que llego a la tormenta

antes que a ti. Yo quería un rincón para quererte.

Miro entonces tu rostro como al cielo.

Recupero

la sombra y la frescura de las primeras lluvias,

la primera canción que fue caminata y susurro

en noches de verano.Y fue jardín

al sur de la melancolía, también de la tristeza

que empedraba las calles, que dejaba

su angosta cerradura en cada paso hacia adelante.

Vengo tan transparente

como una antigua hoja de papel de fumar,

al humo destinada igualmente que el sueño de la infancia

donde rondaban soles que eran risas por cualquier

tontería. Sólo quiero de nuevo lo más breve,

lo más fácil de oler y de tentar y de querer. Ábreme

tu rincón, tiéndeme en tus orillas que son tibias,

ponme sobre la boca un cintillo de nubes

con que hilar fácilmente las palabras. Y, si a pesar

de todo no prendiera en el día el fuego del ocaso,

deja que me adormezca al ritmo más amado

de tu corazón.



P.D. Y ved cómo a mi también me dedican poemas :)

 

Viene la Primavera

 

 

Sigue en el rumor de las copas de los árboles

la vigilia luminosa del invierno.

No ha caminado entre las huellas de los días

el perfume inviolado de la primavera

y ya mis pasos se deshacen en el barro

y las primeras briznas de la hierba fresca.

Se vestirán todos los cerezos con la rosada de sus flores,

en cada rincón donde pueda crecer una rama

volteará la vida la imagen abandonada

en el prendido otoño de mi mirada oscura

y tú, siempre en el circulo de abril,

abrirás todas las ventanas al nuevo aire

y en las tardes el viento germinal esparcirá la luz,

entregada y amarilla, para cubrir

las últimas sombras del invierno muerto.

Como el viento

Como el viento

 

 

 

Como el viento, este viento solitario y tenaz,

recorro una extensa soledad, un páramo desnudo,

rodeado por todos mis recuerdos, todas las raíces de mi vida.

Quizás la tierra, árido y mudo desierto apelmazado,

en su silencio de abandonado monte

y en el crecido y olvidado vado,

donde el río se deshace en su corriente de tiempo,

guarde el color de la retama

y el incansable aroma del romero,

para entregarse al cielo azul y blanco,

buscando ese camino abierto que siempre te despierta

las ganas de viajar a cualquier parte,

a cualquier desconocido lugar del mundo.

Yo seré grano de arena encadenado

por este viento agraz,

cerraré los ojos

y pensaré que me he ido

diluyendo en las palabras

como un ladrón en medio de la noche,

sombra sin rumbo y sin destino,

para dejar sólo la huella de  mi nombre,

poco a poco polvo, humo y olvido.



© fotografía 2006 José Antonio Melendo

Nostalgia del domingo

 

 

Derramada nostalgia sobre las aceras de las calles

en la mañana donde los sueños dejan su poso.

Tras de mis huellas de solitario

se cierne un pensamiento,

un aroma derrotado por el humo

y apenas perceptible,

mientras, entregado a la belleza,

siempre asentada de la palabra,

y a este dolor, querencia de los versos,

en el recuerdo hermoso de la vida,

tengo la sensación de que tú sí que me comprendes,

y que a mi lado en este silencio ahumado del mediodía

cubres con la caricia de tu presencia y tu mirada

el largo olvido al que el puente nos conduce.

Postura filosófica

 

 

Si he elegido la terquedad de este silencio,

el largo apéndice de una mirada

y el lento crepúsculo de la tarde

como hábitat donde esconder mis emociones,

no es sólo por redimirme ante las palabras

y dejar este esbozo de mi mismo

como hombre vestido de nostalgia

-que también algo de eso debe haber-.

Es quizás porque el tiempo,

siempre vencedor de las batallas,

con su paso derrama la grisalla entristecida de la vida

y nos empapa de la aureola,

donde se despiertan todos nuestros miedos,

un susurro que como un escalofrío nos envuelve.

Así, el devoto beso de la intrascendencia,

la pequeña importancia de las cosas,

se hace cada vez más perceptible

ante el momento preciso del recuerdo.

Todo nuestro futuro es ser ceniza, humo, olvido,

en una palabra: nada más personal

que acaso unas lágrimas

y unas letras negras y sabias

en el fondo perdido de un periódico,

nuestro nombre expuesto al viento

y al deshojado bullicio de la actualidad.

Amo

Amo el ciclo preciso de los astros,

esa larga marea que en la noche

desciende sobre nosotros

y en su mirada azul y desprendida

nos trae el milagro de la luz y del silencio.

