Cerúleo
Aplicase al color azul de cielo despejado, o de la alta mar o de los grandes lagos. (R.A.E.)
Aplicase al color azul de cielo despejado, o de la alta mar o de los grandes lagos. (R.A.E.)
Javier Torres, telefonólogo e inquieto amigo, siempre anda reclamando relatos y textos que hablen de móviles para su blog. Hace unos días le envié un breve cuento, que él titulo "Encuentro posible". Al tiempo que le agradezco su aprecio al texto, dejo aquí el enlace por si queréis acercaros a la casa de Javier.
¡Cuantas noches te acercaste a mí sin yo saberlo!
Y me susurraste tus misterios
con palabras cruzadas
de humedad y olvido.
Tú me entregabas en las olas
todos los signos del agua
mientras yo sólo veía
un fluir de extraviados sueños.
¡Como no supe que en el mar de mi infancia
estaban ya escritas todas las respuestas!
© 2007 fotografía Miguel Angel Latorre
Como el viento, este viento solitario y tenaz,
recorro una extensa soledad, un páramo desnudo,
rodeado por todos mis recuerdos, todas las raíces de mi vida.
Quizás la tierra, árido y mudo desierto apelmazado,
en su silencio de abandonado monte
y en el crecido y olvidado vado,
donde el río se deshace en su corriente de tiempo,
guarde el color de la retama
y el incansable aroma del romero,
para entregarse al cielo azul y blanco,
buscando ese camino abierto que siempre te despierta
las ganas de viajar a cualquier parte,
a cualquier desconocido lugar del mundo.
Yo seré grano de arena encadenado
por este viento agraz,
cerraré los ojos
y pensaré que me he ido
diluyendo en las palabras
como un ladrón en medio de la noche,
sombra sin rumbo y sin destino,
para dejar sólo la huella de mi nombre,
poco a poco polvo, humo y olvido.
© fotografía 2006 José Antonio Melendo
Derramada nostalgia sobre las aceras de las calles en la mañana donde los sueños dejan su poso. Tras de mis huellas de solitario se cierne un pensamiento, un aroma derrotado por el humo y apenas perceptible, mientras, entregado a la belleza, siempre asentada de la palabra, y a este dolor, querencia de los versos, en el recuerdo hermoso de la vida, tengo la sensación de que tú sí que me comprendes, y que a mi lado en este silencio ahumado del mediodía cubres con la caricia de tu presencia y tu mirada el largo olvido al que el puente nos conduce.
Tacaño, miserable. (R.A.E.)
De Juan Antonio González Iglesias su poema "Rara vez la belleza es subversiva"
Rara vez la belleza es subversiva.
Rara vez la hermosura
es calidad moral.
Sólo en el equilibrio
cuando ya no es belleza transmitida
y
todavía no es belleza transmisible,
cuando
es sólo mensurable con las manos
de otro. Y aun así
no siempre el brote nuevo el miembro nuevo
recibe el sorprendente
regadío
de la savia rebelde.
Rara vez la hermosura
alcanza cualidad de delincuencia.
Pero cuando sucede
¿cómo no estremecerse ante el milagro
de la mirada peligrosa, el guiño
que el instinto ha enseñado, la cultura
y la naturaleza en alianza,
movidas a esplendor dentro de un cuerpo?
Fuera también del cuerpo. Sobre el mundo.
A la vez luminosa y destructiva
la hermosura del héroe
como el rayo
como viva señal de lo divino.
Si he elegido la terquedad de este silencio, el largo apéndice de una mirada y el lento crepúsculo de la tarde como hábitat donde esconder mis emociones, no es sólo por redimirme ante las palabras y dejar este esbozo de mi mismo como hombre vestido de nostalgia -que también algo de eso debe haber-. Es quizás porque el tiempo, siempre vencedor de las batallas, con su paso derrama la grisalla entristecida de la vida y nos empapa de la aureola, donde se despiertan todos nuestros miedos, un susurro que como un escalofrío nos envuelve. Así, el devoto beso de la intrascendencia, la pequeña importancia de las cosas, se hace cada vez más perceptible ante el momento preciso del recuerdo. Todo nuestro futuro es ser ceniza, humo, olvido, en una palabra: nada más personal que acaso unas lágrimas y unas letras negras y sabias en el fondo perdido de un periódico, nuestro nombre expuesto al viento y al deshojado bullicio de la actualidad.
Amo el ciclo preciso de los astros,
esa larga marea que en la noche
desciende sobre nosotros
y en su mirada azul y desprendida
nos trae el milagro de la luz y del silencio.
Toda la soledad del tiempo nos contempla,
trae heridas abiertas que todavía en el recuerdo duelen
y en sus manos de arena se deshacen
los sueños que desde niños nos trajo el horizonte.
Vienen sentidas las cosas diminutas,
los pequeños conflictos se rebelan
como grandes problemas,
erizados de espinas se yerguen y amenazan
y la vida se desprende de toda su magia
en un atónito y desdibujado olvido de si misma.
Yo sigo aquí, mirando este cielo impenetrable,
-casi he perdido el miedo al invierno-
mientras escucho la voz de los tambores
y en el pequeño latido de mi corazón
sigue creciendo el jardín
donde se asientan las últimas antorchas.
PD. Sirva este poema como homenaje a la mujer que hoy
ha estado leyéndome sus poemas hechos con la hondura
del sentimiento y la esperanza de la palabra: Paca Aguirre. poeta.
