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fernandosarria

Poemas

Casi todo lo que poseo

 

 

Casi todo lo que poseo

puede ser arrastrado por el olvido,

nada hay entre mis manos

que el tiempo no consuma,

nada puede tener más valor que lo fugaz.

¿Cabe una mirada en el hueco de tu ternura?

¿Es posible que en tu piel la noche

se haga un murmullo,

y en el cálido regazo de tu vientre

la eternidad apenas importe?

Sé que del rumor de las hojas

se van desprendiendo las palabras,

que el ocaso trae un sinfín de sombras,

y que las huellas de la lluvia,

 el humo y la ceniza

desharán algún día

lo que hoy mi corazón te entrega.

Más sin este temblor,

sin esta duda,

sin saber para cuando ni hasta cuando,

el pequeño e inmenso valor de mi emoción,

apenas sería el canto predecible

de lo que la aurora le devuelve a la noche,

apenas nada.

Se ha puesto a crepitar

 

 

Se ha puesto a crepitar el largo horizonte de las azules perlas

y mi corazón se ha encontrado con tu ausencia,

un rastrillo abandonado sobre la arena infértil

y en la sombra que dan los álamos

las huellas inequívocas de mi desolación.

Ondea el día en las banderas de la luz

 

 

Ondea el día en las banderas de la luz

y se eleva sobre el azul indómito de nubes

el viaje infatigable de Venus.

Tú te resistes a ser de nuevo tú,

entregada a las sábanas,

en un mar de sueños y pasiones de algodón,

desnuda, agotas los últimos instantes,

enhebrando poco a poco el día a tu mirada.

Pronto el verde reflejo de los bosques acudirá a ti

para iluminar el sendero que siempre me acerca a tu boca,

y las pocas caricias que hayamos podido reconstruir

se unirán buscando el calor de una corta y silenciosa despedida.

Anatomía de ti - 4

Anatomía de ti - 4

 

Cubro el mar, recorro la arena

que resiste sus avatares y embestidas,

y en el horizonte difuso de la tarde

unas huellas revelan mi destino.

Llegar a ti, desde el rincón oscuro

donde rehago mis palabras,

encontrarte en el último respiro

que el atardecer guarda,

todo es el milagro de la espera

por el que mi corazón camina.

Alondras de pequeños pasos

y largas escapadas,

tus pies persiguen el universo y los astros

mientras la noche se hace eterna,

mano a mano en la caricia.



* © fotografía 2007 Miguel Angel Latorre

En el hueco del alba

 

 

En el hueco del alba todavía cabe una caricia...

¿por qué te niegas a darla?

Si puede estar quieta la felicidad

 

si puede estar quieta la felicidad,

                                                         si puede volverse de piedra el amor.

                                                         Convierte en estatuas el día y el mar...

(Silvio Rodríguez)

 

 

Si en el hueco de tu mirada cabe el contraluz de mi cuerpo desnudo,

perdido instante en que tu sonrisa altera el rumbo de mis recuerdos.

Si así como en el aire todavía se oyen las canciones lejanas de mi juventud

y en el universo herido de nostalgias se yerguen las luces de los astros,

cabe la posibilidad que este momento casi mágico entre tú y yo

no se pierda jamás y quede eterno en la hojarasca del tiempo,

piedra esculpida a golpe de las mareas,

entregadas al amor de las islas,

a este desvarío de mundos

donde encendemos la luz de la noche,

como si nunca más existiera el futuro,

como si nunca más existiera el día.

                   

Inacabada

 

 

Inacabada.

Entre nosotros

nunca nuestra relación

ha sido completa.

A lo largo del tiempo

hemos huido el uno con el otro,

cayendo una y otra vez

en el regazo cálido del deseo,

y en la penumbra de las sábanas

donde nadie hace preguntas,

piel y anhelo cotizan en la bolsa del silencio.

Difícil levantarnos a diario

y entender que juntos,

nuestros proyectos,

apenas nos alcanzan al mediodía.

De nuevo despertar

 

 

Abría ardido como un sarmiento

en el murmullo azaroso de tu boca,

salado y dulce presagio de futuros escalofríos,

alcohol del cointreau con que me rociaban tus labios,

vertido del húmedo reflejo de tu cuerpo

desnudo en el azulado vaso,

pero sólo el silencio de un nuevo fracaso

me hizo despertar, tú entregada en mis brazos

y yo sintiendo la desolación del amanecer.

Anatomía de ti - 3

Anatomía de ti - 3

 

  

 

Tus manos son pequeñas mariposas

que anidan en el aire:

trabajan el ritmo de las cosas,

rehaciendo el rostro de mi mundo

y el verde camino de las enredaderas.

El milagro de la palabra se dispara

en los renglones escritos por tus manos.

Tus manos acallan las estrellas,

tienen el color de las lunas

y el volátil viaje de las palomas del recuerdo.

Desembarcan en mi cuerpo y lo conquistan,

lo recorren por todos los senderos olvidados.

Tus manos son frontera y recogida,

ardiente llamada y cálido regazo

en el que alimentar las esperanzas y la vida.




© fotografía 2007 Miguel Angel Latorre

 


Hay tardes abandonadas

 

 

Hay tardes abandonadas al rumor de las luces y del viento

y en ellas somos casi como personajes de un cuadro de Hopper,

sentados sobre la desolación

apenas nos queda campo de maniobra

para resarcirnos de esta sensación que nos arrastra.

Sí, escuchamos con su voz desgarrada

las notas de un blues de Sarah Vaughan

o las de Dinah Washington llevándonos lejos,

como si zarpar al mundo azul de la música nos redimiera

de la atonía de un atardecer de ahogados silencios.

