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fernandosarria

Poemas

Se pronuncia el viento

Se pronuncia el viento en su aligerado paso.
Conmueve su traslación constante de las hojas secas.
Ellas, con su triste color marrón barren el suelo obsesivas,
buscando como ausentes un rincón que nunca encuentran
donde aposentar su murmullo y su tristeza.

En tu nombre

En tu nombre recogieron la lluvia de la noche,
vistieron las sombras con la luz de los silencios
y, una vez rotos los hilos del tiempo se fueron,
volando en sus canciones hacia el horizonte del alba.

Cruzo los viejos rincones

Cruzo los viejos rincones del silencio,
aquellos que conocen mis sentidos,
y me acerco a ti desnudo de prejuicios
para acariciar la sombra de tu risa
y admirar el verde milagro
de tu huidiza mirada.

Qué río

¿Qué río recorre mi vida?
Los años se escapan
como agua turbia de las manos,
sólo el remanso callado
y la sombra de los chopos
me traen la nostalgia del silencio.

Se tiñe el mar

Se tiñe el mar
con el color verde
oscuro de los cedros
y sus orillas se llenan de lágrimas
esperando nuestro imperceptible paso.

Fruta madura,
la noche es un encendido olvido
sin el amor de la luna,
y sólo diviso
el fulgurante adiós de las estrellas
y el lento recorrer de la vigilia.

La soledad se viste de tristeza,
--un agónico silencio, una mirada huidiza--,
y nos cubre con su polvo de ceniza.
Todo pasa bajo el arco violento del amanecer
y el látigo agreste del sol del estío.

Que soledad de piedra

¡Que soledad de piedra desgastada por el tiempo!
Cubro con mis huellas todos los anhelos,
y en el silencio de la noche
el ulular de las sombras
trae un poso de viejos sueños,
apenas las briznas de un recuerdo,
la tenue sonrisa de la brisa.

Desierto corazón

Desierto corazón,
de tí el anhelo,
cruzas las calles
y escondes tu ansiedad
por los rincones de la noche.

Me guarece

Me guarece una capa carmesí
y el recodo del viento cálido
que viene con tu nombre
entre sus labios húmedos.

Todas las sombras de tu cuerpo

Todas las sombras de tu cuerpo
arden en mis manos
como secos y amarillos balagos
iluminando la noche.

Creces al pie de mi universo,
haces cambiar el curso de las estaciones
con la fuerza de tu voz y de tu risa.
Y todavía nos queda el aroma de la caricia,
el gesto que el silencio nos concede
y el verso de las horas
que tú y yo tenemos
en la piel y en el recuerdo,
poso de un vino que sorbemos,
lentamente, en el camino del alba.

Noble sueño

Noble sueño,
en tus manos ligeras
deje el soplo fresco
que el amanecer traía.
Y cada noche,
al ritmo azul de los astros,
me acercas removiendo el aire,
el recuerdo de lejanos días.

He oido el adiós

He oido el adiós en los andenes.
Mi mano se ha movido con el pañuelo blanco.
El tren, lentamente, se ha ido
con su largo lamento metálico,
buscando un punto lejano en el horizonte de la tarde.
No hay mayor tristeza que no saber despedirte.

No es sólo el sudor azul

No es sólo el sudor azul en que tu amor germina,
ni el gobierno impredecible de los vientos
que hacen girar la negra veleta del jardín
mientras tus ojos exploran el cambiante signo de su voz.
Cada vez que te miro, dibujado en el silencio,
haces del ovillo de las cosas el milagro
imposible de crear-- un mundo de armonía--,
dejandose oir alrededor la suave canción de lo cotidiano.
El tiempo se desgrana en un racimo de caricias
reposadas en tus manos diminutas y sabías.
Se desbordan los hermosos recuerdos y las nostalgias
a pie de tu falda y del oscilante ir y venir de tu pensamiento.
No es sólo el sudor azul.....

La tormenta

Se arrumbó la tarde,
la atmósfera felina
tamborileó la noche
con un lamento
de enlutado sueño.

Crujió en el cielo
el lacerante látigo
sobre los heridos alcores,
y el eco era vigilia,
hambruna de suicidio,
temor creciente
entre los atónitos hombres
guarecidos en las sombras.

