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fernandosarria

Poemas

Voy entre los verdes trigales

 

 

Voy entre los verdes trigales y las azuladas flores del lino,

como si un mar salvaje me llevará consigo,

se humedece el aire con la cercana tormenta

y en mis palabras como hojas de enredadera sales tú,

tejiendo los versos con invisibles hilos

entre tus manos sabias.

Debo alcanzar la luz,

el preciso enlace entre tu sonrisa y el atardecer,

desearte sólo es un lamento más

y tu piel y la mía se conocen tanto

que a veces los silencios germinan en mi boca

con el sabor marino del ámbar

haciendo de la noche un rumor incontestable:

la marea oceánica en su errático viaje recorre nuestra alcoba.

Tomados los días de uno en uno

Tomados los días de uno en uno

nos dejan entretenidas palabras

y un poso de taza de té

donde leernos en silencio.

Somos eso apenas,

sobre el fondo blanco de la porcelana,

unas sombras, los matices de un futuro

que nunca llegamos a descifrar

en nuestra continua búsqueda de un sueño.

Escribo sobre el agua

 

 

 

Escribo sobre el agua,

sobre la lluvia mansa y triste que me acoge,

dejo que las palabras se disuelvan

que sólo conserven su color,

el aroma impreciso de un sentimiento,

para cuando tu pases al lado de ellas,

y yo ya me haya ido,

notes el lejano rumor de mi voz.

.

Si la noche no fuera

Si la noche no fuera

una ciudad habitada

por todos los recuerdos,

sembraría las huellas del deseo

con la melodía

que enarbolan el viento y el fuego

en su amoroso baile

exaltado por la luz,

el calor y el desagradecido olvido.

Solamente he olvidado tu nombre

 

 

Solamente he olvidado tu nombre,

el rumor de tu cuerpo

se ha pegado a mis manos tibias.

El sensual recorrido de tu cintura

y el preciso desorden de la noche

me dejaron un sabor a fruta fresca

y un penetrante aroma a jazmín

que alargó el momento

hasta el violento y punible mediodía.

.

No he de amarte más

                                                             

                                                               "No he de amarte más,

                                                                quizás te he amado demasiado".

Renovado lamento en el surco de la noche,

no hay luz suficiente para sostener estas palabras

y sin embargo en tu adiós

queda la promesa de un incierto azar.

Se deshará nuestra sencilla unión,

basada en el rumor de tu cuerpo en mis manos,

ese sabor de prohibido deleite y pasión sin freno,

y en el crujir cadencioso del viejo sofá

en que nos hacíamos un ovillo de sueños.

Si he de hablar de mí

Si he de hablar de mí,

de esta sombra paciente

que mira el tiempo,

desgranado en mis canas,

con el dolor latente de lo irremediable,

y en el solitario olvido de casi todos

los que un día amé o me amaron

y se fueron desvaneciendo en mis recuerdos.

Si he de hablar de mí,

quizás merezca la pena

tomarnos en esa terraza

un descanso de sombra,

mirarnos a los ojos

y empezar por el principio

cuando en mi soledad sólo había mar....

Valoro en la amistad

Valoro en la amistad

el flujo continuo y los remansos,

esa naciente

e incomprendida ternura,

que a veces te asalta,

para dar un abrazo.

Y esa fatalidad de la muerte

cuando echas de menos

su voz y su palabra.

 




PD. Dedicado a todos vosotros/as, gracias por estar siempre ahí.

 

Que nadie nos conozca

Que nadie nos conozca.

Seamos las sombras que se ocultan en los muros.

Tú sigues perdiéndote entre los silencios

que nunca te delatan.

Yo sigo enfrentado al viento disperso

que me arrastra en su vorágine.

De este anonimato

hemos de saber robarle al tiempo

momentos que tu piel y la mía

harán inolvidables.

La primavera

La primavera siempre se rebosa en los matices,

despierta los sentidos al ritmo impreciso de sus días

y luego te abandona naufrago de una ría solitaria

en la que sólo el sueño y el deseo permanecen anclados

en el varado fondo de tu desilusión.

El remanso

 

 

¿Qué entregado suspiro guarda

entre las hojas muertas el olvidado remanso?.

Tengo en la tarde el imán de tu turbio y parado sendero,

él me lleva entre los venturados álamos

al desahogo de tu visión y tu abandono.

Serás el agua que nunca quiso irse

y echaste como raíces húmedas

el nuevo cuérnago de vida,

un hilo del río que te hace ser,

todavía, espejo imperturbable del cielo.

Después del aguacero

 

 

Después del aguacero, la mañana

es igual que la tarde que vendrá:

un soplo húmedo y gris que se agiganta

y vertebra el día en sus horas de lluvia.

Casi diría que estoy perdido, sonámbulo,

no reconozco estos tiempos atmosféricos

donde se ahuyenta el sol

y se disuelven los crepúsculos,

sólo hay una húmeda sombra que se desplaza

y ya prevemos que la noche se aproxima.

Mi llegada a casa se hace diferente,

enturbiado mi humor con un precipicio

de inquietantes sensaciones,

reúno el poco entusiasmo que me queda

para mirarte y desear que tu me mires...

en el silencio me reconforto,

ese momento salva todas las pequeñas frustraciones,

ese momento desvela los centímetros de vida

que todavía le quedan al día.