Cuando el olvido nos arrincone y sólo seamos un montón de polvo y borra humedecido por la larga aurora, entre las esquina perdidas de las calles seguiremos buscando un nuevo encuentro. Con el recuerdo de nuestros labios susurraremos los viejos versos, aquellos que hablaban de la ternura y del milagro de las noches estrelladas y, aunque entonces sólo el silencio nos acompañe, en el aire, y sin que nadie nos vea, acariciaremos nuestras almas desnudas mientras un aroma a romero arrastrará la brisa. PD. Este poema quiero dedicarselo a tod@s los que escriben poesía y a tod@s los que leyendola sienten cualquier tipo de emoción.
Cantidad de lana que una persona puede coger con los dedos. (R.A.E.)
No va con segundas.
Ya que no quieres escuchar lo que mis manos entregadas a tu cuerpo te han dicho, lo que mis labios desnudando tus miedos han conseguido del sabor de tu piel, deshazte de este sueño: mándame al olvido, a ese territorio donde encierras todo lo que rompe tus esquemas, y acaba conmigo, haciendo de mi palabra tu silencio.
El próximo día 15 a las siete y media de la tarde y en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales se realiza un recital poético a cargo de la poeta Francisca Aguirre siguiendo el programa de poesía en el campus. Os adjunto un poema. Ítaca ¿Y quién alguna vez no estuvo en Ítaca?
¿Quién no conoce su áspero panorama,
el anillo de mar que la comprime,
la austera intimidad que nos impone,
el silencio de suma que nos traza?
Ítaca nos resume como un libro,
nos acompaña hacia nosotros mismos,
nos descubre el sonido de la espera.
Porque la espera suena:
mantiene el eco de voces que se han ido.
Ítaca nos denuncia el latido de la vida,
nos hace cómplices de la distancia,
ciegos vigías de una senda
que se va haciendo sin nosotros,
que no podremos olvidar porque
no existe olvido para la ignorancia.
Es doloroso despertar un día
y contemplar el mar que nos abraza,
que nos unge de sal y nos bautiza como nuevos hijos.
Recordamos los días del vino compartido,
las palabras, no el eco;
las manos, no el diluido gesto.
Veo el mar que me cerca,
el vago azul por el que te has perdido,
compruebo el horizonte con avidez extenuada,
dejo a los ojos un momento
cumplir su hermoso oficio;
luego, vuelvo la espalda
y encamino mis pasos hacia Ítaca.
David Mayor en su libro EN OTRA PARTE Diferencia y repetición Hay noches cerradas a la fuerza de la voluntad en que las palabras se desprenden de la boca como un tren que se va dejando el andén vacío, una calma de retorcidas ramas negras. Hay noches que no sabes si viajas en el tren.
Es hermoso oír la lluvia en el silencio abierto de la noche. Se derrama el cielo en la penumbra y oímos la cadencia de las ensortijadas gotas sobre los cristales. Nada nos ha unido tanto como la lluvia y el quehacer húmedo de su sueño. Nuestro cuarto apenas es un pequeño velero cruzando las estelas abandonadas del cielo, pero no hemos dejado de sentir las olas y el ritmo trepidante de la marea. Tu cuerpo se deja llevar entre mis manos y un ciego desorden de sábanas azules donde el sabor salado despierta los sentidos. Nadamos en el olvido, entregados, buscándonos la boca y el contorno secreto donde no existe espacio más que para la piel y el lejano recuerdo de todas las señales. Si esta noche la soledad se duerme en el salón la lluvia despierta la música y las caricias mientras un torrente de recuerdos sigue devorando la ciudad.
Desolación.
Cruzo el largo puente
donde sólo las miradas se encuentran.
Me acerco al territorio deshabitado de tu cuerpo,
para sentir el surco de tus manos
-quebrado paréntesis del tiempo-,
el dolor de las ausencias y el recuerdo.
Páramo azulado donde habita el olvido
y el eco de todas mis palabras
-grisallas devoradas en el silencio-
es arrastrado por un río sin rostro.
Así te veo, esperando,
tan sola como todos nosotros,
como un pequeño pájaro
en el asidero de mis brazos,
en el abandonado sueño de mi vida.
© fotografía 2007 Miguel Angel Latorre
Aplicase a las mieses que al tiempo de segarlas están algo verdes y correosas. (R.A.E.)
Imagen de los Pirineos, tomada hoy desde el alto de Monrepós, al mediodía.
Luisa cuenta la historia legendaria de estas montañas, recreada por Chema Lera.
No hay sólo el continuo rehacer de auroras lo que nos une en el pequeño milagro de conjugar el tiempo. Todo lo que el universo nos otorga es un azar en el que tu piel sigue sabiendo a dulce ámbar y a canela y tus caricias desbordan las horas, entregados sarmientos de ternura con que calentar tanto abandono. No hay nada más importante que esto, el resumen de un montón de cosas que al abrir de nuevo los ojos iluminas, dando significado y sentido a instantes fugaces y simplificando en deseos los banales triunfos. En esta torre y en su jardín, las noches se duermen con el fulgor del fuego y los entornados y blancos labios de la luna, mientras siguen en el cielo un sinfín de silenciosas luces.
Ángel González en su libro 101 + 19 = 120 poemas de la colección Visor Muerte en el olvido Yo sé que existo porque tú me imaginas. Soy alto porque tú me crees alto, y limpio porque tú me miras con buenos ojos, con mirada limpia. Tu pensamiento me hace inteligente, y en tu sencilla ternura, yo soy también sencillo y bondadoso. Pero si tú me olvidas quedaré muerto sin que nadie lo sepa. Verán viva mi carne, pero será otro hombre --oscuro, torpe, malo-el que la habita...