Todo sucumbió en un mar de tormenta,
mientras el caballo soplaba con sus crines de agua
sobre los incontrolables torrentes,
las gloriosas lagunas guarnecidas de espuma
y el desaforado lodo marrón
que lo inundaba todo,
como un cromático esperpento.
La tierra muda se disolvía.

Salvaje e infernal diluvio
que como sable de acero
descargaba su ira con fiereza
y un crepitar de enloquecidas sirenas
coloreaba el miedo.

Llegó la hora muerta.
Tras el último aullido de los lobos,
quedó el desgarrado silencio
vestido de innumerables charcos,
espejo de difusos azules
y una platea de nubes
donde los pájaros abrieron sus alas.

A los ojos de un hombre silencioso
el sol se esforzaba en crear
en uno de sus eternos crepúsculos de verano
la ventura del arco iris.

Tantas veces

Tantas veces
como el deseo
nos dibujo un futuro
e hicimos en la noche
un mundo por explorar de sensaciones
en la deshecha cama.
Tantas veces
como del amor
construimos un universo de astros fulgurantes
que encendian todas las auroras
sólo para tus ojos y los mios.
Y tantas veces....
vino con su voz insondable el silencio
y derrumbó con un viento frío
todo atisbo de una esperanza.

Velaría en silencio

Velaría en silencio
mirando el arrebol de las nubes
del largo atardecer
y el creciente amaranto del verano
cuando el sol enrojecido
se deshace ante mis ojos,
cogería el latido del último rayo
y en mis manos guardaría su luz.
Para llevarlo ante ti,
dejarlo como un tesoro
delante de tu mirada marina,
y que sea el fuego
que nos ilumine la noche.

Recuerdo la línea azul

Recuerdo la línea azul de tu cintura
recortada sobre el verde de un mar transparente,
girones de viento levantando atrevido
los difusos pliegues de tu falda,
y tu risa, como un arco iris llenandolo todo.

Por la rendija abierta

Por la rendija abierta de la ventana
entra como un soplo la noche
con su murmullo de voces quedas,
de apasionados amantes,
trayendo con el oscuro sueño
los trazos invisibles de la dicha.

Cruzas la noche

Cruzas la noche.
Con tus pies descalzos
recorres la casa,
te paseas por todas las estancias
y tus pasos suenan
como las batidas alas
de las blancas palomas
antes de llegar a mí
y en un susurro
vestir el alba.

Regalame una noche

Recorren la soledad como un humo
cada una de mis palabras
y se disipan en el largo trecho
que han de hacer para llegar a tí.

Regalame una noche...
Quizás el amor quede prendido
en los blancos albores
que traiga de la mano la mañana
y nosotros, como siempre desolados,
sigamos vistiendonos de olvido.
Quizás la nostalgia es ya mi compañera,
una sombra que viene a mi lado
y me despierta al llegar la madrugada.

Dime que siempre me amarás....
Es tan sencillo sentir que estamos juntos,
unidos esta noche en la penumbra
como nunca lo estuvimos,
y alargar la hora del adiós
sin hablar de precios y tarifas.

Regalame una noche
y dime que siempre me has amado...
Es tan distinto sentir tus labios
besando mi cuerpo poco a poco,
y no esos besos cristalinos,
fríos y anodinos
con los que siempre me recibes.
¡Quiero sentir salir tus besos
desde el alma escondida que posees!.

Que pase el tiempo, las horas,
y sigamos mirandonos cara a cara
mientras tus manos me acarician
como si siempre me hubieran conocido.
Hagamos de esta noche una eterna despedida
y recibamos el calor que traen
en su azulado manto las estrellas
que silenciosas iluminan nuestras vidas.

Regalame una noche, sólo una noche,
y que tu cuerpo y tu mente esten conmigo
sin más trabas que la realidad del nuevo día.

Regalame una noche,
sé mi amante deseada
y dime que siempre me amarás,
que siempre me has amado...


Todavía queda tiempo

Todavía queda tiempo:
la eternidad es un veneno
que no deja lugar al sueño.

Mi corazón siembra,
pálpito a pálpito,
tu deseado camino
con las rojas gotas de mi sangre,
dandote la luz
que el viento arrastra.

Salvaje e incontenible,
mi voz te susurra,
por los rincones del alba,
la esperanza, el anhelo
prendido a la palabra.