De tus manos han crecido las hiedras

 

 

 

De tus manos han crecido las hiedras,

quizás el verde sueño de ti

me hace verte alzándote

como enredadera sobre mi cuerpo.

Erguido sobre la noche indómita

llegas a mi todos los días                       

y en tus labios se somete la palabra,

el verso se disuelve,

en el quebrado gemido

que las horas nos reservan.

No hay más palabras

 

 

 

Cabe la posibilidad de que no existan más palabras

que puedan expresar las cosas.

Que toda la sencillez se vuelva retórica.

Todo está ya dicho de antemano

y para hablar de sentimientos puros, de la amistad,

de la convivencia, de la soledad,

de la desesperación o del amor carnal,

tendremos que hablar con el calor de las manos,

piel con piel en el ámbar de la noche,

con las miradas que nos delaten

y los silencios crecidos como ríos.

No guardemos más lo usado,

aquello que nuestros poetas han hecho y deshecho

con la habilidad creadora que les era innata,

puede ser que a nosotros ya no nos sirva,

el tiempo arrastra todos los significados al olvido.

Si me levanto con el crepitar de la mañana,

en este abril desnudo de matices,

y te encuentro de nuevo junto a mi,

sólo me queda en el silencio mirarte

y abrazarte con los ojos.

Tú seguro que entiendes bien

-siempre entiendes bien-

lo que yo guardo para tu corazón.

Escribamos pues este libro de poemas,

páginas sin palabras,

sábanas blancas donde refugiarnos

y recrear el mundo de sensaciones,

en que no existan ni Neruda,

ni García Montero, ni Sabines,

ni Cernuda, para reconocernos

sólo tú, yo y el azar

de nuestro entregado encuentro.

Existe esa región

 

 

Existe esa región, esa geografía

en que lo humano se transforma

y pasamos de hablar el idioma de los amantes,

alma y corazón entregados a la palabra,

a dejarnos acariciar en cada lugar perdido

donde el placer nos hace y nos deshace

henchidos del dolor del ansia y del anhelo.

Tus manos han recorrido mi cuerpo

y encontrado el oscuro lugar

donde el temblor erizaba mis cabellos,

y las mías abrieron en ti

el largo abanico del deseo,

calmado tras un abatido

vuelo de palomas torcaces.

Así, nada que en el otro mundo,

el de las palabras, nos encare

quedará impune en éste.

Tu cuerpo y el mío se conocen,

tus labios y los míos

ya han poseído el rincón azul

donde se guarece la noche.

Tus manos, mis manos,

tus dedos, mis dedos,

se han consagrado a indicar

el largo camino de la vida,

el sendero donde nace la ternura.

Desde ese mar

 

 

Desde ese mar que sólo existe

en mis recuerdos de la infancia,

cuando andaba solitario

por las arenosas dunas,

y a lo lejos,

barcos pequeños,

de colores desvaídos,

tendidos al sol,

dormitaban en el sueño de la tarde,

se relamían con las olas entregadas,

mientras los pescadores

rehusaban con sus gritos y sus risas

sucumbir en el tiempo y su condena.

Desde ese mar, que ahora sigo viendo,

todavía me habla el horizonte

con ese susurro que ya entonces,

me abría el alma.

Este sueño

 

 

 

Este sueño abierto a la tormenta,

sendero de amapolas

y verdes racimos de esperanza,

tiene entre sus hojas

el vuelo sublime de gaviotas

y el incansable amanecer de las palomas.

No hay mayor deseo que el mar,

quizás tú seas su única rival a mi deseo,

pero pasear por este bosque

con el fondo azulado de las olas

desgasta la felicidad

hasta el extremo de odiar el tiempo.

El tiempo, que pasa inexorable

y todo lo disuelve como arena

de una playa abandonada,

entre sus manos de polvo y olvido.

En este dolor

 

 

En este dolor de suave terciopelo

que en desnudo verso

convierte mi lamento,

se adormece el recuerdo,

recoge el hombre triste que me habita,

quebrado por el río inaccesible

y el rumor del viento de la tarde.

Abril me mira

Abril me mira

 

 

 

Abril me mira desde el bosque ondulado de tus ojos,

con el verde redondo e imposible

con que germina en las dehesas

y en los campos de trigo y de cebada

que en mi niñez deshacía corriendo a la deriva.

Así ahora me parece que entro en tus ojos

y me pierdo rodeado de toda tu mirada

y siento la caricia que entonces yo buscaba.

 

La larga sombra

 

 

La larga sombra de la desilusión se erige ante nosotros

como el elevado humo de un cigarro abandonado.

Llueve débilmente sobre las calles de la ciudad habitada

y no se muestra la crecida luna ante nuestros ojos

perdida en el devenir incestuoso de las nubes.

Todo será como al principio entre los dos,

cada uno deshará el círculo de tiempo que le rodea

para acercarse al otro con el desnudo preámbulo de las miradas

y el pequeño nerviosismo del conocido fracaso,

pero hay todavía un poco de ternura entre los dedos

y una fe en la entrega de cada día,

en el rumor que la vida deja en lo cotidiano,

después vendrá encender el fuego

y en las palabras y en la piel escribir la historia.