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Poemas

Poemas de un viaje : Selinunte

Poemas de un viaje : Selinunte

Mirada a Selinunte

 

Sabe la vida de dar y quitar

y en el idilio con la piedra el hombre se redime.

¡Cuantas palabras y silencios han cubierto un templo!

La historia se escribe con la gubia y el cincel,

argamasa de sueños y debilidades,

miedos y poder,

como si detrás de cada columna milenaria

un hombre dejara sus preguntas para siempre

¿para qué sirve el amor si somos mortales?

¿qué nos trae la noche y su memoria si mañana vuelve el alba?

 

Un lugar puede ser un paraíso o un infierno,

este sitio se revela extraño,

fue un paraíso de caudalosos ríos

y hoy se resiente en la soledad de un páramo.

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Un regalo que me han hecho

Javier López Clemente ( http://lacurvaturadelacornea.blogspot.com/), me ha regalado una nueva manera de ver un poema mío. Gracias, muchas gracias. El poema se titula "Estar solo".

 

 




Poemas de un viaje : Palermo

Poemas de un viaje : Palermo

Estampa del puerto de Palermo.

 

 

Hay un hombre dormido

y una mano que mece el mar

en el azul oscuro de sus ojos cerrados.

Hay un día desteñido de estío

con el color brillante de las gaviotas

y la somnolencia de los barcos

que han renunciado a volar

mientras permanecen silenciosos en los viejos muelles.

La tarde es un fiel e inmóvil reflejo de tantas otras

en la que los sueños se dispersan entre las nubes blanquecinas

y en el suelo yacen pintadas de amores imposibles:

"tre metro sopra il cielo".

Tu espalda

Tu espalda

 

 

Me habré deshecho en preguntas que tu espalda conoce,

como mis manos saben de tu piel

y mis labios cubren tus recodos más ocultos.

Siempre somos algo más y algo más esperamos del otro.

Cada noche desnudamos las palabras

y entregadas a las sombras

las tomamos en sorbos de deseo,

en ese silencio apenas percibido por el otro respiramos

y seguimos el sendero del azar

que la noche deja entre sus derribados muros.

 

Fotografía tomada de www.debenport.com

Nunca podrá ser mi amante

Nunca podrá ser mi amante

Quien no se haya abierto a la tenue luz de las calles,

soportado el beso profundo de los faros

y soñado en silencio

con el suave camino de una piel,

nunca podrá ser mi amante.

Trae la noche olor a espliego

y una cadena de susurros

que ahuyenta las sombras.

Allí, casi al borde del último rayo de sol,

ha quedado una pregunta,

y aunque el icono de la luna

se reúne con el llanto de la lluvia,

nadie que nos impida respirar

tendrá derecho a calmar el otoño

y dejarse besar por mis labios.

Dejo mis manos cerca de ti

Dejo mis manos cerca de ti

Dejo mis manos cerca de ti.

Sé que duermes y apenas sientes el calor que te estoy dando.

Afuera sopla el viento como un desafío en los cristales de la ventana

y la luna llena recorre la habitación con su álgido susurro.

Todo es impredecible.

Tú y yo aquí renaciendo de la soledad

y amándonos como nunca lo habíamos hecho,

dejando en la piel un calido reguero de felicidad.

Todavía me hormiguean las manos y huelo en ellas

el dolor de la espera de tu cuerpo

y ese sabor denso a miel

que en mi boca se deshizo

como un azucarillo.

Así te velo el sueño,

recordando nuestra autentica noche de amor.

Es dulce la nostalgia

Es dulce la nostalgia

 

 

 

Es dulce la nostalgia.

En las yemas de mis dedos

todavía queda el sabor

que me regaló tu cuerpo.

Cada caricia nos abría un mundo nuevo,

sensaciones que se derramaban por tu espalda

y recreaban el vértigo y el deseo.

Detrás, la noche callada.

Sumisa.

Entregada.

Guardaba en su piel,

enhebrados en la sombra,

cada uno de los gemidos

que en mi nombre

tu voz exhalaba.