Toda la soledad del tiempo nos contempla,

trae heridas abiertas que todavía en el recuerdo duelen

y en sus manos de arena se deshacen

los sueños que desde niños nos trajo el horizonte.

Vienen sentidas las cosas diminutas,

los pequeños conflictos se rebelan

como grandes problemas,

erizados de espinas se yerguen y amenazan

y la vida se desprende de toda su magia

en un atónito y desdibujado olvido de si misma.

Yo sigo aquí, mirando este cielo impenetrable,

-casi he perdido el miedo al invierno-

mientras escucho la voz de los tambores

y en el pequeño latido de mi corazón

sigue creciendo el jardín

donde se asientan las últimas antorchas.

 

PD. Sirva este poema como homenaje a la mujer que hoy

ha estado leyéndome sus poemas hechos con la hondura

del sentimiento y la esperanza de la palabra: Paca Aguirre. poeta.

Cuando el olvido

Cuando el olvido nos arrincone

y sólo seamos un montón de polvo y borra

humedecido por la larga aurora,

entre las esquina perdidas de las calles

seguiremos buscando un nuevo encuentro.

Con el recuerdo de nuestros labios

susurraremos los viejos versos,

aquellos que hablaban de la ternura

y del milagro de las noches estrelladas

y, aunque entonces sólo el silencio nos acompañe,

en el aire, y sin que nadie nos vea,

acariciaremos nuestras almas desnudas

mientras un aroma a romero arrastrará la brisa.

PD. Este poema quiero dedicarselo a tod@s los que escriben poesía y a tod@s los que leyendola sienten cualquier tipo de emoción.

Ya que no quieres

 

 

Ya que no quieres escuchar lo que mis manos

entregadas a tu cuerpo te han dicho,

lo que mis labios desnudando tus miedos

han conseguido del sabor de tu piel,

deshazte de este sueño:

mándame al olvido, a ese territorio

donde encierras todo lo que rompe tus esquemas,

y acaba conmigo,

haciendo de mi palabra tu silencio.

Es hermoso oír la lluvia

 

 

Es hermoso oír la lluvia en el silencio abierto de la noche.

Se derrama el cielo en la penumbra

y oímos la cadencia de las ensortijadas gotas sobre los cristales.

Nada nos ha unido tanto como la lluvia

y el quehacer húmedo de su sueño.

Nuestro cuarto apenas es un pequeño velero

cruzando las estelas abandonadas del cielo,

pero no hemos dejado de sentir las olas

y el ritmo trepidante de la marea.

Tu cuerpo se deja llevar entre mis manos

y un ciego desorden de sábanas azules

donde el sabor salado despierta los sentidos.

Nadamos en el olvido, entregados,

buscándonos la boca y el contorno secreto

donde no existe espacio más que para la piel

y el lejano recuerdo de todas las señales.

Si esta noche la soledad se duerme en el salón

la lluvia despierta la música y las caricias

mientras un torrente de recuerdos

sigue devorando la ciudad.

No hay sólo

 

 

No hay sólo el continuo rehacer de auroras

lo que nos une en el pequeño milagro

de conjugar el tiempo.

Todo lo que el universo nos otorga es un azar

en el que tu piel sigue sabiendo

a dulce ámbar y a canela

y tus caricias desbordan las horas,

entregados sarmientos de ternura

con que calentar tanto abandono.

No hay nada más importante que esto,

el resumen de un montón de cosas

que al abrir de nuevo los ojos iluminas,

dando significado y sentido a instantes fugaces

y simplificando en deseos los banales triunfos.

En esta torre y en su jardín,

las noches se duermen con el fulgor del fuego

y los entornados y blancos labios de la luna,

mientras siguen en el cielo

un sinfín de silenciosas luces.

Cierzo

 

 

Me derrumba este viento esquivo

donde se mecen a mi vista

undosas y crecidas hierbas grises

que rehacen la larga melodía

que en mi corazón deja la inconstancia.

He perdido el último recuerdo

He perdido el último recuerdo

 

 

 

He perdido el último recuerdo que guardaba de ti.

Quizás queden todas mis palabras prendidas en el viento,

los versos que en tu huida ardieron en la noche

y que en sus murmullos de pavesas el aire enrojecido,

poco a poco, convertía en ceniza y humo.

Sólo este lugar y estos días de marzo,

como un susurro que mi corazón no olvida,

traen el aroma y la sombra que tu cuerpo dejaba en el tránsito

de aquellos últimos crepúsculos de invierno.



© fotogrfía 2006 José Antonio Melendo.