Clepsidra
Reloj de agua. (R. A. E. )
Reloj de agua. (R. A. E. )
He de dejar paso a la tarde.
Que rápido se diluye el tiempo,
las horas, los días, las estaciones,
se nos escapan del aljibe
en un murmullo casi imperceptible y continuo de agua.
Sin más razón aparente
que el deber de la memoria,
tenemos que ir acumulando emociones:
fotografías de personas, viejas cartas,
libros dedicados con la pesada fecha escrita
y un sinfín de lugares, rostros, palabras
y tantas risas y lágrimas de amores y desdichas
que en el desván de los recuerdos se acumulan,
ahogando, entre fardos de polvo,
todos los antiguos sueños.
© 2007 fotografía Miguel Angel Latorre
Tomados los días de uno en uno nos dejan entretenidas palabras y un poso de taza de té donde leernos en silencio. Somos eso apenas, sobre el fondo blanco de la porcelana, unas sombras, los matices de un futuro que nunca llegamos a descifrar en nuestra continua búsqueda de un sueño.
Será el final de este mes, la lluvia que siendo sincero me deja su alargada mano húmeda y diluye mi mirada o que el mundo de mi alrededor anda revuelto y no me entero, pero me encuentro con situaciones de personas a las que estimo y a las que por mi negligencia o por estar sólo pensando en mi mismo no llego a entender, o causo más problemas o enfados que los que ya tenían consigo mismas…puede que me derrote abril, será lo más seguro, pero sintiendo en el alma estas pequeñas situaciones que he creado pido disculpas a aquellas personas que se sientan heridas por mi falta de tacto, lo cual voy a remediar comentando lo mínimo posible en otros blogs por lo menos durante algún tiempo.
El poeta y narrador Manuel Vilas acaba de abrir blog, y parece que la cosa promete. De momento un buen post sobre Raymond Carver, y seguro que va a más. ¡Bienvenido a la blogesfera, Manuel!.
Escribo sobre el agua, sobre la lluvia mansa y triste que me acoge, dejo que las palabras se disuelvan que sólo conserven su color, el aroma impreciso de un sentimiento, para cuando tu pases al lado de ellas, y yo ya me haya ido, notes el lejano rumor de mi voz. .
Me trajo a la memoria mi amiga Libertad una canción, que hoy casi hubiera preferido no recordar, pero los recuerdos son como los trenes si estas cerca de una vía siempre pasa alguno por delante. Ojalá de Silvio Rodriguez Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo ojalá que la luna pueda salir sin ti ojalá que la tierra no te bese los pasos Ojalá se te acabe la mirada constante la palabra precisa la sonrisa perfecta ojalá pase algo que te borre de pronto una luz cegadora un disparo de nieve ojalá por lo menos que me lleve la muerte para no verte tanto para no verte siempre en todos los segundos en todas las visiones ojalá que no pueda tocarte ni en canciones Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado ojalá que el deseo se vaya tras de ti a tu viejo gobierno de difuntos y flores Ojalá se te acabe la mirada constante la palabra precisa la sonrisa perfecta ojalá pase algo que te borre de pronto una luz cegadora un disparo de nieve ojalá por lo menos que me lleve la muerte para no verte tanto para no verte siempre en todos los segundos en todas las visiones ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
León Felipe en "Ganaras la luz" el poema: HAY DOS ESPAÑAS Hay dos Españas: la del soldado y la del poeta. La de la espada fraticida y la de la canción vagabunda. Hay dos Españas y una sola canción. Y esta es la canción del poeta vagabundo: Soldado, tuya es la hacienda, la casa, el caballo y la pistola. Mía es la voz antigua de la tierra. Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo... Más yo te dejo mudo... ¡mudo! Y ¿cómo vas a recoger el trigo y a alimentar el fuego si yo me llevo la canción?
Cristal de roca, en cantos rodados, que se talla imitando el diamante.
