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fernandosarria

Poemas

¿Qué atardecer de rosas olorosas..

¿Qué atardecer de rosas olorosas
cubre el camino de tu cuerpo?
Pétalo a pétalo,
me arrastran los brazos de la noche
y tu deseo es un sueño,
que deshace todo mi pasado.

Enmudecido, miro como me rodeas
con el manto dorado de tu piel
y, tras la épica batalla,
tu olor persiste
como el perfume
de tu inabarcable amor,
sombra deliciosa
que ahora va conmigo
y que en las calles
me susurra tu nombre.

En las drizas de mi barca

En las drizas de mi barca
tu nombre es mi bandera.
Apenas la sombra se culmina,
el mar bebe la amarga soledad de tu ausencia
y te llama, con su desgarrada voz,
en el viento altano que levanta,
inquieto y ansioso
como un amante abandonado....
Pero yo sé que tú
esperas mi regreso
bajo la penumbra perfecta de la noche.

Hijo del viento

Hijo del viento agrisolado
y del eterno atardecer nací,
y en el borde de un crepúsculo
gira mi vida.
El alba me llama
para dejar dormir al día,
alargando con mi canción
la penumbra de la noche.

Recojo en la playa

Recojo en la playa nacaradas conchas,

piedras por las olas biseladas,

maderas calcinadas por el fuego,

anónimas botellas que renacen

en desgastadas y multicolores lágrimas.

Huellas de la ausencia y del olvido,

huérfanos mudos abandonados en la orilla

donde reina todavia la humedad.

Vestigios de náufragios

que llegan hasta mí.

Heraldos de un tiempo consumido,

que antes de ser arena sobre arena,

son polvo colorista en la palma de mi mano.

 

Traes de la noche

Traes de la noche el crujido inigualable de la sombra,

cuando te asalta y te conquista con su silencioso beso

y haces resonar tu voz en todas las estancias de la casa.

Eres el canto que abre el hilo de la nueva aurora,           

la música interior que nace de tus ojos

y con su verde resplandor me ilumina.

 

El día quiebra la oscuridad y se guarece la luna

en el vigoroso azul de un cielo de abril,

mientras tú sales al mundo a navegar

con el dolor de todas las palabras

perdiéndote por las encrucijadas de la ciudad dormida....

Regresarás con el fulgor del atardecer

allí donde tú y yo guardamos nuestro silencio.

Desierta la noche de palabras

Desierta la noche de palabras

la primavera exclama su poder,

fragancia de flores

y susurros de amantes

deshacen el aire

y enhebran sombras

con el lejano eco del atardecer

Penetras en mi vida

Penetras en mi vida
y eres aire fresco
entrando por las abiertas estancias,
y te apoderas de mi,
como la oscura sombra
hace con la noche,
lentamente y sin reposo.
Tus manos recorren mi exhausto cuerpo
y exploran cada rincón de este planeta.
Ya no soy yo, páramo solitario.
Soy conquistada tierra, feraz
por el recuerdo de tu paso,
que como un escalofrío
me devuelve al mundo.

En la huella de tus pasos

En la huella de tus pasos crece abril
como un bronce labrado por los dioses
y el añil y el verde son los colores
donde la lluvia clava tu memoria.
Fugaz descanso de los ojos sería verte
al abrirse la luz en un nuevo día,
pero sólo vislumbramos una sombra
alzándose entre infinitas flores y hojas,
-sólo alcanzamos a pensar
que aquí anduviste dándonos la vida-
y ya te vas huidiza de indiscretas manos y miradas,
como el aroma de un aire que se acaba
dejándonos ceniza entre las horas
del atardecer de cada día.

Hay una lluvia de soledad

Hay una lluvia de soledad
que quiebra la noche con su llanto.

Recibo en la espesura la caricia,
el dulce aliento de un corazón salvaje,
el amor de un placer puro
que llevado en un susurro me abandona,
siendo etérea sombra en el exiguo amanecer
--letania de sueño y de vigilia--.
Y mi mano ardiente la busca entre el regazo
preciso de su ausencia...
Sólo en el olvido de la huida
dejó el calor de su cuerpo,
prendido en el complice silencio de las sábanas,
retazos de un sueño y de una vida.

Miro cruzar el sueño de la luna

Miro cruzar el sueño de la luna,
atraviesa en su barca de luz la noche estrellada.
Junto los silencios del día
y con ellos desnudo el venturoso
placer de trazar en palabras mi vida.
Sólo debería borrar las huellas,
todas las que el horizonte guarda
en su rueca de tiempo y de arena,
y en el lado oscuro de la sombra
encender de nuevo la fragua
e iluminar con sus brasas mis palabras vanas....
Pero la noche es larga y hermosa es su hora.

¿Qué podré decir..

