Mis mejores deseos para todos.
Mis mejores deseos para todos.
Nuevamente de Luis García Montero en su libro POESÍA (1980-2005) en la Pág. 407 el poema titulado AMOR: Las palabras son barcos y se pierden así, de boca en boca, como de niebla en niebla. Llevan su mercancía por las conversaciones sin encontrar un puerto, la noche que les pese igual que un ancla. Deben acostumbrarse a envejecer y vivir con paciencia de madera usada por las olas, irse descomponiendo, dañarse lentamente, hasta que a la bodega rutinaria llegue el mar y las hunda. Porque la vida entra en las palabras como el mar en un barco, cubre de tiempo el nombre de las cosas y lleva a la raíz de un adjetivo el cielo de una fecha, el balcón de una casa, la luz de una ciudad reflejada en un río. Por eso, niebla a niebla, cuando el amor invade las palabras, golpea sus paredes, marca en ellas los signos de una historia personal y deja en el pasado de los vocabularios sensaciones de frío y de calor, noches que son la noche, mares que son el mar, solitarios paseos con extensión de frase y trenes detenidos y canciones. Si el amor, como todo, es cuestión de palabras, acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma.
Buque mercante turco de tres palos, con popa muy elevada. (R.A.E.)
No sé en que línea de tu mano andan mis recuerdos, ni donde has dejado olvidado el sabor de mis labios. Presiento en tu cuerpo vencida la llama. La batalla cercada por el frío. Un recorrido largo de oscura soledad y el silencio en los poros de tu piel con todas las palabras derramadas. Las caricias de tus dedos, sueños de guitarras que sonaban, eran marejadas de olas y el deleite de mis ojos ciegos, ahora tan apenas se demoran en mi pelo como si el aire fatigase tus anhelos. Tengo un fuego abatido por tu boca y de esas errantes cenizas, sólo hoy me queda, el amargo sabor de la derrota y tu mirada, alejada y perdida, como arrastrada por la blanca barca de la luna.
(Para Marisa L. Mi cariño y mi agradecimiento).
En este mar undoso de palabras profundas,
donde tú y yo nos reunimos
al compás de las noches y los días,
no se quiebra la luz
ni se cae el universo de su esfera.
Pero sólo la suave caricia de una rosa,
el aroma impreciso que en el aire navega
y deja su frágil figura enaltecida
como la intangible verdad
que une los versos,
crean los lazos que nos atan al silencio,
a la soledad compartida en sus mareas
y que a veces sus aguas nos derrama
como el fruto de un desconocido anhelo.
Por eso, tengo mi mano abierta.
Sube a la proa de mi barca,
juntos iremos hacia el horizonte conmovido
por todos los poetas que lo han dibujado
y que han escrito poemas nacidos al amparo de su abrigo.
Allí, una sonrisa siempre te está esperando.
*©2006 fotografía José Antonio Melendo.
Rosal silvestre. Especie de caracol pequeño que se pega a los fondos de los buques. (R.A.E.)
Anidan mis palabras en la soledad y en el derrocado intento de la tarde de sobrevivir ante el imperio de la sombra. Ella ha sido el último peldaño derribado de mis sueños, como humo vencido por el viento se ha ido, ha dejado el hueco calido de sus ojos entre los últimos latidos del sol, y alojada en mis pensamientos se ha alejado, lentamente, como siempre se marchan los recuerdos, revestidos con el color de una piel y con el sabor agridulce de una boca. Estela derramada de una ausencia, transparente historia de un adiós.
De Luis García Montero en su libro Poesía (1980-2005) una gran antología, el poema: "La ausencia es una forma del invierno". Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve, como ese mismo invierno que hiela las canciones cuando la tarde cae en la radio de un coche, como los telegramas, como la voz herida que cruza los teléfonos nocturnos, igual que un faro cruza por la melancolía de las barcas en tierra, como las dudas y las certidumbres, como mi silueta en la ventana, así duele una noche, con ese mismo invierno de cuando tú me faltas, con esa misma nieve que me ha dejado en blanco, pues todo se me olvida si tengo que aprender a recordarte.
Quisquilloso. (R.A.E.)
Fuego IV
Soy fiel reflejo de tu abandono,
mi deseo de ti ilumina la noche.
No me queda más esperanza
que el dulce recuerdo de tu boca
y la nostalgia de tu cuerpo,
mientras sigo ahogándome
en el océano frío y profundo
de tu indiferencia.
© 2006 fotografía Miguel Angel Latorre.
De su poema Martes y Letras de Luis García Montero, en la pagina 374 de su antología (1980-2005) , los últimos versos...
La poesía es la voz del que se sabe
vivo y mortal, lo dice Blas de Otero,
y en conclusión, señores, el poema
no nace del esfuerzo de hablar solo,
es la necesidad de estarle hablando
a una silla vacía.
Imán, mineral. (R.A.E.)
Has crecido a lo largo de la noche, como en un mar se abre paso la tormenta. Así me has encadenado al devenir de tu cuerpo. Cruzada la mañana con el ligero rescoldo del sol, vierten tus ojos los silencios. Son eslabones perdidos de la bruma, jirones de una noche de azabaches que descansan en mi piel y en el roce descuidado de tus manos. Se escapa el aire y su aroma, siguiendo tus pasos. Sólo me queda el sabor a ceniza, el volátil humo, el ardiente recuerdo que en las horas deja el eco de nuestros deseos.
En ese mar ondeado por el vuelo del silencio
en el que el azul es un oscuro demiurgo,
que en su susurro te arrastra
al fondo de la soledad,
anida la luz,
ardentía marina,
soplo que ilumina tus ojos,
branza que une tu alma
con invisibles hilos
a este rincón del mundo.
© 2006 fotografía José Antonio Melendo
Cubierta fija o móvil, a modo de tejadillo, con que se cierran las escotillas en algunos buques. Tugurio, chiribitil, desván. Cantina, puesto público donde viven bebidas y algunos comestibles. En Ecuador, Puesto de vendedor ambulante, que lo sitúan en los soportales para vender sus chucherías. En Perú, cobertizo para resguardarse de la intemperie. (R.A.E.)
De esta luz que inunda la penumbra del mar como un calido rayo que te nombra en la lengua iluminada del agua, salen los últimos miedos y se yerguen los silencios, mientras nuestros ojos se acostumbran a esperar el instante en que nos vemos.
El que escribe poesía no tiene que sentir siempre el sentimiento de sus palabras, sino que tiene que tener la capacidad de crear las emociones para los ojos de los demás.
Siento el hueco calido de tu mano olvidada entre las mías al pasar a mi lado, la huella tibia de tu cuerpo abandonada entre las sábanas revueltas en la aurora o el beso húmedo de tus labios, roce presuroso en el adiós de la mañana, como una herida abierta en mi boca.
Escarcha. (R.A.E.)
De Manuel Vilas, poeta, en su libro "Resurrección", el poema en prosa "Mujeres". Editorial, Visor. 2005
No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillaje y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces. Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena. En muchos países las lapidan. En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir. Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa, y trabajan en las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan cuando mueren a manos de los hombres.