Bascuñana
Trigo, variedad del fanfarrón, de aristas azuladas y negras, buen grano y excelente paja. (R.A.E.)
Trigo, variedad del fanfarrón, de aristas azuladas y negras, buen grano y excelente paja. (R.A.E.)
Tú, que eres la luz, dame sombra para inundar la noche.
Surges en el borde de los vientos para sembrar el mundo de palabras.
De JORGE LUIS BORGES y su libro de poemas LA CIFRA del año 1981, precisamente el poema titulado LA CIFRA:
La amistad silenciosa de la luna
(cito mal a Virgilio) te acompaña
desde aquella perdida hoy en el tiempo
noche o atardecer en que tus vagos
ojos la descifraron para siempre
en un jardín o un patio que son polvo.
¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día,
podrá decirte verdaderamente:
No volverás a ver la clara luna,
Has agotado ya la inalterable
suma de veces que te da el destino.
Inútil abrir todas las ventanas
del mundo. Es tarde. No darás con ella.
Vivimos descubriendo y olvidando
esa dulce costumbre de la noche.
Hay que mirarla bien. Puede ser última.
Citándolo, tenía una frase que decía: Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.
Desenvuelto, gallardo, arriscado. (R.A.E.)
Dulce citara,
sonando en el aire,
robas la voz
a los silvestres pájaros,
y a mis sueños
el silencio del río.
(pensando en Magda y sus palabras sobre la lírica)
De ADOLFO BURRIEL BORQUE de su libro FURTIVOS DÍAS, que ha sido IX premio de poesía ALEGRÍA y editado por ALGAIDA he sacado un poema que titula Jardines de Verlaine:
La diosa,
violada por la luz,
agita
la trémula lujuria del recuerdo,
desnuda bailarina de cristal.
He leído un libro escrito por ELENA PALLARÉS titulado ELLA GUARDA SECRETOS, editado por Olifante y merece la pena ahondar en su lírica, os pongo una pequeña pero hermosa muestra:
Balancearme en tus ramas fugazmente
por tus hojas caducas abrazada
y olvidarme de nombres como otoño
y de mundos perennes.
¡Que soledad dibuja la sombra de tu adiós!
Impregnas con tu aroma mis perdidos sueños.
Broza del monte. Sombra o mota que se ve por defecto de la vista. (R.A.E.)
Estas siempre surgiendo en mis palabras.
Llegas desde el borde oscuro de mis sueños,
con tu aroma de regreso y un aire de susurros
que alivia el cansado silencio del estío.
De ti, no hay más flores que el acaso
deshecho de tus huellas
y los carnosos labios
con que recorres los escalofríos
de mi abandonado cuerpo.
Erguido en el amor, eres el verso,
la última canción, el adiós de un suspiro,
que en la noche de presagios
vaticina el duro color del alba.
Otra de esas canciones que silbo por las calles y en las noches de azoteas, es del disco CAMPANADES A MORTS de 1977 y el final casi recuerda a Itaca y el viaje de la vida de Kavafis.
I avui que et puc fer una cançó
recordo quan vas arribar
amb el misteri dels senzills,
els ulls inquiets, el cos altiu;
i amb la rialla dels teus dits
vares omplir els meus acords
amb cada nota del teu nom, Laura.
Més tan difícil recordar
quants escenaris han sentit
la nostra angoixa per lavui,
la nostra joia pel demà...
A casa enmig de tants companys,
o a un trist exili mar enllà,
mai no ha mancat el teu alè, Laura.
I si latzar et porta lluny,
que els déus et guardin el camí,
que tacompanyin els ocells,
que tacaronin els estels;
i en un racó daquesta veu,
mentre la pugui fer sentir,
hi haurà amagat sempre el teu so, Laura.
(Traducción al castellano:
Y hoy que puedo escribirte una canción
recuerdo cuando llegaste
con el misterio de los sencillos,
inquietos los ojos, el cuerpo altivo.
Con la sonrisa de tus dedos
llenaste mis acordes
con cada nota de tu nombre, Laura.
Me es muy difícil recordar
cuantos escenarios han vivido
nuestra angustia por el hoy,
nuestra alegría por el mañana...
En casa, entre tantos compañeros,
o en un triste exilio allende el mar
nunca ha faltado tu aliento, Laura.
Y si el azar te lleva lejos
que los dioses guarden tu camino,
que te acompañen los pájaros,
que te acaricien las estrellas.
Y en un rincón de esta voz
mientras pueda hacerla oír
siempre estará escondido tu sonido, Laura.)
La letra en el catalán original y en castellano proceden de la web oficial de Lluis Llach (© Edicions lEmpordà)
Entre las canciones que ha cantado PACO IBÁÑEZ, este poema de JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO es de los que toda mi vida he silbado, PALABRAS PARA JULIA.
Tú no puedes volver atrás,
porque la vida ya te empuja,
como un aullido interminable,
interminable.
Te sentirás acorralada,
te sentirás, perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido,
no haber nacido.
Pero tú siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.
La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares,
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos.
Un hombre solo, una mujer,
así tomados, de uno en uno,
son como polvo, no son nada,
no son nada.