¿Qué podré decir, cuando la cinta azul del horizonte
se quiebra ante tus ojos y arde en las nubes de la noche?

Tú eres todo lo preciso, quizás más.
Eres el punto de retorno,
la llamada del bosque impenetrable,
la sonrisa de un día de lluvia,
el acaso y el porqué de las cosas diminutas,
la nota inmaculada de la compra,
la canción, el poema, la película
y tantas cosas que la noche no contempla.

Pero así está escrito nuestro pacto. Con letras invisibles
que los demás apenas imaginan.
Tu mirada es manantial donde ahogar las dudas,
tu voz deshace las sombras del silencio,
tu cuerpo....siempre recinto de misterios
y tu corazón la savia que alimenta mi esperanza.

¿Qué importa si el cielo se abandona?
Tu mano sigue creando trazos de luz
con que iluminar mi vida.

Recorro lentamente el camino de tu cuerpo

Recorro lentamente el camino de tu cuerpo
y a cada paso vislumbro un nuevo lugar
donde reposarán mis manos.
Desde el norte al sur,
de este a oeste de tu geografía,
asemejas a una tierra conquistada
por el placer diario de amarte.
Eres dulce y a la vez salvaje.
Resguardas en tu piel
la benefactora sombra,
el misterio que la vida ofrece.
En esa linea azul de tus caderas
y en el brillo ebúrneo del contorno de tus senos
escondo el silencio de todas mis palabras...
Y surges en cada verso,
al hilo de tu cuerpo y de tu mente
como si una caricia escribiera para tí

Hay un atardecer

Hay un atardecer de largos hilos rojos,
senda de sueños y recuerdos.
La luna vislumbra la luz de la noche
con su dulce tul y su blanca mirada
y el sol enardecido se viste con el fuego
en un despliegue de nubes y matices,
mientras la melancolia es un terciopelo
que besa con su brisa todos los silencios

Mientras tú hilas

Mientras tú hilas
con tus manos diminutas
la rueca de las cosas
creando de lo infimo y sencillo
un sinfín de innumerables sueños
yo miro en silencio el cielo de la noche
y el universo sigue girando
con su reloj infinito.

Bendito corazón

Bendito corazón
detén tu pulso
y deja que la noche me acompañe.
En el surco del reposo
me desnudo,
me extremezco
y siento la soledad
después de dejar tendida la sombra
que siempre va conmigo.

Sabemos que nada hay tras tu mirada

Sabemos que nada hay tras tu mirada,
si acaso el encuentro desnudo
que la flor de la mañana nos ofrece.
Nada hay más que el perfume,
fresco aroma que engarza los sentidos
y hace volar la mente
al sueño ingrávido del roce de dos cuerpos...
Sólo son unos segundos,
eternos hilos que nos unen en el tiempo,
y la luz se abre paso
entre los tules que duermen todavía el día.

He sembrado el bosque de flores azuladas

He sembrado el bosque de flores azuladas,
teñidas del color de las estrellas,
cuando los cometas en invierno
abrigan nuestros ojos
con el color de sus lágrimas.
Llegará la noche del solsticio
con el aliento del verano
y el olor a vida desbordada,
y allí, ocultas a los ojos indiscretos
entre los claros del bosque,
las hijas de los astros lucirán
sus galas más hermosas
devolviendo su luz al universo.

No hay más palabras

No hay más palabras que cubran

el silencio existente entre los dos.

Somos dos extraños sin pasado,

cuando atesoramos tantas madrugadas

que han acariciado nuestros cuerpos.

 

Miro tus ojos y en el fondo oscuro

hay una llama ardiente,

cenizas esparcidas en la noche

que ni los años han podido apagar.

 

Pero no habrá más días

que sostengan los recuerdos

y tú y yo nos diremos adiós,

sin más huella en el corazón

que el húmedo y fortuito encuentro...

 

Al final tu nombre y mi nostalgia

serán victimas del tiempo y el olvido.

Vengo a buscarte en la noche

Vengo a buscarte en la noche

cuando tañen las horas del sueño

y no hay lugar a dulces palabras

ni a miradas de doble sentido.

 

Sólos frente a frente,

buscamos inexplorados continentes

que nuestra piel esconde,

donde con el ansía de nuestro deseo

nos quemamos como encendidas teas,

sin tiempo a la caricia,

sin lugar al reposo ni a la contemplación.

 

Te derramas en pequeños quejidos

que alargan asombradas las auroras,

ahuyentando la penumbra

y trayendo junto a la cama deshecha

las primeras luces del alba

 

De nuestro amor sólo queda el recuerdo,

adormecido el deseo,

la fatiga de un adiós

hace torpes despedidas

de nuestra nueva ausencia...

 

Y sigue la vida.