¿Quién?
¿Quién ha disparado los sueños, los imprecisos derroches de palabras, el lamento de una guitarra entre las manos de un anónimo cantor?
¿Quién ha disparado los sueños, los imprecisos derroches de palabras, el lamento de una guitarra entre las manos de un anónimo cantor?
Otoño III
Derrotado mi canto
como un pájaro
en el crepúsculo,
hay palabras que arrastran
su melodía rota.
Deshecha la armonía,
sólo la noche iluminada
vigila con sus azules ojos
el quebrado paso de mi vida.
© 2006 fotografía Miguel Angel Latorre
Rosario de uno o tres dieces. Hipocresía, astucia (tener muchas camándulas). Camáldula (Orden monástica fundada por S.Romualdo en el s. XVI bajo la regla de S.Benito en la Toscana. (R.A.E.)
Tuvimos la ciudad entregada al ritmo indolente de nuestros pasos. Nadie nos conocía, y nuestras figuras eran sombras que apenas inquietaban. Toda la ciudad entregada al sutil resplandor de tu mirada, como una extensa llanura de milagros.
De David González y su libro REZA LO QUE SEPAS de editorial Eclipsados, el poema AZUL, CASI TRANSPARENTE :
Soy un ángel,
le dijo una voz al oído.
Ella, Tralalá,
dio un respingo,
luego volvió la cara
le miró de refilón. Después,
dejó la copa sobre la barra,
se dio la vuelta y le miró.
Todos le miramos.
Hasta la camarera,
que dejó lo que estaba haciendo
(poner los vasos a recudir)
para mirarle a los ojos, que eran
azules, casi transparentes.
Soy un ángel.
Está mal que yo lo diga,
pero es la verdad :
sí que lo parecía, parecía
un ángel talmente, un ángel
de catecismo, de estampa.
Iba de blanco. El cabello,
dulce.
La mirada, ya lo he dicho:
azul, casi transparente.
Era un ángel.
Solo le faltaban las alas. Bueno
y el aro,
el aro también, sobre la cabeza.
Soy un ángel.
Tralalá
cogió su copa y dio un sorbo y luego,
señalándole con el vaso, nos dijo:
Que me está contando este capullo,
este manguta,
que es un ángel.
Lo soy.
Entonces, Tralalá,
ya no pudo aguantarse más
y se empezó a descojonar.
Era una risa desdentada,
desagradable y degradante:
al ángel
le cortó,
metafóricamente hablando,
las alas,
y otra cosa también...
y a nosotros, tuvo la facultad
de devolvernos
a la vida real:
domingo,
dos de la tarde,
en el bar sin fin,
de doblete,
de drogas hasta las cejas,
anajabados
y con una galla
que se lo hacía con quien fuera
con tal que la invitasen
a un tiro de farlopa ......
En otras palabras: todo
menos ángeles.
Notas de autor:
Tralalá: El nombre es un homenaje a Hubert Selby Jr. y su novela "Última salida para Brooklyn"
Anajabados : Sin dinero
Galla : Lumi
Farlopa: Cocaína
Callejón, calleja, callejuela. (R.A.E.)
De esta fuente seca
surgió la fuerza de mi amor
y el deseo inabarcable por tu cuerpo.
Hoy, al contemplarla,
enhebra el aire ecos de otros tiempos,
pero el viento ya no trae tu nombre,
sólo sal y arena prendidas a mi alma.
© 2006 fotografía José Antonio Melendo.
Semilla de noche, tu mirada guarda el silencio que arrastra la lluvia. Y sin embargo, siempre me habla de azules sueños, donde caben todas las palabras y se encienden todas las estrellas.
Mohoso, tomado del orín. (R.A.E.)
De Magdalena Lasala en su libro "Los nombres de los cipreses que custodiaron mi ruta" el poema "El sueño de Firenze": Contemplaba iluminados tus ojos En aquellas tardes de invernadero. Firenze salía al recuerdo con luces ocres sobre sus puentes. Eras bello, bello sobre mis risas dulcificado tu perfil a contraluz dentro del coche conduciendo a ningún sitio. La tierra endurecida nos recibía secretamente felices agradecida de nuestras presencias que la hacían feliz a ella. Le prestábamos algo de la hermosura que nos sobraba durante unas horas.
De Carlos Bozalongo en su libro "Los dichos de la mano", dos poemas: Blancaflor Callamos Mis dedos hablan Mientras bebo de tu boca El licor de tus palabras ---------- Silencio Para cuando no me oigas Mis dedos tejen Este tapiz de dichos Esta oscura anatomía Del decir Este juego de manos Del pensamiento.
Bebida alcohólica hecha con zumo de tuna brava o colorada y azúcar. (R.A.E.)
Otoño II
Vengo de la espera
y mis susurros
los arrastra el viento.
Entregado a la lluvia,
en el barro de tus sendas
mis huellas
se acumulan,
convirtiendo
mi paso
en una larga
despedida.
© 2006 fotografía Miguel Angel Latorre.
Casi te he vencido
en la lucha continua
de olvidarte.
Tendido en el regazo
que me ofrece el alba,
veo alejarse tu sombra
siguiendo el largo reguero
de la huidiza noche.
Rescoldo. (R.A.E.)
Siento el humilde llanto de la lluvia,
de esa luz que se escapa en cada gota,
un clamor silencioso que me llama
desde que el cielo se abandona.
Dicese del ciclo lunar equivalente a un período de 76 años, ideado por el astrónomo griego Calipo para corregir, cuadriplicándolo, el áureo número. (R.A.E.)
Aún guarda el otoño
el aroma perfecto de la vida.
Recorres en silencio
los solitarios campos,
oyes el trino de los últimos pájaros,
mientras el viento húmedo
te arrastra
con un escalofrío,
y en el horizonte
el azul se desborda
en violentos grises.
Pero no importa,
las flores buscan en tus ojos
una cálida mirada,
el rincón del recuerdo
donde vivir eternamente.
Accidente atmosferico que enturbia el aire y suele producirse por vapores de agua. (R.A.E.)
De esta derrota
no hemos abierto
ningún camino nuevo.
Tú y yo,
hemos sido vencidos
por el tiempo,
la atonía,
o el mero placer
de llevarnos la contraria.
© 2006 fotografía José Antonio Melendo