Entrega las mañanas
el placer desnudo del silencio,
mientras los dos apenas rehechos
tenemos cada uno un mundo aparte,
un lugar donde hemos depositado
todas las pequeñas mezquindades
y un reguero de deshilados reproches.
Así y en pijama todavía
los muros derrumbados
nos dejan mirarnos
como si una lluvia
de ardiente sinceridad
nos hubiera empapado
en la noche de autos.