 

Desnudo de Amadeo Modigliani

Amor y pasión

Amor y pasión  

 

Hay noches que sólo se maldicen cuando el alba las deshace.

 

El deseo crece con el sabor a mar enredado en tu pubis y en mi boca.

Oscuras aureolas sostienen erectos y calidos pezones

que se dejan seducir por mis abandonadas manos jugando entre tus senos.

Mis labios buscan en tu piel un sendero de luz y de susurros.

El rumor de tus caderas crece con la noche,

desbocado caballo en el salvaje galope de tu cuerpo.

Tus gemidos se asientan en el cuarto como un eco

que ahuyenta los miedos y las sombras.

 

Mientras sueño contigo, las sábanas se derraman en un ovillo

cubriendo el amanecer mi sudor y tu recuerdo.

 

Reproducción de un cuadro de Amadeo Modigliani : Desnudo recostado.

Llega el otoño

 

 

Desisto del verano,

él se ha hundido entre los pliegues de mis sueños

y todo lo que mis manos acarician

guardan el sabor húmedo del otoño.

 

Camino por el parque.

Resuena entre la grava el eco de mi soledad.

El viento se adhiere a mi cuerpo,

trae un sabor preciso a lluvia

y a las primeras hojas que abandonan el placer de la vida.

No tengo más palabras para identificar tu ausencia,

la puerta guarda encendida la luz que tu adiós no supo apagar.

 

Hay olor a multitud entre los divanes de los cines

y allí, desearía esconderme entre las sombras ocres de los demás,

en el oscuro señuelo de cuadros azules y rojos.

Tenderme en lo profundo,

lejos de este parque temático de los recuerdos.

 

Llega el otoño y tú no estás,

como otras veces no has estado,

pero ahora me parece sentir

que el viento se lleva mis palabras y las tuyas

e inunda de olvido y silencio la casa que habito.

Todos los murmullos

Todos los murmullos

 

 

Todos los murmullos de la noche

te dejo junto a la almohada,

esos que apenas se perciben,

los que engendran rincones de viajes olvidados

y relámpagos en el cielo de los sueños.

Ese rumor de mi cuerpo

cuando dibujabas con los dedos en él

una pregunta de oscuro deseo,

o renovabas el sudor de mi castigo

dejándome a la sombra de la pasión.

 

Y sentirás el alivio de tus dedos

recreando el frenesí de tu soledad,

pero de mi sólo te quedará la fragancia,

la marca inerte

que mi piel abandono en tu cama.

Noches de hotel

Noches de hotel

 

 

Hay noches que guardan la simiente del deseo.

En sus aledaños cruzan las palabras como susurros

y la piel se eriza, expectante y deseosa

ante el cosquilleo de la sangre

y el sabor arenoso de la boca.

Todo se transforma. El cuerpo es agua recogida

entre las manos ardientes del amante

y la humedad de los labios dibuja interrogantes

que en la mañana apenas podrá recordar.

En la habitación del hotel, los muebles silenciosos

son los arrabales donde respirar

y alargar en el humo de un cigarrillo

la penumbra en que la noche habita.

Ella duerme y tú, tranquilo, recoges,

admirando su cuerpo desnudo,

los últimos vestigios de la pasión.

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Los silencios

Siempre nos redimen los silencios.

Por cada uno que saboreamos

con el gusto áureo que deja la consciencia,

una luz se desgarra,

allí, entre los ojos,

bordeando la retina,

pendiente del resplandor

de la otra mirada.


Lastima saber tanto de silencios.

Estar solo

No sé cuantas veces hemos de desnudar el fracaso.

La aparente derrota ante lo cotidiano

reabre las compuertas de la niebla.

Es posible que todo tenga que ver

con la imprescindible necesidad de respirar

el aroma a bosque de tu pelo

en la madrugada de cualquier día,

cuando dormida junto a mi,

llenas con su fragancia la alcoba,

mientras yo sostengo,

en el desierto de las horas,

todas las fuentes del amanecer.


Pero tú no estás.


Estoy solo en este final de verano.


Algo me dice que la sensación de soledad atrae la lluvia,

y nada de lo que me vaya conduciendo al mediodía

dejará de tener el sabor provisional

que tienen las cosas cuando tú te has ido.
     

