Cándalo
Rama seca. Por extensión tronco seco especialmente el del pino. (R.A.E.)
Rama seca. Por extensión tronco seco especialmente el del pino. (R.A.E.)
No habrá derrota detrás de la pasión. Todo nuestro silencio lo hemos sudado entregados a la humedad de la caricia. Apenas mis labios se han abierto sólo para abrigar tu cuerpo con el cálido aroma de mi boca. No habrá reproches ni lágrimas rodeando nuestra alcoba, mis manos se han saciado de palabras y han escrito en tu piel los últimos versos de la noche. No habrá más que esperar, unidos por todos nuestros vínculos, enigmático milagro que no destruye el tiempo, la llegada perpetua de un nuevo día.
En medio del océano, la noche no es noche, es un augurio de oscuridad suprema y un murmullo de olvidadas sensaciones. Palabras, gestos y miradas creciendo en tu piel al ritmo lento de las mareas, un sueño húmedo donde las olas son el eco de tu conciencia.
Nuevamente de Pablo Neruda de su libro "Los versos del Capitán" el poema titulado "El tigre": Soy el tigre. Te acecho entre las hojas anchas como lingotes de mineral mojado. El río blanco crece bajo la niebla. Llegas. Desnuda te sumerges. Espero. Entonces en un salto de fuego, sangre, dientes, de un zarpazo derribo tu pecho, tus caderas. Bebo tu sangre, rompo tus miembros uno a uno. Y me quedo velando por años en la selva tus huesos, tu ceniza, inmóvil, lejos del odio y de la cólera, desarmado en tu muerte, cruzado por las lianas, inmóvil en la lluvia, centinela implacable de mi amor asesino.
Otoño V
Será el vino
fecundo y aromático elixir
en nuestros labios ávidos.
Ahora es soledad,
gemido de viñas dolidas
a las que el brumoso otoño
deshoja su vida.
©2006 fotografía Miguel Angel Latorre
Yo no soy nada, si acaso un suave gozne de la oscuridad.
Guardan las estrellas enigmas que en las noches azuladas nos susurran.
Taburete pequeño de estrado. (R.A.E.)
Cabía la esperanza en el mero deleite de tu sonrisa inquieta. Hurgábamos el azul sosegado que enmarcaba el horizonte, mientras los barcos, poco a poco, traían sus estelas de gaviotas y sus bodegas llenas de sueños hasta el minúsculo puerto, que empezaba a despertar al ritmo ronco de las sirenas.
Musa, deidad de la poesía. (R.A.E.)
Recorre las horas una sombra silenciosa, un verso herido entre las mareas del océano. Tu eres la luz de un faro secuestrada por mis manos, pidiendo con tu lamento ser, de nuevo, el beso perfecto que ilumine el horizonte de la noche.
Dejo abierto el camino de la tarde, trae siempre un aire a nostalgia conocida.
Sueño y soledad, nada hay ya de ti en mis estantes.
Mascarilla o antifaz. Capillo de lienzo que ponen prendido a los niñospara que tengan derecha la cabeza. (R.A.E.)
Otoño IV
Es como el sueño eterno.
Miro los campos vestidos
de ocre al amanecer.
Se atisba la sabara
encadenando las viñas
y el rojo sosegado
de una tierra dormida.
*© 2006 fotografía Miguel Angel Latorre.
Descansillo, meseta o rellano de la escalera. (R.A.E.)
Hemos reconstruido nuestros sueños y el mundo sigue girando en su silencio ocre. Cabe tu mano en mi pecho, piel con piel, apenas somos una sombra entregados al fuego del deseo. Como si una caricia hablara, tengo todas tus palabras escritas a lo largo de mi espalda, y lágrimas azules han nacido al paulatino paseo de tu mano por todos los rincones de mi cuerpo. Así nos descubrirá el alba, tendidos, iluminados por la ardentía nocturna que en nuestro lecho dejo la noche.
De César Antonio Molina, en su libro "El fin de Finisterre", Torre de Hércules: En la noche siega la hierba de oro. Siluetas perdidas viven de su vida, como yo, y las estrellas fugaces que van cual surco abierto en la espuma del mar tras los buques. Se diría que su ojo, al que ilumina la esperanza, también brilla eterno en la otra orilla.
En mi adiós camina el último refugio de la noche. No hay sombras perennes que no sueñen en que un día llegará hasta ellas el hermoso y dulce beso de la luz .
Compañia antigua de la legua, compuesta ordinariamente de cinco hombres y una mujer que cantaba. (R.A.E.)
Nota. No penseís que he escrito la palabra legua y quería decir lengua.
Antón Castro, escritor y periodista, presenta hoy en Madrid su libro Golpes de mar, editado por Destino, en su colección "Áncora y Delfín". Recoge 16 relatos escritos, como el mismo Antón Castro ha contado, a lo largo de muchos años. De veintitrés años. Es un libro, pues, sin duda vivido y será necesario revivirlo en la lectura. Su autor ha dejado que nos asomemos a esos relatos a través de algunos fragmentos que nos ha regalado en su blog: El paseo de la viuda; Ballenas; Una lección de fotografía; Alba de Deus; El jardín después de la lluvia. Todos de hermosos títulos. Y en todos apunta esa colmatación del lenguaje que sólo el tiempo y la mirada atenta consiguen finalmente.
La editorial nos cuenta ésto del libro: "Un libro ente los relatos y la novela que indaga en el alma de unos personajes surcados por la mar, la soledad y el amor. Este libro es mucho más que historias de mar, de personajes recios y sensibles, de amores y de vidas saturadas de salitre. Traspasa el relato de naufragios, de esperas y de redes. Golpes de mar es un conjunto de relatos que rota en torno a una población pesquera de las costas coruñesas en el que los personajes pasan de un relato a otro, ganando o perdiendo protagonismo, y nos dejan ver unas entrañas que Antón Castro desmenuza con alta pericia literaria. Con un estilo desnudo y sin superfluos afeites, Golpes de mar está tejido con una prosa de contundencia conmovedora y de una belleza deslumbrante. "
Buena andadura, pues, a Golpes de mar y a su autor.
(Este texto está hecho al alimón con Luisa Miñana, Pandeoro)
Tela antigua para forrar los vestidos. (R.A.E.)