Codena
En la fabricación de paños grado de resistencia del tejido. (R.A.E.)
En la fabricación de paños grado de resistencia del tejido. (R.A.E.)
En el azul horizonte eres la gaviota,
el ruiseñor en el alba dormida,
la fugaz estrella en la oscura noche.
De tu boca renacen los sarmientos,
las uvas perdidas del estío,
el vocablo exterminador de la tristeza,
el quejido que alumbra un presagio de dolor,
el austero silencio imperturbable a la lluvia.
En tu boca nacen y mueren
las grandes y pequeñas lunas
que a diario me persiguen.
* © 2007 fotografía Miguel Angel Latorre
*El poema pertenece a "Anatomía de ti", publicado en el último número de El Cronista de la Red
Este sueño me une a ti por vínculos de fuego,
nacido en los rojos atardeceres
cuando el sol que declina te da vida,
haciendo de ti
el arrebol fragante de la noche.
Todo tu cuerpo me deshace
en el juego de quiebros y de búsquedas,
desde el florido ámbar protegido
hasta el suave deleite de tu pelo.
Eres la reina en el laberinto,
el hilo conductor que me transforma,
el aroma y el dulce sabor
que el adarce de tu piel
lleva siempre conmigo.
*© 2007 fotografía Miguel Angel Latorre
*Poema introductorio de "Antomía de ti", publicado en el número-versión 14.0 de El Cronista de la Red
No has de tener más amor que el de tu sueño, el que colgado de tus ojos cerrados busca entregarse a tus manos de luna y así morir cada noche en medio de un reguero de luz y de deseo.
No hay heridas más dulces que los besos de tu boca, ni cicatrices en mi cuerpo como los largos y oscuros senderos con que tus dedos iluminaron mi piel. Casi sólo recuerdo el sabor de tus pechos, la calida marea de tu recóndito ópalo, el ansia desmedida en que se hundían los silencios y cómo un escalofrío recorría mi alma al oírte nombrar en esos momentos mi nombre.
Aunque en el hueco de mi derrota,
como almas en pena,
quedan las tristes palomas
que abrigan la tarde,
no sólo sirve de refugio
donde los sueños se desvanecen,
a veces, como un recóndito paisaje
de encendidas luces,
viene la sombra de un amor
y deja cálidas reseñas
para aliviar la noche.
© 2007 fotografía José Antonio Melendo
Manteca de puerco. (R.A.E.)
En la roja metáfora del adiós, un racimo de palabras se desprenden como uvas dulces que buscan entre los dedos un sueño perdido. Pero no hay música que transforme la soledad en el devenir de una aria cantada bajo el reguero luminoso en que diluyéndose nos deja mayo. Sometido el silencio en la pausa solemne de las nubes, no queda más que la sutil esencia de un pequeño pájaro silvestre, que, con su diminuto acto de fe, débiles plumas verdes que enamoran el agua, hacen de la luz de su canto la última esperanza en que se abriga la tarde.
Para Sonia, mi visión de la luna. No sólo admiro la luna por su transito de amor entregado al azul de un paisaje, ni siquiera el recuerdo de las alas que las gaviotas reflejan en el mar cuando blanca e impoluta se hace redonda esfera en su extasiado viaje por el agua. Si a veces se me pierden los versos, las palabras cargadas de silencios, como a todos que mirándola contemplan el sueño perpetuo de lo antiguo, el ancestro que domina las mareas y hace germinar flores y cosechas, es también por el dominio perfecto de la ausencia, esa metáfora que esconde siempre una cara, un reguero de luz y su contrario, noches derramando oscuras penumbras que se reposan como tristes melodías entre los pliegues de alma. * La imagen es un préstamo desde http://ltp.upr.clu.edu/astrolab/photosluna.html
Después de algunas vicisitudes, ya está en Internet el número-versión 14 de El Cronista de la Red. Os adelanto aquí sus contenidos y espero que os guste:
Se ha elevado sobre las últimas terrazas la luna imposible,
espejo donde duerme el corazón y arde la noche.
Quebrado surco en mi piel, la espera es un duende,
un caballo negro invadiendo la estepa,
el ansia que el tiempo no escatima,
toda la lúgubre secuencia de pensar en ti.
Recojo cada murmullo de la calle.
Cada sonido me recuerda tu voz.
El vuelo de un pájaro
o la perezosa brisa desbordando los jazmines
entonan la música de tu cuerpo.
Oigo la puerta y tu figura se acerca lentamente.
En el silencio por fin la noche canta.
Copla, composición poética trovadoresca. En Cataluña, conjunto de músicos, generalmente once,que se dedican a tocar sardanas. (R.A.E.)