Entonces siempre acuérdate,
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.
Nunca te entregues, ni te apartes,
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo,
y aquí me quedo.
Otros esperan que resistas,
que les ayude tu canción,
entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.
La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares,
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos.
No sé decirte nada más,
pero tú debes comprender,
que yo aún estoy en el camino,
en el camino.
Pero tú siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.
Gime la noche y tu nombre se escapa por las rendijas del deseo.
En la luz de tus ojos se dibuja el sueño de los océanos.
Antes de que el tiempo te haga presa
de la indiferencia y del olvido,
poso mis labios en tu cuerpo ávido
de amor y de ternura.
Persona rechoncha y de cara redonda y encendida. (R.A.E.)
De BLAS DE OTERO el poema EN EL PRINCIPIO del libro CON LA INMENSA MAYORÍA, poeta al que siempre me he sentido muy unido, aunque ahora la poesía social en España no sea tan necesaria, no hay que olvidar.
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resulto ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
De Manuel M. Forega en su libro titulado 333 DÍAS , premio Miguel Labordeta 2005, he encontrado este breve y hermoso poema que me recuerdan a mis queridos renglones.
He visto el agua calma del río; el agua fresquísima esmeralda y , sobre ella, flotando arrebatada de temblores, la flor desprendida del almendro.
Deberá la noche redimir tus palabras
y buscarte en el silencio,
en el hueco abierto entre tú y los sueños.
Gente baja. (R.A.E.)
Por una razón u otra, por aquellas calles hacía mucho tiempo que no había andado. Si alguna vez había ido al pueblo, era por motivo de un entierro, de paso o por asuntos de negocios. Por eso, el encontrarme aquel sábado allí, con poco tiempo, pero suficiente para volver a mis calles hizo que los recuerdos se agolparan haciendo saltar un dique de muchos años.
Llegué a la iglesia de S.Salvador y continué por la calle Mediavilla. Todo era distinto, pero guardaba un aire familiar, como si los veinte o veinticinco años transcurridos sirvieran para sentirnos más ajados pero más sabios. Ya no estaba aquel bar, ni la tienda de los Magdalena, la de los electrodomésticos era pequeñisima (de niño en Navidad tocaban villancicos por sus altavoces y sus luces iluminaban todo el entorno). Sin embargo, la farmacia estaba imperturbable, así como la zapatería que hacía chaflán con mi calle, Juliana Larena y miraba a la plaza a través de un largo arco.
Subí por la calle cuesta arriba, y todo era distinto o estaba abandonado. El local de ultramarinos de mi tía era ahora una cochera. No quedaban ni la carnicería ni el horno de pan (¡que buenas las tortas de anís, las cocas y las tetillas de las barras que me comía todavía calientes!) ni la tienda de la Dolores, (¡qué buena persona era la Dolores, con toda su humanidad siempre sonriendo!). Llegué al gallizo con sus inolvidables escaleras(¡cuantas veces no estuvimos a punto de rompernos la crisma jugando a todo lo que se nos ocurría!), lleno de pintadas y con las casas semiabandonadas; la casa señorial que siempre me daba temor, con su perro lobo y la anciana de mala leche que siempre nos increpaba, ya me pareció un león domado y en la antigua ruina de la casa de Salmerón (un hombre cojo, triste y silencioso) ya existía un edificio funcional y anónimo.
Al llegar a la casa de mis abuelos y la de mis tíos, poco o nada era distinto, si acaso el balcón que ya no estaba y desde el que mi abuela, a gritos, me llamaba para comer mientras jugaba a las chivas o destrozaba hormigueros y cazaba lagartijas. Un señor desde una ventana de la casa me miraba curioso y, mientras yo les contaba a mis amigos (un poco perplejos por mi verborrea y la rapidez con que los traía, casi a matacaballo ) sobre un pequeño contrafuerte que colocó mi abuelo y que yo lo había marcado con mis dedos, en la fachada y que allí seguía, intervino para decir ¡que lo había puesto él...! Por esa calle estrecha que une las dos casas se baja al Convento . Es la calle de detrás de la de Mediavilla, que entonces estaba sin asfaltar, y por ella todos los días llegaban las caballerizas a gran velocidad. El ruido de las pezuñas sobre las piedras y los gritos de los arrieros se oian todas las tardes y yo tenía un miedo terrible a aquellos animales casí desbocados. Ya no era igual, claro, todo asfaltado y mucho menos ancho, con casas relativamente nuevas y con gente multicolor....
A mis amigos les explicaba que allí me había mordido una rata en una pierna, que yo esperaba con una escoba a que saliera de un corral pero saltó y se escapó, toda la calle se asustó y me llamaron intrépido y valiente; que arriba, al final de la calle, estaban los Carasoles·, con cuyos chicos nos tirábamos piedras y desde donde nos lanzábamos en las carretillas de madera calle abajo dándonos múltiples golpes, cosas de chicos; y luego venía el barrio llamado la Corona con la hermosa iglesia de Santa María, pero se hacía de noche y eso sería para otro viaje.
La fotografía de la iglesia de San Salvador procede de la web del ayuntamiento de Ejea de los Caballeros (www.ejea.net)