Destrona el día
Destrona el día su paso desgarrado
y en lluvia silenciosa se rebela.
Nada queda del estío,
de su mano
sólo el vago recuerdo
de tu estancia,
y el ramillete de olorosas flores secas
que ondea
entre mis pequeños recuerdos.
Destrona el día su paso desgarrado
y en lluvia silenciosa se rebela.
Nada queda del estío,
de su mano
sólo el vago recuerdo
de tu estancia,
y el ramillete de olorosas flores secas
que ondea
entre mis pequeños recuerdos.
La noche exprime su llanto de lluvia
y su canción de oboe
es un lamento nocturno en el eco del aire.
¡Fértil luna! deshaces la penumbra
y deshilachas
los deseados contornos
de su silueta amada.
Azul bendecido por los astros
que se derrama ante tu albar reino.
Pero llega con derrumbado sigilo
la hora temible del silencio,
lento conticinio que nos desnuda el alma
con su húmeda mano,
dejándonos el frío sabor de la carama.
Por fin he podido ver hoy "Borradores". En el programa se incluye un bonito reportaje sobre Jorge Gay y su estudio. He recordado que un par de números atrás de El Cronista de la Red publiqué allí un poema dedicado al pintor, ilustrado con la imagen de uno de sus cuadros. Reproduzco aquí ahora ambos.
Me encuentra la noche
siguiendo la sombra triste
de un ciclista huidizo
y allí estaba el sueño ocre
de un caballo del silencio,
un perro de mirada perdida
o el imposible pescador azul.
Y sin embargo en tus tardes,
en el eterno mayo,
los abismos son paisajes diarios
donde las floristas duermen en las calles
y los marineros se enamoran de las montañas
llegando tras largos viajes
al reposo y a la quietud...
Y es verdad,
todo puede siempre recomenzar,
ya que detrás de todo estás tú
abriendo al mundo tu imaginación.
Sendero perdido,
tu cuerpo me aniquila.
Llego desde el borde
indefinido de los sueños,
y en tus senos
encuentro
el dulce aroma de las rosas.
Serenata de luna,
tu piel blanca
se hace noche
entregada
a la canción de mis manos.
Aljibe donde saciar la sed.
Oasis en tiempo de desiertos.
Y aún así,
deshago las arenas
para encontrar tu sonrisa,
y germinas el alba
en la luz de una mañana eterna.
¿Qué versos no usarán los amantes
para conseguir la dulce caricia,
el húmedo racimo de secuestrados besos,
la incontenible avalancha de pasiones?.
Todavía hay huecos por donde mana la luz,
para que tú y yo hagamos un reino
lleno de palabras nuevas.
Despierta la luna el oro de la noche
y sus monedas al caer se dispersan,
como la lluvia en el invierno,
bordando de luz la oscuridad infinita.
¿Quë hombre no querrá amasar la fortuna
que la ventura ofrece?
Mas el ciclo de la luz es prisionero,
escrito está su camino en el tiempo,
y en las manos ansiosas el oro se hace polvo,
blanco y perdido sueño del codicioso y necio;
oro en el corazón ardiente
de quienes saben hablarle a la luna
y amar con su silencio a la noche.
Quiebro la dulce sombra de los cedros,
el paisaje bucólico que se pierde en el bosque,
y sigo por este sendero pedregoso
que rodea tu corazón.
La soledad transmite una luz especial
y en esta tarde sin limites
me alejo de ti,
soy estrella fugaz sucumbiendo en la noche.
No te olvidaste del verde color
del trigo en primavera.
Ni del olor
húmedo y fecundo
que arrastra la tormenta.
Del sabor desnudo
del alba en el desierto,
con la tierra prendida
en un polvo rojo y milenario.
De aquellas noches,
tras los largos crepúsculos de julio,
en que la luna, mineral herido,
iluminaba con su haz tu rostro.
Te olvidaste de mí,
de mí y del amor sin limites
que yo te profesaba,
de mí,
del único que perduraba
en todos tus sueños.
Somos crisol de sombras
en el círculo del fuego,
surgimos de la estrecha rendija
donde la luz se escapa.
Somos un sueño.
Somos las palabras,
ángora en la noche,
metáfora infinita
deshaciendo el invierno.
Somos un sueño.
Este poema se lo dedico a todos los amig@s de los blogs., aquellos que me dejan mensajes y aquellos que me leen y no lo hacen, aquellos a los que yo visito: Luisa, Magda, Antonio, Antón, Chema, Miguel Ángel, Teresa, Pepe, Fernando, Javier..etc..y ellos a lo mejor no saben de mis palabras pero es igual, esto no deja de ser un precioso lugar donde conversar.