Del amor he aprendido su letra pequeña,
esa que en los contratos de las pasiones
quedan como húmedas huellas
abandonadas en el deseo,
apenas cenizas en el cuerpo a cuerpo,
ajenas al sabor delicioso del oscuro ámbar
y al lento estudio de la anatomía
entregada a los calidos labios del amante.
Cuando los silencios se pronuncian,
surgen del fondo de los corazones
todos los ayer y todos los reproches,
como un vaso de acíbar
que tragar sin más razones que el despecho.
Con los hilos cruzados de la soledad
enciendes los recuerdos en la hoguera
y allí es donde, con el rumor del fuego,
lees los párrafos concretos de tu vida,
poniendo en valor la primera piedra,
la piedra del dolor y del olvido.
Traigo tras la lluvia la mano delatora,
el remolino que en el aire deja un sueño,
la perdida inocencia de un niño
al ver en el cielo alejarse su cometa.
Casi se han apagado todas las luces
y se oyen las campanas lejanas
tañendo en la mañana.
Mientras, se abre paso
un runrún de espliego desbordando los montes,
el aroma que enardece los campos próximos,
como si la palabra no bastara para nosotros
ni nada haya más que nos conmueva,
que en el silencio, la esencia de un trozo de tierra,
o en mi caso, verte rehaciendo poco a poco,
el jardín donde reposan los atardeceres.
Luis García Montero y su poema: "Canción Amarga" En la cara lleva tres años perdidos y el frío de las seis de la mañana. Van a partirte el corazón. De pronto la luz apagada, los pasillos turbios, la puerta que clava su ruido en la espalda. Van a partirle el corazón. Y arrastra una cadena oscura de pasiones heladas, ese frío que cabe solamente detrás de una palabra. Y yo la veo caminar, despacio, perderse en lo que anda, fugitiva tristeza que va y viene de la sombra a la puerta de mi casa. La luz artificial deja en la calle el temblor silencioso de tres barcas ancladas. Cuando ella cruza por mi lado siento como un golpe de remos y un murmullo de agua.
De Pablo Neruda en sus "Cien sonetos de amor" el XCIX
Otros días vendrán, será entendido
el silencio de plantas y planetas
y cuántas cosas puras pasarán!
Tendrán olor a luna los violines!
El pan será tal vez como tú eres:
tendrá tu voz, tu condición de trigo,
y hablarán otras cosas con tu voz:
los caballos perdidos del otoño.
Aunque no sea como está dispuesto
el amor llenará grandes barricas
como la antigua miel de los pastores,
y tú en el polvo de mi corazón
(en donde habrán inmensos almacenes)
irás y volverás entre sandías.
Me pide Luisa desde Pandeoro que avise a los amigos comunes de que durante estos días el servidor donde Blogia aloja su blog no va a funcionar porque están migrando a otro los contenidos allí alojados. No ha tenido tiempo de avisar en Pandeoro, y ahora parece que simplemente está sin actualizar. Pero no es así. Podéis encontrar los nuevos pots en la réplica de Pandeoro: http://luisamr.blogspot.com (lo pongo aquí porque no deja Blogia trabajar en texto enriquecido). Ya os diremos cuando vuelve a estar Blogia disponible. No sé si acabará afectando también al alojamiento de mi blog. Como sabéis que actualizo a diario, si un día os encontráis que no es así, pensad que algo sucede. Y ya sabéis que también hay réplica, por si acaso. Gracias a todos.
He sentido el claro vaticinio de la tarde, ese sabor agrio que dejan las ausencias mientras el humo imaginado de una pipa dibuja en mis recuerdos bucles azulados. Mi padre fumaba poco, pero lo hacia en una pipa pequeña y sencilla, que desgastada por sus dientes llegó a mi, era junto con las fotografías, la carta de amor que le mando a mi madre y su esquela, lo único que de él he tenido entre mis manos. Con aquella pipa empecé a fumar y era una extraña emoción sentir pasar el humo por ella hacia mi boca, tal y como lo habría hecho mi padre. Fue lo único, que salvando el tiempo, pudimos hacer juntos.
Hoya que se hace para plantar un árbol o arbusto. (R.A.E.)
Derrota tras derrota,
mayo pasa en su viaje
de viento y derramado polen,
y en la sembrada luz del mediodía
se precipita en una batalla conocida.
Somos siempre los perdedores,
habitantes de los largos crepúsculos
que nos dejamos arrastrar
por la admirada y ancestral soledad
que trae consigo el ocaso.
Hablando quedo,
susurrando las emociones,
somos viejos amantes
en el fulgor de las últimas brasas
que siguen calentando nuestros cuerpos.
Sólo nos queda la palabra,
los versos donde están
los recuerdos ensalzados,
viviendo todavía
en las cenizas de los sueños.