A veces los poemas vienen por caminos trazados por otros…este va dedicado a Javier López Clemente.


Despierta

 

 

Despierta la tormenta los jazmines

y me traen la fragancia de un recuerdo.

El olvido sólo se llevo su nombre

pero el olor de su cuerpo

siempre me espera tras la lluvia.

Acuarela

 

 

Desayuno en el fulgor de la casualidad.

Se abren las ventanas y entra el deshielo de la mañana

trayendo a racimos el néctar de un olvido,

un guarismo más del tiempo,

un poco de esa noche en que nada nos despierta

salvo el aroma de la felicidad.

Carraspea el viento y me nombra,

tiene la intención de recuperar todo lo que le robe ayer,

el verde resplandor de las últimas hojas del verano

y el dorado amaranto en que se consumió el  crepúsculo

que rodeaba tu cuerpo.

Nada es imprescindible para mis ojos.

Nada es necesario para mi boca,

-aunque sentir el sabor de tu piel

mientras te recorro con mis labios sea algo especial-.

Pero no puedo devolver,

ni siquiera al rey de los vientos,

el fundamento que desharía mi acuarela

en la que tú fuiste la figura que centró la noche.

Cuando la piel se sujeta al verbo

Cuando la piel se sujeta al verbo,

odia el ritmo claudicado de las matemáticas.

Tampoco solemos resguardarnos del vaho de los vértigos

porque al cerrar los ojos nada es lo que es,

sólo un largo sueño de horizontes rojos.

Por eso, nos deshacemos en ríos de agua

y vertemos las emociones en círculos de silencio,

para que ninguno de los dos repare

en que tú y yo hemos terminado.



   Poema con el aroma de los versos de Sonia

Sigo esperando

 

 

Sigo esperando el alivio de tus manos.

No hay nada más en la tarde

que esta espera extraña de tus brazos,

sólo intervalos cruzados de renqueantes palabras

y un sinfín de obligados silencios.

La soledad redime los sueños.

Te has dejado abierta la ventana,

por ella se oyen los gritos de la calle

y los pájaros pendientes de la noche.

Sin embargo, es lo único que me trae el color vestido por el viento

y el recuerdo de un verano que se aleja.

Cuando vuelvas,

aunque todo el otoño será una incesante lluvia de hojas muertas

que ni tú ni yo nos podremos permitir,

vendrás a mí y nos dejaremos vencer por el deseo

y entonces no habrá ya juegos de corazones rotos,

ni siquiera las frías cervezas del verano

podrán llorar por la esperanza, envueltas en los versos.

La risa de tu boca saciará la sed,

como siempre lo ha hecho.

Tu cuerpo desnudo seguirá recreando mis viajes

y en el sexo encontraremos las canciones,

todas las canciones que nos ha robado el tiempo,

porque la noche durará en nuestro cuarto

tantas horas que, cerrado el universo,

todavía seguiremos esperando

un nuevo capitulo para nuestro último viaje a la luna.

Cuatrocientas palabras

 

Cuatrocientas palabras.

Cuatrocientos golpes

en un sobre que dejaste con mi nombre.

En tu carta un sólo mensaje:

nunca pudiste soportar las despedidas.

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Cosas sin importancia

 

 

De las cosas sin importancia que nos rodea

y a las que apenas reservamos un segundo,

un aliento para reflexionar sobre ellas

o sentir su suave deslizamiento hacía la nada,

debemos rescatar la sutil embriaguez del relámpago,

el regalo que en un instante nos da la vida.

 

Recoger los todavía

 

 

Podemos darle al tiempo su carnaza:

todo lo que el sabor de nuestra boca apreció como suyo,

y dejarle en la puerta, adormecido,

reuniendo nuestros pedazos

en un puzzle de nostalgias y de olvidos.

Después, salir a la luz, recoger los todavía de la vida,

y renacer de nuevo con un ramillete de recuerdos.

Su fragancia nos traerá

para los momentos que el silencio nos demande

algo por lo que merezca la pena respirar.

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