Cuenta su relato la clepsidra,
sus húmedas palabras me conmueven;
no hay tiempo, ya que el tiempo es un sueño
prendido en la gubia del aire.
En el acaso sincero de un verso, sereno,
cuando la tarde se arrebuja entre mis recuerdos,
estoy sentado en pleno olvido de un descreído ayer,
vendido entre la paja y el centeno.
Todo lo que la vida esconde,
todo lo que la vida tañe
desde su alto y escarpado clochel,
se me vuelve polvo, ceniza, barro,
bahorrina que me ensucia los usados zapatos
y me hace desear el beso eterno de la noche.
No hay canción, sólo una voz, un grito,
el estruendo de un choque de trenes,
el fuego crepitando en el ángaro de la soledad.
Y la clepsidra sigue su tañido de agua...
Debo el flujo de palabras
al naciente y rojo crepúsculo,
y en el amaranto de su mano
la sombra se distrae en un suspiro
y, alargada, se disuelve entre los brotes
erráticos y nostálgicos del aire.
Tú, creces ante mis ojos,
vestida en el sueño de la tarde,
y te alabo en la dulce caricia de un roce,
mientras ves con arrebolada mirada
como ella, la sombra, trepa por los aleros,
besando en silencio los últimos rayos,
que el enhebrado sol dibuja
desde el balcón inmutable del horizonte
Dulce citara,
sonando en el aire,
robas la voz
a los silvestres pájaros,
y a mis sueños
el silencio del río.
(pensando en Magda y sus palabras sobre la lírica)
Estas siempre surgiendo en mis palabras.
Llegas desde el borde oscuro de mis sueños,
con tu aroma de regreso y un aire de susurros
que alivia el cansado silencio del estío.
De ti, no hay más flores que el acaso
deshecho de tus huellas
y los carnosos labios
con que recorres los escalofríos
de mi abandonado cuerpo.
Erguido en el amor, eres el verso,
la última canción, el adiós de un suspiro,
que en la noche de presagios
vaticina el duro color del alba.
Antes de que el tiempo te haga presa
de la indiferencia y del olvido,
poso mis labios en tu cuerpo ávido
de amor y de ternura.
Deberá la noche redimir tus palabras
y buscarte en el silencio,
en el hueco abierto entre tú y los sueños.
En el álabe de la tarde
te eriges como la sombra,
amante cautiva del estío,
con tu fresco aroma a salvía y a romero
y el sabor húmedo de tus labios
que guarecen el ácido limón de la hierba luisa.
Deshace el silencio del jardín
la melodía, que sigue nuestras huellas,
y el viento errático y salvaje,
celoso de tu cuerpo
y del esclarecido ámbar,
que en tu silueta azul
guarda la vida.
Dentro de poco, cruzará la vida
volando junto al horizonte azul,
y será una flecha victoriosa y palpitante,
todos en un sólo corazón,
que se alimentará de la ausencia y del olvido.
Irán en busca del calor y de la luz,
dejando atrás recuerdos y nostagias,
en su agotador vuelo siempre hacía el sur..
(Para Teresa que en este caso vuelve a la orilla del Ebro)
Debería haber seguido, en la última noche,
el trasiego de las olas, trastocar el rumbo de las cosas,
y poco a poco, lentamente, dejarme teñir del añil
de la ardentía, húmeda y fosfórica, del agua del mar.
Mi sombra dejaría ahora un remanso azul por las calles
y las avenidas al ritmo de mis pasos por la ciudad.
Ya no tengo el ardiente aroma de la flor del limonero,
sino su jugoso ácido entre mis labios secos.
Ventura del jardín abierto al mar,
salado fruto de tus ojos,
las olas me condenan.
Y sigo el paso húmedo de la enmudecida arena,
playa de un desierto donde tus manos
hicieron crecer al compás del tiempo
sueños tiznados con el azul del horizonte.
¡Que azul de noche traen en su manto las olas!
Quedan los últimos regatos de la luz,
el mar es un encendido de diversas teas.
Tengo entre las manos el adiós del sol
en este capitulo del día que se acaba,
y el mar ronronea su melodía inabarcable
como un tejedor de profundas palabras.
Tú, haces de la sombra un verso,
que se erige solitario ante la adversidad,
y en el hincapié del viento húmedo reinante
vuela en el aire y roza las copas de los árboles.