Bozón
Ariete para batir murallas. (R.A.E.)
Ariete para batir murallas. (R.A.E.)
Me hubiera gustado que en el amor de esta noche,
celebrado el perpetuo encuentro
bajo las guirnaldas de nuestro propio deseo,
surgiera el incandescente amanecer,
ocultando las palabras en la luz,
que el verbo germinase en un viento del sur
y tus ojos y los míos pudieran sostener el nuevo día.
Lugar en que abundan charcas de aguas manantiales. (R.A.E.)
En los pájaros se dibuja el vuelo del adiós con el que nace el otoño.
Dejas tras tu paso la húmeda sensación del mar.
La máquina del tiempo III
¿Quién no tuvo en su mano el mundo
y esparció en el cielo de la tarde su vida?
Roca serena, mi pasado se anticipa a los sueños,
mis ojos han visto el último silencio del día
y la primera palabra recién nacida.
Y hoy soy más una mirada
que la voz del viento.
© 2006 fotografía Miguel Angel Latorre.
No necesito alargar la mano
para acariciar el silencio de la mañana.
La aurora apenas ha esbozado
su iluminado abanico,
mientras tú, permaneces quieta y distante,
entregada al último suspiro del sueño.
Hace todavía fresco,
es agradable sentir la brisa
que trae el alba,
y sentado en los escalones de la terraza,
tranquilo y solitario,
veo nacer el día.
Contrafuerte, manchón para fortalecer un muro. (R.A.E.
La máquina del tiempo II
¡Quién pudiera sujetar los incontables hilos de los días!
Nada. Tan sólo un reguero de olvidadas hebras.
Briznas de una hierba seca, de un tiempo perdido,
de todo el dolor que nunca se fue.
Y en la memoria las perennes huellas de tu vida.
© 2006 fotografía Miguel Angel Latorre
De Raymond Carver en su libro TODOS NOSOTROS el poema titulado DULCE LUZ:
Tras el invierno, torpe y afligido,
florecí con la primavera. Una dulce luz
me colmó el pecho. Sacaba
una silla. Me sentaba durante horas frente al mar.
Escuchaba las balizas y aprendí
a expresar la diferencia entre una campana
y el sonido de una campana. Quería
todo lo que estaba a mi lado. Incluso quería
dejar de ser una persona. Y lo logré.
Sé que lo hice ( ella me trajo de vuelta).
Recuerdo aquella mañana en que cerré la caja
de la memoria y giré la llave.
Cerrada para siempre.
Nadie sabe lo que me ocurrió
aquí fuera. Sólo tú y yo lo sabemos.
Por la noche, las nubes cubrieron la luna.
Por la mañana ya se habían ido. ¿ Y aquella dulce luz
que dije antes?. También se había ido.
Niebla densa y húmeda. (R.A.E.)
He comido de las uvas del anochecer,
entregado al bello y silencioso
acto de contemplarte,
y ver tu sueño
desbordando tu cuerpo,
como si una aureola de felicidad
surcara nuestra pequeña alcoba.Bota para el vino. (R.A.E)
La máquina del tiempo I
Te hubiera amado más.
Más todavía de lo que lo he hecho.
Hubiera recorrido los últimos parajes
donde tu voz recogió mis versos,
y en el momento exacto en que te fueras,
ya alejada de mi vida,
todas las palabras de mi amor
te seguirían,
recogidas en el vagón de los recuerdos.
(© 2006 fotografía Miguel Angel Latorre)
Dejé de ser el faro de tus noches y ahora ilumino mi soledad con tu recuerdo.
Traigo entre mis manos el aroma de tu paso.
Mijo. Maíz. En varias provincias, pan de maíz. En América, migaja de pan. (R.A.E.)
Olvido.
Olvido.
Olvido.
¿Por qué todavía sigo acordándome de tu nombre?
En este adiós he reposado la noche.
Llueve el otoño tras la sombra de tu silueta lejana.
Sé que siempre habíamos dibujado un final,
pero nunca espere que fuera yo quien se alejara
y tú fueras el último respiro que dejé en la ciudad.
Quebrado llanto, tras de ti la soledad
echa raíces en mis huellas de sándalo...
y eso esta bien, ya que ahora,
mirando la abandonada calle,
no espero nada más,
tan sólo el regreso del amanecer.
Dar vuelta, revolver, torcer o ladear. Labrar en contorno las columnas. Disponer y mover oportunamente los sillares y otras piezas de arquitectura, hasta sentarlos y colocarlos en su debido lugar. Hacer pasos en el baile. Girar el buque sobre sus amarras estando fondeado. Torcerse la madera, hacer combas.(R.A.E.)
Azules IV
Un día seré sombra.
El aire que ahora ocupo
ventilará otra vida.
Entonces, desde el lejano sueño
en el que habite,
me acercaré a ti,
y en el azul imposible
al que tus aguas se someten,
me despediré de tu cuerpo y tus lisonjas.
Oculto de miradas indiscretas,
y alumbrado por la luz
perecedera de las estrellas
y el murmullo imperturbable
de tus olas,
volveré a ser yo,
el amante que nunca te olvidó.
©: 2006 fotografía Miguel Angel Latorre
Un lamento de lluvia nos trae la noche.
Se hace melodía el murmullo del agua,
y pasan los automóviles
dejando atrás, abandonadas, sus estelas.
Callados, miramos la calle hundirse
en charcos donde borbotea el agua
y se iluminan con un sinfín de luces amarillas...
un borracho, empapado, blasfema y golpea las farolas,
mientras la lluvia y la penumbra lo va engullendo.
Nuestro silencio recita la canción de la tormenta.