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fernandosarria

¿Por qué nunca hablo de rascacielos?

 

 

A veces me pregunto por qué nunca hablo de rascacielos

siendo que vivo en un octavo piso con azotea

y veo hacía abajo el mundo muy pequeño.

Tal vez no tenga el ritmo preciso de palabras

para abandonarme a la sutileza de lo diminuto.

No poseo el poder simbólico del diccionario de las calles;

es un esfuerzo observar con pasión el centro de una avenida,

ver pasar a la humanidad renqueante de ilusiones

como náufragos de un barco sin capitán

y dejarse arrastrar por la carcoma y los óxidos,

todos los que envuelven el derramado tumulto de la urbe.

Ahora desearía poder encender un fuego nocturno,

allí tú y yo y algunos amigos

dejaríamos las caricias de la palabra

fluir en el rojo incandescente de la hoguera,

con los deseos y los sueños olvidados

navegando en la brisa con el humo

y volver a ser de nuevo cenizas de una noche,

algo para recordar con agrado el resto de los días.

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4 comentarios

Fernando -

;);)..pero de eso a que tenga yo el vocabulario...en este caso se escribe lo que se siente o por lo menos te encuentras en su universo...abrazos Alfred.

39escalones -

Qué curioso. A mí, que vivo en un segundo piso, me generan gran atracción los edificios altos: concentrar la mirada en una diminuta persona allá abajo, o en un coche, seguirla hasta perderla de vista, imaginar dónde irá, de dónde vendrá, qué ánimo le invadirá, si irá a encontrarse con alguien, si huye de algo... Vale, y la Expo también.
Un abrazo

Fernando -

y ver crecer la expo!!

Entrenomadas -

"Navegar en la brisa con el humo" muy sugerente.
Es una suerte tener un horizonte donde mirar la ciudad que nos cobija.


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