De Pablo Neruda poema VI de "Cien sonetos de amor" En los bosques, perdido, corté una rama oscura y a los labios, sediento, levanté un susurro: era tal vez la voz de la lluvia llorando, una campana rota o un corazón cortado. Algo que desde tan lejos me parecía oculto gravemente, cubierto por la tierra, un grito ensordecido por inmensos otoños, por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas. Pero allí, despertando de los sueños del bosque, la rama de avellano cantó bajo mi boca y su errabundo olor trepó por mi criterio como si me buscaran de pronto las raíces que abandoné, la tierra perdida con mi infancia, y me detuve herido por el aroma errante.
Abierto el ópalo, tus ojos entristecen mis más largos y sentidos sueños.
Poema de Marta Navarro titulado “Los días y la nieve”
Atardece en la colina de tus labios.
El húmedo viento de abril
nos devuelve
las horas perdidas,
los días furtivos,
todo el amor incautado
sin previo aviso.
Atardece,
y son las cálidas
huellas del deseo
las que abren manantiales
y fronteras de fuego.
Murmullos de jade recorren caminos
largo tiempo inescrutables.
Atardece,
y en tus labios empieza la aventura.
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade
Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto igualdade
O povo é quem mais ordena
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Grândola, villa morena
Tierra de fraternidad
El pueblo es quien mas ordena
Dentro de ti, oh ciudad
Dentro de ti, oh ciudad
El pueblo es quien mas ordena
Tierra de fraternidad
Grândola, vila morena
En cada esquina un amigo
En cada rosto igualdad
Grândola, villa morena
Tierra de fraternidad
Tierra de fraternidad
Grândola, villa morena
En cada rosto igualdad
El pueblo es quien mas ordena
La sombra de una encina
De la que no sabía la edad
Juré tener por compañera
Grândola, tu voluntad
Grândola, tu voluntad
Juré tener por compañera
Lla sombra de una encina
De la que no sabía la edad
Si la noche no fuera una ciudad habitada por todos los recuerdos, sembraría las huellas del deseo con la melodía que enarbolan el viento y el fuego en su amoroso baile exaltado por la luz, el calor y el desagradecido olvido.
El hermoso día del libro llenó de personas el Paseo de la Independencia, familias enteras con sus hijos visitaban los puestos de las librerías y de las editoriales. Yo arrastrado en la tarde por ese afán quise comprar libros de los poetas de la Semana Última de Poesía de Zaragoza, lastimosamente no encontré ninguno, es posible que no fuera el sitio ni el momento, ¿pero entonces cuál lo es?, después de un momento tan importante para la nueva poesía parecía que entre tanto libro cabrían los libros de estos poetas. Seguiré el rumor de Internet para como dice una amiga continuar siendo “poeta de la red”, aquí sólo hay que escarbar un poquito y enseguida fluyen los poemas de todos.
PD. Como únicos casos, he de destacar, estaban los de la Editorial Eclipsados y la Editorial Olifante, que yo viera, claro.
En la FNAC de ZARAGOZA 19h30 del día 25 miércoles, Magdalena recitará poemas de su nuevo libro y de sus anteriores obras.
De David Mayor en su libro EN OTRA PARTE Z-1972-BC (EPÍLOGO) De esa luz de ciudad que ha robado la noche al cielo debería salir, irme de tu nombre y de tu viaje, ocultarme en las perseidas de agosto, hacia el invierno de los sitios nuevos, hacia otra parte.
Solamente he olvidado tu nombre, el rumor de tu cuerpo se ha pegado a mis manos tibias. El sensual recorrido de tu cintura y el preciso desorden de la noche me dejaron un sabor a fruta fresca y un penetrante aroma a jazmín que alargó el momento hasta el violento y punible mediodía.
Persona que pasa el tiempo yendo y viniendo, sin hacer cosa de provecho. (R.A.E.)
"No he de amarte más, quizás te he amado demasiado". Renovado lamento en el surco de la noche, no hay luz suficiente para sostener estas palabras y sin embargo en tu adiós queda la promesa de un incierto azar. Se deshará nuestra sencilla unión, basada en el rumor de tu cuerpo en mis manos, ese sabor de prohibido deleite y pasión sin freno, y en el crujir cadencioso del viejo sofá en que nos hacíamos un ovillo de sueños.