Al final siempre nos queda volver a recogernos

en la mutua comprensión y desde la azotea

ver crecer en el horizonte un nuevo crepúsculo,

mientras la ciudad habitada se diluye en las sombras

y en nuestro desierto vuelve a arder el fuego.

Para Manuel Vilas

 

 

Para Manuel Vilas que en sus manos sujeta el ancla del Actur.

 

No hay más lluvia inacabada que sustente la noche.

De un extremo a otro del horizonte se quebró la línea

en su eterno deshacer de rojas y permeables nubes

y vino de repente la penumbra en su odisea navegable.

Queda el rumor desencantado de los cansados niños

y el juego prematuro de los jóvenes amantes;

queda un rincón de lunas habitado por silencios

y la etérea pero palpable ropa blanca,

que aterida en su humedad se deja acompasar por la brisa.

Hay viejos marinos oteando el mar,

desde las azoteas de su improvisado castillo de proa

escriben sus bitácoras de desolación

y engendran rutas entre los lejanos astros

a las que nunca se atreverán a ir.

Entregados a sus sueños zarpan,

siguiendo el sendero del último relámpago.

Casi nadie recala en su partida,

pero hay noches que se les ve alumbrar el cielo

con el largo eco de sus palabras.

Entre tus dedos camina el mundo

 

 

Entre tus dedos camina el mundo

con las palomas del amanecer.

Blanca aurora de sábanas,

enhebradas a tus manos

se hace el misterio un rocío

donde el deseo acaricia el alma.

Anatomía de ti: dos

Anatomía de ti: dos

 

 

Si eres polvo que con el viento dirimes la batalla,

y me cubres cuando paso

con el bello poema de tu nombre,

arcilla roja deshaciéndote en mis labios:

por eso te amo.

Si eres agua de manantial del cielo,

lluvia derramada sobre mi corazón desnudo,

húmedo silencio buscando el arco iris:

por eso te amo.

Si eres dulce ámbar,

cuerpo abierto a mis tormentas,

caricia vestida en el azul de tu silueta:

por eso te amo.

Te amo, entregada a la palabra

o perdida y ensimismada

en el milagro diario de un largo atardecer,

rosa florecida de cada crepúsculo.

Por eso te amo.

 



© 2007 fotografía Miguel Angel Latorre

Se esconde tu nombre

 

 

Se esconde tu nombre

en el rumor del viento

y se vuelve incierto aroma

mientras el mediodía se engrandece.

Con el dolor de tu ausencia

se acelera en mi piel tu recuerdo,

como si en el aire

minúsculas partículas de ti

me atravesaran

y me llamaran lejos,

para buscarte detrás de las colinas,

junto al último vestigio azulado del horizonte.

La soledad es un abanico



 

La soledad es un abanico de encuentros perdidos,

crecidas arenas de un desierto perenne,

allí, en la región donde habito,

tú ya sólo eres una huella,

un pequeño oasis de ternura

donde volver de vez en cuando

la mirada y el recuerdo,

el último jardín antes de partir.

Anatomía de ti: uno

Anatomía de ti: uno

 

 

En el azul horizonte eres la gaviota,         

el ruiseñor en el alba dormida,

la fugaz estrella en la oscura noche.

De tu boca renacen los sarmientos,

las uvas perdidas del estío,

el vocablo exterminador de la tristeza,

el quejido que alumbra un presagio de dolor,

el austero silencio imperturbable a la lluvia.

En tu boca nacen y mueren

las grandes y pequeñas lunas

que a diario me persiguen.



* © 2007 fotografía Miguel Angel Latorre


*El poema pertenece a "Anatomía de ti", publicado en el último número de El Cronista de la Red


Anatomía de ti: introducción

Anatomía de ti: introducción

 

 

 

Este sueño me une a ti por vínculos de fuego,

nacido en los rojos atardeceres

cuando el sol que declina te da vida,

haciendo de ti

el arrebol fragante de la noche.

Todo tu cuerpo me deshace

en el juego de quiebros y de búsquedas,

desde el florido ámbar protegido

hasta el suave deleite de tu pelo.

Eres la reina en el laberinto,

el hilo conductor que me transforma,

el aroma y el dulce sabor

que el adarce de tu piel

lleva siempre conmigo.



*© 2007 fotografía Miguel Angel Latorre


*Poema introductorio de "Antomía de ti", publicado en el número-versión 14.0 de El Cronista de la Red


No has de tener

 

 

No has de tener más amor que el de tu sueño,

el que colgado de tus ojos cerrados

busca entregarse a tus manos de luna

y así morir cada noche

en medio de un reguero de luz y de deseo.

.

No hay heridas más dulces

 

 

No hay heridas más dulces

que los besos de tu boca,

ni cicatrices en mi cuerpo

como los largos y oscuros senderos

con que tus dedos iluminaron mi piel.

Casi sólo recuerdo el sabor de tus pechos,

la calida marea de tu recóndito ópalo,

el ansia desmedida

en que se hundían los silencios

y cómo un escalofrío recorría mi alma

al oírte nombrar en esos momentos mi nombre.

Aunque en el hueco de mi derrota

Aunque en el hueco de mi derrota

 

 

 

Aunque en el hueco de mi derrota,

como almas en pena,

quedan las tristes palomas

que abrigan la tarde,

no sólo sirve de refugio

donde los sueños se desvanecen,

a veces, como un recóndito paisaje

de encendidas luces,

viene la sombra de un amor

y deja cálidas reseñas

para aliviar la noche.



© 2007 fotografía José Antonio Melendo